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EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO · Lee, pues, el librito que te presentamos, lector, y medítalo. Y que esta meditación te haga recitar ... ca, de la que cada capítulo

Jul 20, 2018

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  • EL SECRETO ADMIRABLE

    DEL

    SANTSIMO ROSARIO

  • LICENCIA DE LA ORDEN

    IMPRIMI POTEST

    Thomas Fernndez, S.J.

    Praep. Prov. Legionensis

    LICENCIA ECLESISTICA

    NIHIL OBSTAT

    EL CENSOR,Lic. Fortin Sol Moreta Pbro.

    Barcelona, 17 de junio de 1929

    IMPRMASE

    JOS, Obispo de Barcelona

    Por mandato de su Excia. Itma.

    Dr. Francisco M. Ortega de la Lorena

    Canc. Scrio

  • EL SECRETO ADMIRABLE

    DEL

    SANTSIMO ROSARIO

    POR

    SAN LUIS MARA GRIGNIONDE MONTFORT

    TRADUCIDO DEL FRANCS

    POR DON ILDEFONSO NORIEGA

    Y DON MATAS JOVE

    REVISADO I ANOTADO

    POR EL PADRE NAZARIO PREZ, S.J.

    SOCIEDAD GRIGNION DE MONTFORT C/. Jonqueres n18, 8 CTelf. y Fax 93 318 08 29 08003 - Barcelona (Espaa) EMAIL: sgm@sgmontfort.org

    www.sgmontfort.org

    FUNDACIN MONTFORT

  • ISBN: 978-84-9825-381-8Depsito legal B-39.271-2008Imprime: ndice, S.L.,Fluvi, 81 08019 Barcelona

    COMBEL EDITORIAL - 2008

  • PRESENTACIN DE ESTA EDICIN

    Los escritos de San Luis M. Grignion deMontfort no necesitan presentacin ni recomen -dacin alguna. Pero el tema de este libro s que loprecisa, por desgracia. Se ha pretendido tantodesacreditar, ridiculizar y desterrar de la piedadpopular el rezo del Santo Rosario!

    Y, sin embargo, en Lourdes, en Ftima, enBeauraing y en Banneux por no mencionar msque apariciones aprobadas por la Iglesia laVirgen se aparece con el rosario en las manos yrecomienda, exhorta y hasta pide que se le obse -quie con esta prctica de devocin. Qu tendr,pues, el Rosario que tanto agrada a la VirgenSantsima? A un buen hijo le habra de bastarconocer el deseo de su madre para que se esforza -ra en complacerla. Pero adems son los mismosPapas los que nos recomiendan encarecidamenteesta devocin. Baste recordar a Len XIII con susencclicas anuales sobre este tema, a Po XII quecasi repiti lo mismo, Juan XXIII (que afirmabaque desde pequeo haba rezado cada da elRosario entero), Pablo VI, y el actual Pontfice queva siempre con el rosario en la mano.

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  • Y es que el Rosario no es ms que una snte -sis de la Historia de la Salvacin en todos aque llosmisterios en que Mara est al lado de Jess parti-cipando viva y eficazmente en la salvacin de loshombres. Y con el recuerdo de estos mis terios lainvocamos con las palabras del ngel en laAnunciacin-Encarnacin y le suplicamos reitera-damente nos proteja durante toda la vida y enespecial a la hora de la muerte. Nos asocia mos ala Esclavita del Seor y la acompaa mos hastaque la veamos en la gloria para que con Jess nosponga la corona que hayamos merecido. No esmaravilloso recorrer todos los das, en compaade la Madre del Redentor, el camino de nuestra sal-vacin!

    Lee, pues, el librito que te presentamos, lector,y medtalo. Y que esta meditacin te haga reci tarcon devocin, gozo y fruto todos los das de tuvida esta oracin tan del agrado de ti y de miMadre celestial.

    P. Francisco de P. Sol, S. J. Director de la Sociedad Grignion de Montfort

    Barcelona, 11 de febrero de 1982, festividad de Nuestra Seora de Lourdes

    Nota: En esa nueva edicin de SEPTIEMBRE 2008, hemos queri-do conservar la misma presentacin.

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  • PRLOGO

    Tuvo el Santo Montfort el propsito depublicar este opsculo, o al menos deseaba quellegara a salir a la luz pblica, en la pri mera opor-tunidad? No cabe dudar de ello, al leer lo queviene a ser el prefacio de su libro, las tres rosas,puestas aparte, que ofrece a los sacerdotes, a lospecadores y a las almas devo tas, y el capullo derosa que reserva para los benjamines de la fami-lia de Cristo: los nios.

    En la primera dice: Ministros del Alt simo...,permitidme presentaros la rosa blanca de estelibro, para poner en vuestro corazn y vuestraboca las verdades que expongo con sencillez... Siyo creyera que la experiencia que Dios me hadado de la eficacia de la pre dicacin del SantoRosario para la conver sin de las almas pudieradecidiros a predi carlo..., yo os dira las conversio-nes maravi llosas que he logrado mediante supredica cin; pero me contento con presentarosen este opsculo algunos ejemplos antiguos biencomprobados. nicamente he intercalado envuestro obsequio algunas citas latinas de bue nosautores que demuestran lo que explico al puebloen francs.

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  • Por qu entonces no se ha publicado el librohasta ahora? Contestaremos ante todo, y es unarazn grave para personas de fe, que la hora deDios no haba llegado.

    Ocurre con los libros de los santos, como conlos santos mismos, que aparecen en el tiempopreciso, sealado por la Providencia para realizarun gran bien. El Santo Montfort estaba predesti-nado a combatir el jansenismo al comenzar elsiglo XVIII. Su Tratado de la Verdadera Devocin ala Santsima Virgen, hallado en la mitad del sigloXIX, deba contri buir a robustecer el movimientoque impele a las almas a Mara y favorecer el res-peto y la confianza hacia tan buena Madre.

    Hoy toca el turno a El Secreto Admirable delSantsimo Rosario, porque la lucha entre laInmaculada y Satans, y entre las razas de la unay del otro, es ms enconada que nunca y va a serms terrible todava, por lo cual es preciso quenosotros, los fieles soldados de Mara, empue-mos el arma que ha de darnos la victoria, es decir,el Santo Rosario.

