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REINA ROJA- · PDF file 3 Aria Créditos MODERADORA Aria RECOPILACIÓN y REVISIÓN Sttefanye & Aria DISEÑO Aria TRADUCTORAS Abby Galines Agus901 Akanet Any....

Jul 23, 2020

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    Créditos MODERADORA

    Aria

    RECOPILACIÓN y REVISIÓN Sttefanye & Aria

    DISEÑO Aria

    TRADUCTORAS

    Abby Galines

    Agus901

    Akanet

    Any Diaz

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    PepitaCPollo

  • 4

    Índice

    Sinopsis Capítulo 16

    Capítulo 1 Capítulo 17

    Capítulo 2 Capítulo 18

    Capítulo 3 Capítulo 19

    Capítulo 4 Capítulo 20

    Capítulo 5 Capítulo 21

    Capítulo 6 Capítulo 22

    Capítulo 7 Capítulo 23

    Capítulo 8 Capítulo 24

    Capítulo 9 Capítulo 25

    Capítulo 10 Capítulo 26

    Capítulo 11 Capítulo 27

    Capítulo 12 Capítulo 28

    Capítulo 13 Epílogo

    Capítulo 14 Sobre la autora

    Capítulo 15

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    Sinopsis

    raceling se encuentra con La Selección en la arrolladora historia de la escritora debutante Victoria Aveyard sobre Mare de diecisiete años, una chica común cuyo una vez latente poder mágico la lleva a las

    peligrosas intrigas del palacio del rey. ¿Su poder la salvará o la condenará?

    El mundo de Mare Barrow está dividido por la sangre; aquellos con la común sangre Roja, sirven a la élite de sangre Plata, dotados con habilidades sobrehumanas. Mare es una Roja, que malvive como una ladrona en una pobre aldea rural, hasta que

    un giro del destino le lanza frente a la corte de Plata. Ante el rey, los príncipes y todos los nobles, descubre que tiene su propia habilidad.

    Para cubrir esta imposibilidad, el rey la fuerza a jugar el papel de una princesa de Plata perdida y la desposa a uno de sus propios hijos. Mientras Mare se ve metida más y más en el mundo de los Plateados, lo arriesga todo y usa su nueva posición para

    ayudar a la Guardia Escarlata —una creciente rebelión Roja— incluso mientras su corazón le tira hacia una dirección imposible. Un movimiento erróneo puede

    conducirle a la muerte, pero en el peligroso juego en el que participa, la única certeza es la traición.

    G

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    1

    dio el Primer Viernes. Hace que la aldea se llene de personas y

    ahora, en el calor del pleno verano, esa es la última cosa que alguien quiere. Desde mi lugar en la sombra, no es tan mal, pero

    el hedor de los cuerpos, todos sudados por el trabajo de la

    mañana, es suficiente para hacer que la leche se corte. El aire brilla con calor y

    humedad, e incluso los charcos de la tormenta de ayer están calientes, girando con rayos de arcoíris de aceite y grasa.

    El mercado se desinfla, con todos cerrando sus puestos por el día. Los

    comerciantes están distraídos, descuidados, y es fácil para mí tomar lo que sea que quiera de sus mercancías. Para el momento en que he terminado, mis bolsillos resaltan con baratijas y he tomado una manzana para el camino. Nada mal para unos pocos

    minutos de trabajo. Mientras el montón de gente se mueve, me dejo llevar por la corriente humana. Mis manos se mueven rápidamente entrando y saliendo, siempre en

    toque fugaces. Algunos billetes del bolsillo de un hombre, un brazalete de la muñeca de una mujer, nada demasiado grande. Los aldeanos están demasiado ocupados

    moviéndose alrededor para notar a una carterista en medio de ellos.

    Los altos edificios con pilares por los cuales la ciudad está nombrada —Los Pilares, muy original— se elevan todos a nuestro alrededor, tres metros arriba del enlodado terreno. En la primavera la orilla más baja queda bajo el agua, pero ahora es

    agosto, cuando la sequía y la insolación acechan la aldea. Casi todos esperan por el primer viernes de cada mes, cuando el trabajo y la escuela terminan temprano. Pero yo

    no. No, preferiría mejor estar en la escuela, aprendiendo nada en una clase llena de niños.

    No que estaría en la escuela mucho más. Mi cumpleaños número dieciocho se acerca y con eso, el reclutamiento. No soy aprendiz. No tengo un trabajo, así que seré enviada a la guerra como todos los otros holgazanes. No es de sorprender que no haya

    trabajo, con cada hombre, mujer y niño tratando de evitar el ejército.