    Y quin nos predicar el Rosario mejor queMontfort, que fue y es todava, en expresin de laIglesia, el Predicador excelente? Durante losaos de su vida apostlica lo implant en todas lasparroquias en que dio misiones. Sus ejemplos, susescritos, sus mismas imgenes, nos excitaban ya aamar y practicar una devocin que l estimabasobremanera. El Santo Montfort apareci siemprea los ojos de todos como el apstol del Rosario.

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  • Y ahora es preciso, por las circunstancias queatravesamos, que predique por medio de su librotan amada devocin.

    Montfort con su voz recia y elocuente, cla -mar a los cristianos de nuestros das: A lasarmas! Tomad con una mano la Cruz y elRosario con la otra y combatid con valor por lams noble de las causas: por el honor de Dios y lagloria de su Madre!

    Dcese que Len XIII, impresionado por lavida y los escritos de Montfort, cuya beatifica cinpreparaba, se sinti vehementemente movido arecomendar a la cristiandad el rezo del Rosario.Efecto anlogo ocurrir a los que lean con fe estelibro. El Santo Montfort les har saborear sudevocin predilecta y les ins pirar el abrazarlacon amor.

    Fuera del motivo sobrenatural apuntado,contribuy a retardar la impresin del SecretoAdmirable el hecho de que el Santo, al compo -nerlo aprovechara extensamente la obra deldominico Antonino Thomas, impresa en Reims elao 1698, bajo el ttulo de Rosal ms tico de laSantsima Virgen, o Santo Rosario ideado porSanto Domingo; porque no sola mente tom lasideas, sino que reprodujo lite ralmente numerosospasajes de la misma obra. De ah que se dudara siconvena editar, al amparo del nombre del SantoMontfort, un trabajo que era debido en parte aotro. Sin embargo, despus de larga reflexin,nos hemos decidido a ello. Por qu? Porque el

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  • libro que ofrecemos al pblico es en realidad untrabajo personal de Montfort. El Santo autorescogi de la obra del dominico los pasa jes quecrea ms a propsito para hacer bien y los orde-n ms armnicamente. Su libro presenta unaspecto sugestivo y original: es una corona msti-ca, de la que cada captulo es una rosa. El lectorpuede as ornar con cincuenta y tres rosas mara-villosas la frente de su Soberana.

    Montfort ha sacado de una obra un pocofarragosa y abultada un compendio suelto y con-ciso, sembrado de reflexiones prcticas, enrique-cido con captulos enteramente nuevos del BeatoAlano de la Roche, etc.

    Finalmente, una razn de peso es que, gra ciasa la influencia de Montfort, las ideas adop tadaspor l y recibidas del dominico Antonino Thomasvan a tener un tan glorioso destino como segura-mente no habra soado su autor. Bajo el nombreamado y conocido de Montfort, cundirn esasideas por el mundo entero para alimentar la pie-dad mariana de innumerables multitudes. Si seeditara El Rosal Mstico, la obscuridad de suautor le proporcionara un xito dudoso, mien-tras que, sin la menor vacilacin, predecimos alSecreto Admirable del Santo Rosario un xito cier-to y brillante.

    Si una persona cualquiera pretendiese hacerun compendio del Rosal mstico, un opsculoms sencillo y adecuado para la generalidad delos fieles, nadie tendra reparo que oponer a ello.

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  • Por el contrario, se alabara el proyecto y se daran gracias al autor. Pues bien, es un santo elque se ha impuesto ese sacrificio y ha tomado esetrabajo, y por lo tanto hemos de aplaudir su ini-ciativa. Publicar su Secreto es participar de susmiras. Al examinar el manus crito original, hechocon letra segura y esme rada, se ve que est con-feccionado con amore. El amor guiaba la plumadel Santo, el amor a su querida Madre del cielo,que l ansiaba honrar, y el amor a sus hermanos,que aspira a conquistar para su devocin favori-ta. Piensa esto, lector, al recorrer estas pginas.Pide al Santo que transfunda a tu alma lossentimien tos que animaban la suya. Dile que teayude a saludar a Mara con el ngel Gabriel y aatra er, por esa splica, sobre la tierra, la graciaque te santifique y quebrante la cabeza de la ser -piente infernal.

    Por el avemara el pecado se destruir, Por el avemara toda gracia nos vendr.

    San Lorenzo del Sevre, 1. de octubre de1911, fiesta del Santo Rosario

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  • PRLOGO

    DE LA EDICIN CASTELLANA

    Por primera vez sale a luz en nuestra lenguaEl Secreto Admirable del Santsimo Rosario, cono-cido en Francia desde 1911 y hasta enton cesindito. Desde que por primera vez lo le mos,fluctubamos entre el deseo de traducir lo paraprovecho de las almas y el temor de que no fueratan bien recibido como los otros escritos de nues-tro Santo, y pudiera menosca bar algo su famaentre los ya prevenidos con tra el nombre deMontfort, sobre todo si se precian de crticos. Elcelo de dos fervorosos esclavos de Mara y queri-dos amigos nuestros ha vencido nuestra indeci-sin: ellos han tra ducido con exactitud y correc-cin la obrita; y nosotros lo hemos revisado concario; y le hemos aadido unas pocas notas quetal vez basten para explicar algn punto o satisfa-cer a algn reparo de crtica histrica.

    Claro est que en cuanto a la doctrina teol -gica y asctica ningn reparo se ofrece: es msllana y ms escasa que en otros libros del Santo yfue aprobada como todos sus escritos para el pro-ceso de beatificacin. Mas s se ofrecern algunas

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  • dificultades en los hechos histricos, o ejemplos,que llenan gran parte de la obra. Pues, aunquenuestro escritor era por carcter y por virtudgrande enemigo de toda falsedad y condena confrase irnica en el Tratado de la VerdaderaDevocin a los devotos presuntuosos, a los queapoyan su presuncin en historias verdaderas ofalsas, que para ellos es lo mismo, fise en estelibrito de la autoridad del Beato Alano de laRoche, bas tante acreditado entonces, pero muydiscutido despus.

    No slo los Padres Bolandos, sino tambinescritores de la misma orden de Santo Domingo,como el Padre Echard, desconfia ban no poco delas revelaciones de este piado so autor, tenindolaspor invenciones o algo semejante a parbolas. Sedudaba hasta de que el culto del Beato Alano estu-viera recono cido por la Iglesia. Hoy, sin embargo,el erudi to Padre Getino, tan conocedor de la his-toria de su esclarecida Orden, no duda en llamarBeato a Alano de la Roche; y reconoce que comomstico, como hombre de revelaciones acredita-das en una vida ejemplar, mereci cr dito demuchos; si bien aade que no puede tener paranosotros asentimiento ciego e incondicional, yaque en los estados msti cos es fcil la ilacin y semezclan fcilmente con las comunicaciones divi-nas los prejuicios humanos y las maneras deexpresin hiperb licas1

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    1. Fue Santo Domingo fundador del Rosario? CienciaTomista, T. XXIV.

  • Sirva, pues, de norma este prudente juiciopara saber a qu atenerse respecto a los ejem plosque el Santo Montfort aduce en este libro, tomn-dolos del Padre Thomas, que a su vez los copiadel Beato Alano.

    En todo caso, la doctrina que de ellos dedu ceel Santo Montfort es muy slida. Si alguno nocree prudente admitir estos hechos como histo-rias, tmelos como parbolas.

    Prevenido el lector acerca de este punto, deimportancia secundaria para el fin de la obri ta,creemos que la leer con mucho gusto, edi -ficacin y provecho. Si no hay en ella ideas tannuevas y sublimes como en el Tratado de laVerdadera Devocin, el Secreto de Mara o el Amorde la Divina Sabidura y en la Carta a los Amigosde la Cruz; hay novedad en el modo de exponerasunto tan conocido como las exce lencias delRosario, y elocuencia popular y llena de uncin,que delata al fervoroso misio nero, siempre abra-sado en el amor de Nuestra Seora y en perpetualucha con los jansenistas y protestantes.

    Haga el Santo Apstol de Mara que en sulibro aprendamos a manejar esta arma exce lentedel Santsimo Rosario, en que tanto con fa laIglesia para triunfar de sus enemigos.

    Carrin, fiesta de Nuestra Seora de Lour des,1928

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  • ROSA BLANCA

    A LOS SACERDOTES

    1. Ministros del Altsimo, predicadores de laverdad, clarines del Evangelio, permitidme que ospresente la rosa blanca de este librito para intro-ducir en vuestro corazn y en vues tra boca las ver-dades que en l se exponen sencillamente y sinaparato. En vuestro cora zn, para que voso trosmismos emprendis la prctica santa del Rosarioy gustis sus frutos. En vuestra boca para que pre-diquis a los dems la excelencia de esta santaprctica y los convirtis por este medio. Guardaos,si no lo llevis a mal, de mirar esta prctica comoinsignificante y de escasas consecuencias, comohace el vulgo y aun muchos sabios orgu llosos; esverdaderamente grande, sublime, divina. El cieloes quien os la ha dado para convertir a los pecado-res ms endurecidos y los herejes ms obstinados.Dios ha vinculado a ella la gracia en esta vida y lagloria en la otra. Los santos la han ejercitado y losSoberanos Pontfices la han autorizado.

    Oh, cun feliz es el sacerdote y director dealmas a quien el Espritu Santo ha revelado estesecreto, desconocido de la mayor parte de loshombres o slo conocido superficialmente! Silogra su conocimiento prctico, lo recitar todoslos das y lo har recitar a los otros. Dios y suSantsima Madre derramarn copiosa mente la

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  • gracia en su alma para que sea ins trumento de sugloria; y producir ms fruto con su palabra, aun-que sencilla, en un mes que los dems predicado-res en muchos aos.

    2. No nos contentemos, pues, mis queridoscompaeros, en aconsejarlo a los dems: es nece-sario que lo practiquemos. Bien podremos estarconvencidos de la excelencia del Santo Rosario,mas si no lo practicamos, poco empe o se toma-r quien nos oiga en cumplir lo que aconsejamos,porque nadie da lo que no tiene Caoepit Jessfacere et docere. Imitemos a Jesucristo, quecomenz por hacer aquello que enseaba.Imitemos al Apstol, que no conoca ni predicabams que a Jesucristo crucificado: y eso es lo queharis al predicar el Santo Rosario, que, segnms abajo veris, no es slo un compuesto depadrenuestros y avemaras, sino un divino com-pendio de los misterios de la vida, pasin, muer-te y gloria de Jess y de Mara. Si creyera yo quela experiencia que Dios me ha dado de la eficaciade la predicacin del Santo Rosario para conver-tir a las almas os pudiera determinar a predicar-lo, a pesar de la moda contraria de los predicado-res, os dira las conversiones maravillosas que hevisto venir con la predicacin del Santo Rosario;pero me contentar con relatar en este compen-dio algu nas historias antiguas y bien probadas. Ysola mente en servicio vuestro he insertado tam-bin algunos textos latinos de buenos autores queprueban lo que explico al pueblo en francs.

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  • ROSA ENCARNADA

    A LOS PECADORES

    3. A vosotros, pobres pecadores y pecado -ras, un pecador mayor todava os ofrece estarosa enrojecida con la Sangre de Jesucristo,para haceros florecer y para salvaros. Los imp-os y los pecadores impenientes claman todos losdas: Coronmonos de rosas. Coronmonosde rosas, cantemos tambin nosotros, coron-monos con las rosas del Santo Rosario. Ah, qudiferentes son sus rosas de las nuestras! Son lasrosas de ellos sus placeres carnales, sus vanoshonores y sus riquezas perecederas, que muypronto se marchitarn y perecern; mas lasnuestras (nuestros padre nuestros y avemarasbien dichos, junto con nuestras obras de peni-tencia) no se marchita rn ni pasarn jams y suresplandor brillar de aqu a cien mil aoscomo al presente; las pretendidas rosas de ellosno tienen sino la apariencia de tales, en realidadno son otra cosa que espinas punzantes durantela vida por los remordimientos de conciencia,que los atormentarn en la hora de la muerte(con el arrepentimiento) y los quemarn duran-te toda la eternidad, por la rabia y la desespera-cin. Si nuestras rosas tienen espinas, son espi-nas de Jesucristo que l convierte en rosas. Sipunzan nuestras espinas, es slo por algn

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  • tiempo; no punzan sino para curarnos del peca-do y salvarnos.