    Mis hermanos fueron a la guerra cuando cumplieron dieciocho, enviados a pelear contra los Lakelanders. Solo Shade puede raramente escribir, y me envía cartas cuando

    puede. No he oído de mis otros hermanos, Bree y Tramy, por más de un año. Pero no tener noticias significaba buenas noticas. Las familias podían pasar años sin saber nada, solo para encontrar a sus hijos e hijas esperando en el umbral de su puerta, con

    permiso de irse a casa o algunas veces felizmente dado de baja. Pero generalmente recibes una carta hecha con papel duro, sellada con el sello de la corona del rey debajo

    de un pequeño agradecimiento por la vida de tu hijo. Tal vez incluso recibas algunos botones de sus uniformes rasgados y destruidos.

    O

  • 7

    Tenía trece cuando Bree se fue. Me besó en la mejilla y me dio un solo par de pendientes para compartir con mi hermanita, Gisa. Eran abalorios de piedra colgando, del difuminado color rosa del atardecer. Perforamos nuestras orejas esa noche. Tramy

    y Shade mantuvieron la tradición cuando se fueron. Ahora Gisa y yo teníamos en cada oreja un juego con tres pequeñas piedras que nos recordaban a nuestros hermanos

    luchando en algún lugar. Realmente no creía que tuvieran que irse, no hasta que el legionario con su armadura pulida apareció y se los llevó uno detrás del otro. Y este otoño, vendrían por mí. Ya había empezado a ahorrar y robar, para comprarle a Gisa

    unos aretes cuando me fuera.

    No pienses en eso. Eso es lo que mamá siempre dice, sobre el ejército, sobre mis

    hermanos, sobre todo. Buen consejo, mamá.

    Calle abajo, en el cruce de los caminos Mill y Marcher, la multitud crecía y más

    aldeanos se unían a la corriente. Una pandilla de niños, pequeños ladrones en entrenamiento, ondeaban a través de la refriega con dedos pegajosos y minuciosos.

    Son muy pequeños para ser buenos en esto, y los oficiales de Seguridad son rápidos para intervenir. Normalmente los niños serían enviados al ganadero, o a la cárcel en el

    puesto avanzado, pero los oficiales querían ver el Primer Viernes. Lo resolvieron dándoles a los cabecillas algunos golpes fuertes antes de dejarlos ir. Pequeños

    mercenarios.

    La más pequeña presión en mi muñeca me hace girar, actuando por instinto. Agarro la mano suficientemente tonta para robarme, apretándola tan fuerte que el

    pequeño granuja no será capaz de escapar. Pero en lugar de un niño flacucho, me encuentro mirando un sonriente rostro.

    Kilorn Warren.

    Un aprendiz de pescador, huérfano de guerra y probablemente mi único amigo real. Solíamos golpearnos el uno al otro cuando éramos niños, pero ahora que éramos más grandes, y que él era treinta centímetros más alto, trataba de evitar altercados. Él

    tenía sus usos, supongo. Alcanzar las repisas altas, por ejemplo.

    —Te estás volviendo más rápida. —Se ríe, sacudiéndose de mi agarre.

    —O tú te estás volviendo más lento.

    Pone los ojos y arrebata la manzana de mi mano.

    —¿Estás esperando a Gisa? —pregunta, dándole una mordida a la fruta.

    —Tiene un pase por el día. Trabajando.

    —Entonces sigamos moviéndonos. No quiero perderme el espectáculo.

    —Y qué tragedia sería eso.

    —Tsk, tsk, Mare —se burla, sacudiéndome un dedo—. Se supone que esto sea divertido.

    —Se supone que sea una advertencia, tonto.

    Pero él ya está caminando con sus largas zancadas, obligándome a casi trotar para alcanzarlo. Su paso ondea sin equilibro. Piernas de mar, las llama él, aunque no ha

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    estado en el lejano mar. Supongo que largas horas en el bote pesquero de su capitán,

    incluso en el río, están teniendo algún efecto.

    Al igual que mi papá, el padre de Kilorn fue enviado a la guerra, pero a diferencia del mío que regresó con una pierna y un pulmón menos, el lord Warren

    regresó en una caja de zapatos. La madre de Kilorn huyó después de eso, dejando a su joven hijo valerse por sí mismo. Casi se murió de hambre pero de alguna manera

    siguió metiéndose en peleas conmigo. Lo alimentaba así no tendría que patear un saco de huesos, y ahora, diez años después, aquí está él. Al menos es aprendiz y no

    enfrentará la guerra.

    Llegamos al pie de la colina, donde la multitud es más densa, empujando y dando codazos por todos lados. La asistencia al Primer Viernes es obligatoria, al menos que seas, como mi hermana, un “trabajador esencial”. Como si tejer seda sea

    esencial. Pero los Plateados aman su seda, ¿o no? Incluso los oficiales de Seguridad, unos pocos de todos modos, pueden ser sobornados con algunas piezas cosidas por mi

    hermana. No

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