    4. Coronmonos a porfa de estas rosas delparaso recitando diariamente el Rosario; es decirtres rosarios de cinco decenas cada uno o tresramos de flores o coronas: 1. para hon rar las trescoronas de Jess y de Mara, la corona de graciade Jess en su encarnacin, su corona de espinasen su pasin y su corona de gloria en el cielo, y latriple corona que Mara recibi en el cielo de laSantsima Trinidad; 2. para recibir de Jess y deMara tres coronas, la primera de mrito durantela vida, la segunda de paz a la hora de la muerte, yla tercera de gloria en el paraso. Si sois fieles enrezarle devotamente hasta la muerte, a pesar de laenormidad de vuestros pecados, creedme, recibi-ris una corona de gloria que no se marchitarjams. Aun cuando os hallaseis en el borde delabismo, o tuvieseis ya un pie en el infierno; aun-que hubieseis vendido vuestra alma al diablo, auncuando fueseis unos here jes endurecidos y obsti-nados como demonios, tarde o temprano os con-vertiris y os salvaris, con tal que (lo repito ynotad las palabras y los trminos de mi consejo)recis devotamente todos los das el Santo Rosariohasta la muer te, para conocer la verdad y obtenerla contri cin y el perdn de vuestros pecados.

    Ya veris en esta obra muchas historias degrandes pecadores convertidos por virtud delSanto Rosario. Leedlas para meditarlas.

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  • ROSAL MSTICO

    A LAS ALMAS DEVOTAS

    5. No llevaris a mal, almas devotas, alum -bradas por el Espritu Santo, que os d un peque-o rosal mstico, bajado del cielo para ser planta-do en el jardn de vuestra alma: en nada perjudi-car las flores odorferas de vuestra con -templacin. Es muy oloroso y enteramente divi -no, no destruir en lo ms mnimo el orden devuestro jardn; es muy puro, bien ordenado y loconduce todo al orden y a la pureza; crece hastauna altura tan prodigiosa, adquiere una tan vastaextensin, si se le riega y cultiva como convienetodos los das, que no slo no estorba, antes con-serva y perfecciona todas las restantes devocio-nes. Vosotros que sois espirituales me compren-dis bien; este rosal es Jess y Mara en la vida, enla muerte y en la eternidad.

    6. Las hojas verdes de este rosal mstico re -presentan los misterios y gozos de Jess y deMara; las espinas, los dolorosos; y las flores, losgloriosos; los capullos son la infancia de Jess yde Mara; las rosas entreabiertas representan aJess y a Mara en los sufrimientos; las abiertasdel todo muestran a Jess y a Mara en su glo riay en su triunfo. La rosa alegra con su her mosura:Ved aqu a Jess y Mara en sus miste rios gozo-sos; pica con sus espinas: ved aqu a Jess y

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  • Mara en sus misterios dolorosos; rego cija con lasuavidad de su aroma: vedlos, en fin, en sus mis-terios gloriosos. No desprecies, pues, mi plantaexcelente y divina: plantadla en vues tra alma,adoptando la resolucin de rezar el Rosario.Cultivadla y regadla rezando fielmente todos losdas y haciendo buenas obras y veris cmo estegrano que pareca tan pequeo llega r a ser conel tiempo un rbol grande, donde las almas pre-destinadas y elevadas a la contem placin harnsus nidos y morada para guar darse a la sombrade sus hojas de los ardores del sol, para preservar-se en su altura de las bestias feroces de la tierra ypara ser, en fin, delicada mente alimentadas consu fruto, que no es otro que el adorable Jess, aquien sea honor y glo ria por los siglos de lossiglos. Amn. Dios solo.

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  • CAPULLO DE ROSA

    A LOS NIOS

    7. A vosotros, amiguitos mos, os ofrezco unhermoso capullo de rosa; es el granito de vues trorosario, que os parecer tan insignificante. Masoh, qu precioso es ese granito! Qu admirablees ese capullo! Cmo se desarrolla r si rezisdevotamente vuestra avemara! Mucho serapediros que rezarais el Rosario todos los das;rezad por lo menos diariamente un tercio delRosario con devocin, y ser una linda corona derosas que colocaris en las sie nes de Jess y deMara. Creedme; y escuchad una hermosa histo-ria, y no la olvidis.

    8. Dos nias, hermanitas, estaban a la puer -ta de su casa rezando devotamente el SantoRosario. Aparceseles una hermosa Seora, lacual se aproxima a la ms pequea, que tena deseis a siete aos, la toma de la mano y se la lleva.Su hermana mayor la busca llena de turbacin y,desesperada de poder encontrarla, vuelve a sucasa llorando. El padre y la madre la buscan tresdas sin encontrarla. Pasado este tiempo, laencuentran a la puerta con el rostro alegre ygozoso. Le preguntan de dnde viene y contestaque la Seora a quien rezaba el Rosario la haballevado a un lugar muy hermoso y le haba dadoa comer cosas muy buenas y haba colocado en

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  • sus brazos a un Nio bellsimo. El padre y lamadre, recin convertidos a la fe, llamaron alPadre Jesuita que los haba instruido en ella y enla devocin del Rosario y le contaron lo que habaocurrido. De sus propios labios lo hemos sabidonosotros. Aconteci en el Paraguay.

    Imitad, amados nios, a estas dos fervoro sasnias; rezad todos los das, como ellas, el Rosario,y mereceris as ver a Jess y a Mara: si no enesta vida, despus de la muerte, durante la eterni-dad. Amn.

    Sabios e ignorantes, justos y pecadores, gran-des y pequeos, alaben y saluden da y noche conel Santo Rosario a Jess y a Mara. Saludad aMara, que mucho ha trabajado en medio de vosotros (Rm. 16, 6).

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  • EL SECRETO ADMIRABLE DELSANTSIMO ROSARIO

    PARA CONVERTIRSE Y SALVARSE

    PRIMERA DECENA

    Excelencia del Santsimo Rosarioen su origen y en su nombre

    Primera Rosa

    LAS ORACIONES DEL ROSARIO

    9. El Rosario comprende dos cosas, a saber:la oracin mental y la oracin vocal. La ora cinmental del Santo Rosario es la medita cin de losprincipales misterios de la vida, muerte y gloriade Jesucristo y de su Santsima Madre. La ora-cin vocal del Rosario consiste en decir quincedecenas de avemaras precedi das por un padre-nuestro y terminadas por un gloria. Se meditan ycontemplan las quince virtudes principales queJess y Mara han practicado en los quince mis-terios del Santo Rosario.

    En la primera parte, que consta de cinco dece-nas, se honran y consideran los cinco misteriosgozosos; en la segunda, los cinco miste rios doloro-

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  • sos; y en la tercera, los cinco miste rios gloriosos[entre los misterios gozosos y dolorosos el PapaJuan Pablo II ha aadido los cinco misterios lumi-nosos]. De este modo, el Rosario es un compuestosagrado de oracin mental y vocal para honrar eimitar los misterios y las virtu des de la vida, muer-te, pasin y gloria de Jesucristo y de Mara.

    Segunda Rosa

    ORIGEN DEL ROSARIO

    10. El Santo Rosario, compuesto en su fondoy substancia de la oracin de Jesucristo y de lasalutacin anglica esto es, el padrenuestro y elavemara y la meditacin de los misterios deJess y Mara, es sin duda la pri mera oracin y ladevocin primera de los fie les, que desde losapstoles y los discpulos se transmiti de sigloen siglo hasta nosotrosl.

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    1. Segn las investigaciones de los historiadores ecle -sisticos, no parece que pueda hoy admitirse lo que aqu diceel Santo Montfort sobre la antigedad en el uso del avemara.Hasta el siglo XII no hay testimonio alguno de que se rezara elavemara, si no es como ant fona en la liturgia. Antes de SantoDomingo se citan slo cuatro o cinco casos de fieles que reza-ran el ave mara. El Santo fue el primero que consta mandararezar e! avemara en sus Constituciones, y sus discpu los losprimeros de quienes tenemos noticia que propa garon la devo-cin de rezar series de avemaras meditando los misterios yjuntando el rezo con genuflexiones, al modo que rezaba Santo

  • 11. No obstante, el Santo Rosario, en la for -ma y mtodo que lo recitamos al presente, slofue inspirado a la Iglesia en 1214 por la SantsimaVirgen, que lo dio a Santo Domingo para conver-tir a los herejes albigenses y a los pecadores.Ocurri en la forma siguiente, segn cuenta elBeato Alano de la Roche en su famoso libro titu-lado De dignitate Psalterii2. Viendo SantoDomingo que los crmenes de los hombres obsta-culizaban la conversin de los albigenses, entren un bosque prximo a Tolosa y pas en l tresdas y tres noches en continua oracin y de peni-tencia, no cesando de gemir, de llorar y de mace-rar su cuerpo con disciplinas para calmar la cle-ra de Dios; de suerte que cay medio muerto. LaSantsima Virgen, acompaada de tres princesasdel cielo, se le apareci entonces y le dijo; Sabest, mi querido Domingo, de qu arma se ha servi-do la Santsima Trinidad para reformar elmundo? Oh Seora, respondi l, Vos lo sabismejor que yo, porque despus de vuestro Hijo

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    Domingo, segn nos lo repre senta el arte de su tiempo. Confundamento, pues, la voz de los Sumos Pontfices, de acuer-do con la tradicin, nos seala a Santo Domingo como fun-dador del Rosario, aunque no enseara l a rezarIo precisa-mente en series de diez avemaras y distribuyendo comoahora la medi tacin de los misterios. sta no se fij hasta e!siglo xv.

    Vanse sobre todo este asunto los interesantes art culosdel P. Getino, O.P. (en Ciencia Tomista, t. XXIV y XXV). FueSanto Domingo fundador del Rosario?

    2. De la dignidad del salterio de Mara; es decir, del Rosario.

  • Jesucristo fuisteis el principal instrumento denuestra salvacin. Ella aadi: Sabe que lapieza principal de la batera fue la salutacinanglica, que es el fundamento del NuevoTestamento; y por tanto, si quieres ganar paraDios esos corazones endurecidos, reza mi salte-rio. El Santo se levant muy consolado y, abra-sado de celo por el bien de aquellos pueblos,entr en la Catedral. En el mismo momento,sonaron las campanas por intervencin de losngeles para reunir a los habitantes, y al princi piode la predicacin se levant una espantosa tor-menta; la tierra tembl, el sol se nubl, los repe-tidos truenos y relmpagos hicieron estre mecer ypalidecer a los oyentes; y aument su terror al veruna imagen de la Santsima Virgen expuesta enlugar preeminente, levantar los bra zos tres veceshacia el cielo, para pedir a Dios venganza contraellos si no se convertan y recu rran a la protec-cin de la Santa Madre de Dios.

    El cielo quera por estos prodigios aumentarla nueva devocin del Santo Rosario y hacerlams notoria. La tormenta ces al fin por las ora-ciones de Santo Domingo. Continu su discursoy expli c con tanto fervor y entusiasmo la exce-lencia del Santo Rosario, que los moradores deTolosa lo aceptaron casi todos, renunciaron a suserro res, y en poco tiempo se vio un gran cambioen la vida y las costumbres de la ciudad3.

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    3. Ninguna de estas maravillas refieren los antiguos histo-

  • Tercera Rosa

    EL ROSARIO Y SANTO DOMINGO

    12. Este milagroso establecimiento delSanto Rosario, que guarda cierta semejanza conla manera en que Dios promulg su ley sobre elmonte Sina, manifiesta evidentemente la exce-lencia de esta divina prctica. Santo Domingo,inspirado por el Espritu Santo, pre dic todo elresto de su vida el Santo Rosario con el ejemplo yla palabra, en las ciudades y en los campos, antelos grandes y los peque os, ante sabios e ignoran-tes, ante catlicos y herejes. El Santo Rosarioque rezaba todos los das era su preparacinpara predicar y su accin de gracias de haber pre-dicado.

    13. Un da de San Juan Evangelista en queestaba el Santo en Nuestra Seora de Pars rezan-do el Santo Rosario, como preparacin a la pre-dicacin, en una capilla situada tras el altarmayor, se le apareci la Santsima Virgen y ledijo; Domingo, aunque lo que tienes preparado

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    riadores de la Orden de Santo Domingo, y por eso los crticosdesconfan, Tngase en cuenta, sin embar go, que SantoDomingo no tuvo ningn bigrafo con temporneo. Los quenarraron su vida lo hicieron den tro del cuadro general de lahistoria de su Orden, donde no caban tantos pormenores.

  • para predicar sea bueno, he aqu, no obstante, unsermn mucho mejor que yo te traigo. SantoDomingo recibe de sus manos el libro donde esta-ba el sermn, lo lee, lo sabo rea, lo comprende, dagracias por l a la Santsima Virgen. Llega la horadel sermn, se enfervoriza y, despus de no haberdicho en alabanza de San Juan Evangelista sinoque haba merecido ser custodio de la Reina delCielo, dice a toda la concurrencia de grandes ydoctores que haban venido a orle habitua dostodos a discursos floridos que no les hablar conpalabras de sabidura humana, sino con la senci-llez y la fuerza del Espritu Santo. Y, efectivamen-te, les predic el Santo Rosario explicndolespalabra por palabra, como a nios, la salutacinanglica, sirvin dose de comparaciones muy sen-cillas, que haba ledo en el papel que le habadado la Santsima Virgen.

    14. He aqu las mismas palabras del sabioCartagena, tomadas por l del libro del BeatoAlano de la Roche titulado De Dignitate Psalterii.

    El Beato Alano afirma que Santo Domingo ledijo un da en una revelacin; Hijo mo, t pre-dicas, pero, para que no busques las ala banzas delos hombres antes que la salvacin de las almas,escucha lo que me sucedi en Pars. Deba predi-car en la magnfica iglesia dedicada a la bien-aventurada Mara y quera hacerlo de un modoingenioso, no por orgullo, sino por la influencia ydignidad del auditorio. Segn mi costumbre,oraba recitando mi sal terio (es decir, el Rosario),

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  • durante la hora que preceda a mi sermn, encierta capilla tras el altar mayor, y tuve un rapto.Vea a mi amada Seora la Madre de Dios, quetrayndome un libro me deca; Domingo, aun-que el sermn que has decidido predicar esbueno, te traigo aqu otro mejor.

    Muy gozoso, cog el libro, lo le entero y,como Mara haba dicho, comprend bien queaquello era lo que convena predicar. Le di gra ciascon todo mi corazn. Llegada la hora del sermn,tena delante de m la Universidad de Pars enmasa y un gran nmero de seores. Ellos oan yvean las grandes seales que por mediacin males haca el Seor. Subo al pl pito. Era la fiesta deSan Juan, pero de tal apstol me content condecir que mereci ser escogido para custodio sin-gular de la Reina del cielo; y despus digo as a miauditorio: Seores y Maestros ilustres, estisacostum brados a escuchar sermones elegantes ysabios; pero yo no quiero dirigiros las doctaspalabras de la sabidura humana, sino mostra rosel Espritu de Dios y su virtud. y entonces diceCartagena siguiendo al Beato Alano SantoDomingo explic la salutacin anglica por com-paraciones y semejanzas familiares.

    15. El Beato Alano de la Roche, como dice elmismo Cartagena, refiere otras varias apari cionesde Nuestro Seor y de la Santsima Virgen aSanto Domingo para instarle y ani marle a predi-car el Santo Rosario, a fin de combatir el pecadoy convertir a pecadores y herejes, dice: El Beato

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  • Alano dice que la Santsima Virgen le revel queJesucristo su Hijo se haba aparecido despus deElla a Santo Domingo y le haba dicho:Domingo, me alegro de ver que no confas en tusabidura, sino que, humilde mente, prefieres sal-var a las almas a agradar a los hombres vanos.Muchos predicadores quie ren en seguida tronarcontra los pecados ms graves, olvidando queantes de dar una medici na penosa, es necesarioque tenga lugar la pre paracin. Por eso debenantes exhortar al audi torio al amor a la oracin,especialmente a mi anglico salterio; porque sitodos empiezan a rezarlo no es dudoso que ladivina clemencia estar propicia para los que per-severen. Predica, pues, mi Rosario.

    16. En otro lugar dice el Beato Alano: Todoslos predicadores hacen decir a los cristianos lasalutacin anglica, al principio de sus sermones,para obtener la gra cia divina. La razn de ello seencuentra en una revelacin hecha a SantoDomingo por la bie naventurada Virgen:Domingo, hijo le dijo, no te sorprendas de queno tengan xito tus predicaciones, porque traba-jas en una tierra que no ha sido regada por la llu-via. Sabe que, cuando Dios quiso renovar elmundo, envi de antemano la lluvia de la saluta-cin anglica, y as es como se reform el mundo.Exhorta, pues, en tus sermones a rezar elRosario, y recogers grandes frutos para lasalmas. Y habindolo hecho as Santo Domingocon energa obtuvieron sus predicaciones notable

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  • xito. (Esto se encuentra en el Libro de los mila-gros del Santo Rosario, en el discurso 143 deJustino.)

    17. He tenido gusto en copiar palabra porpalabra los pasajes de estos buenos autores enfavor de los predicadores y personas eruditas, quepudieran poner en duda la mara villosa virtud delSanto Rosario. Mientras siguiendo a SantoDomingo se predic la devo cin del SantoRosario, la piedad y el fervor flo recan en lasrdenes religiosas que practica ban esta devociny en el mundo cristiano; pero desde que no sehizo tanto aprecio de ese presente venido delcielo, no se ve ms que pecado y desrdenes portodas partes.

    Cuarta Rosa

    EL ROSARIO Y EL BEATO ALANO DE LA ROCHE

    18. Como todas las cosas, aun las ms san -tas, en cuanto dependen de la voluntad de loshombres, estn sujetas a cambios, no hay por quesorprenderse de que la cofrada del Santo Rosarioslo subsistiese en su primitivo fervor alrededorde cien aos despus de su institu cin. Luegoestuvo casi sumida en el olyido. Adems, la mali-cia y envidia del demonio han contribuido, sinduda, a la menor estimacin del Santo Rosario,

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  • para detener los torrentes de gracia de Dios queesta devocin atraa al mundo. En efecto, la justi-cia divina afligi todos los reinos de Europa elao 1349 con la peste ms horrible que se recuer-da, la cual desde Levante se extendi a Italia,Alemania, Francia, Polonia y Hungra y desolcasi todos estos territorios, pues de cien hombresapenas quedaba uno vivo; las poblaciones, lasvillas, las aldeas y los monasterios quedaron casidesier tos durante los tres aos que dur la epide-mia.

    Este azote de Dios fue seguido de otros dos; lahereja de los flagelantes y un desgraciado cismael ao 1376.

    19. Luego que, por la misericordia de Dios,cesaron estas calamidades, la Santsima Virgenorden al Beato Alano de la Roche, clebreDoctor y famoso predicador de la Orden de SantoDomingo del convento de Dinan, en Bretaa,renovar la antigua cofrada del Santo Rosario,para que, ya que esta cofrada haba nacido enesta provincia, un religioso de la misma tuviese elhonor de restablecerla. Este Beato Padre empeza trabajar en esta gran obra el ao 1460, despusque Nuestro Seor Jesucristo, para determinarlea predicar el Santo Rosario, le manifest un daen la Sagra da Hostia, cuando el Beato celebrabala Santa Misa: Por qu me crucificas t denuevo? Cmo, Seor?, le contest el BeatoAlano enteramente sorprendido. Son tus peca-dos los que me crucifican, le respondi Jesucristo,

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  • y preferira ser crucificado otra vez a ver a miPadre ofendido por los pecados que has cometi-do. Y me crucificas an, porque tienes ciencia ycuanto es necesario para predicar el Rosario demi Madre y por este medio instruir y desviarmuchas almas del pecado; t los salvaras, impi -diendo grandes males, y, no hacindolo, eres cul-pable de los pecados que ellos cometen. Estoscargos terribles resolvieron al Beato Alano a pre-dicar incesantemente el Rosario.

    20. La Santsima Virgen le dijo tambin cier-to da, para animarle an ms a predicar el SantoRosario: Fuiste un gran pecador en tu juventud,pero he obtenido de mi Hijo tu con versin, herogado por ti y hubiese deseado, a ser posible,padecer toda clase de trabajos para salvarte, pueslos pecadores convertidos son mi gloria, y parahacerte digno de predicar por todas partes miRosario.

    Santo Domingo, cuando describa a los fieleslos frutos que haba conseguido en los pueblospor medio de esta hermosa devocin que les pre-dicaba continuamente, sola decir: Ests viendoel fruto que he con seguido con la predicacin delSanto Rosario; haz lo mismo, t y todos los queamis a Mara, para de ese modo atraer todos lospueblos al pleno conocimiento de las virtudes.

    Esto es en compendio lo que la historia nosensea del establecimiento del Santo Rosario porSanto Domingo y de su renovacin por el BeatoAlano de la Roche.

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  • Quinta Rosa

    COFRADA DEL ROSARIO

    21. No hay, hablando con propiedad, msque una cofrada del Rosario, compuesta de 150[200] avemaras; pero con relacin al fervor de lasdistintas personas que lo practican hay tres cla-ses, a saber: el Rosario comn u ordi nario, el Ro -sario perpetuo y el Rosario cotidiano. La cofradadel Rosario ordinario slo exige que se rece unavez por semana, y la del Rosario perpetuo, unavez al ao; pero la del Rosario cotidiano exigerezarlo entero es decir, las 150 [200] avemarasdiariamente. Nin guno de estos Rosarios implicaobligacin bajo pecado, ni aun venial; porque lapromesa de rezarlo es completamente voluntariay de supererogacin; pero no debe alistarse en lacofrada quien no tenga voluntad de cumplir esapromesa, segn lo exige la cofrada, siem pre quepueda sin faltar a las obligaciones de su estado.As, cuando el rezo del Rosario coin cida con unaaccin que por nuestro estado es obligatoria, debepreferirse esta accin al Rosario por santo quesea. Cuando en la enfer medad no pueda rezarseen todo ni en parte sin exacerbar el padecimien-to, no obliga. Cuando por legtima obediencia,olvido invo luntario o necesidad apremiante no ha

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  • podido rezarse, no hay ningn pecado, ni aunvenial; y no deja por eso de participarse de las gra-cias y mritos de los otros hermanos y hermanasque lo rezan en todo el mundo.

    Cristianos: si faltis a este rezo por puranegligencia, sin ningn motivo formal, absolu -tamente hablando tampoco pecis, pero per disla participacin en las oraciones, buenas obras ymritos de la cofrada, y, por vuestra infidelidaden cosas pequeas y de superero gacin, caerisinsensiblemente en la infideli dad a las cosasgrandes y de obligacin esen cial; porque Quiendesprecia las cosas peque as, poco a pococaer.4

    Sexta Rosa

    EL SALTERIO DE MARA

    22. Desde que Santo Domingo estableciesta devocin hasta el ao 1460, en que el BeatoAlano de la Roche la renov por orden del cielo,se le llama el salterio de Jess y de la SantsimaVirgen, porque contiene tantas salu taciones ang-licas como salmos contiene el salterio de David, ylos sencillos e ignorantes, que no pueden rezar elsalterio de David, encuentran en el Rosario un

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    4. Eclo., 19, 1.

  • fruto igual y aun mayor que el que se consiguecon el rezo de los salmos de David: 1. Porque elsalterio evang lico tiene un fruto ms noble, asaber: el Verbo encarnado, mientras que el salte-rio de David no hace ms que predecirle; 2. Como la ver dad sobrepasa a la figura y el cuer-po a la som bra, del mismo modo el salterio de laSantsima Virgen sobrepasa al salterio de David,que slo fue sombra de aqul; 3. Porque laSantsima Trinidad es la que ha compuesto el sal-terio de la Santsima Virgen o Rosario, que seintegra de padrenuestros y avemaras.

    El sabio Cartagena refiere al respecto: Elsapientsimo de Aix-la-Chapelle J. Bessel, en sulibro sobre la corona de rosas, dedicado al empe-rador Maximiliano, dice: No puede afir marseque la salutacin mariana sea una invencinreciente. Se extendi con la Iglesia misma.Efectivamente, desde los orgenes de la Iglesia,los fieles ms instruidos celebraban las alabanzasdivinas con la triple cincuentena de salmos dav-dicos. Entre los ms humildes, que encontrabanserias dificultades en el rezo del oficio divino,surgi una santa emulacin... Pensaron, y conrazn, que en el celestial elo gio el Rosario seincluyen todos los secretos divinos de los salmos.Sobre todo porque los salmos cantaban al quedeba venir, mientras que esta frmula se dirige alque ha venido ya. Por eso comenzaron a llamarsalterio maria no a las tres series de cincuentaoraciones, anteponiendo a cada cadena la ora-

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  • cin dominical, como haban visto hacer a quie-nes reci taban los salmos.

    23. El salterio o Rosario de la SantsimaVirgen est dividido en tres [cuatro] rosarios decinco decenas cada uno; 1. Para honrar a las trespersonas de la Santsima Trinidad; 2. Para hon-rar la vida, muerte y gloria de Jesucristo; 3. Paraimitar a la Iglesia Triunfante, ayudar a la militan-te y aliviar a la padeciente; 4. Para imitar las trespartes de los salmos, cuya pri mera parte es parala va purgativa, la segunda para la va iluminati-va y la tercera para la uni tiva; 5. Para colmarnosde gracia durante la vida, de paz en la muerte yde gloria en la eter nidad.

    Sptima Rosa

    EL ROSARIO, CORONA DE ROSAS

    24. Desde que el Beato Alano de la Rocherenov esta devocin, la voz pblica, que es la vozde Dios, le ha dado el nombre de Rosario5, quesignifica corona de rosas. Es decir, que cuantasveces se reza como es debido el Rosario se colocasobre la cabeza de Jess y de Mara una corona

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    5. No fue, sin embargo, el Beato Alano quien invent estenombre de Rosario, ya conocido antes; por el con trario, lquiso que se llamara salterio.

  • compuesta de 153 [203] rosas blancas y 16 [21]rosas encarnadas del paraso que jams perdernsu hermosura ni su brillo. La Santsima Virgenaprob y confirm este nombre de Rosario, reve-lando a varios que le presentaban tantas rosasagradables cuantas avemaras rezaban en suhonor y tantas coro nas de rosas como Rosarios.

    25. El Hermano Alfonso Rodrguez6, de laCompaa de Jess, rezaba el Rosario con tantoardor, que vea con frecuencia a cada padrenues-tro salir de su boca una rosa encar nada, y a cadaavemara, una blanca, igual en hermosura y buenaroma y solamente distinta en el color.

    Las crnicas de San Francisco cuentan queun joven religioso tena la buena costumbre derezar todos los das antes de la comida la coro nade la Santsima Virgen. Un da, no se sabe porqu, falt a ella, y estando servida la cena rog asu superior que le permitiese rezarla antes de ir ala mesa. Con este permiso se reti r a su habita-cin; pero como tardaba mucho, el superiorenvi un religioso a llamarle; y ste le encontriluminado con celestes resplando res y a laSantsima Virgen con dos ngeles cerca de l.Cada vez que deca un avemara, una rosa salade su boca, y los ngeles cogan las rosas una trasotra y las colocaban sobre la cabeza de laSantsima Virgen, que les testi moniaba su con-sentimiento. Otros dos religio sos, enviados para

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    6. Hoy San Alfonso Rodrguez.

  • saber la causa del retraso de sus compaeros, vie-ron este misterio, y no desapareci la SantsimaVirgen hasta que ter min el rezo de la corona.

    El Rosario es, pues, una gran corona, y el decinco decenas, una guirnalda de flores o coro nillade rosas celestes que se coloca sobre las cabezasde Jess y Mara. La rosa es la reina de las flores,y del mismo modo el Rosario es la rosa y la pri-mera de las devociones.

    Octava Rosa

    MARAVILLAS DEL ROSARIO

    26. No es posible expresar cunto estima laSantsima Virgen el Rosario sobre todas lasdems devociones y cun magnnima es alrecompensar a quienes trabajan para predi carlo,establecerlo y cultivarlo y cun terrible es, por elcontrario, con aquellos que quieren hacerle opo-sicin.

    Santo Domingo en nada puso durante su vidatanto entusiasmo como en alabar a la SantsimaVirgen, predicar sus grandezas y animar a todosa honrarla por medio del Rosario. Esta poderosaReina del Cielo, a su vez, no ces de derramarsobre Santo Domingo bendiciones a manos lle-nas; coron sus trabajos con mil prodigios y mila-gros, nada pidi ste a Dios que no obtuviera por

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  • intercesin de la Santsima Virgen, y para colmode favores Ella le sac victorioso de la hereja delos albigenses y le hizo padre y patriarca de unagran Orden.

    27. Qu dira yo del Beato Alano de laRoche, reparador de esta devocin? La San tsimaVirgen le honr varias veces con su visi ta parainstruirle sobre los medios de conse guir su salva-cin, hacerse buen sacerdote, per fecto religioso eimitador de Jesucristo. Durante las tentaciones ypersecuciones horri bles de los demonios, que lereducan a una extremada tristeza y casi a la des-esperacin, le consolaba y disipaba con su dulcepresencia todas estas nubes y tinieblas. Ella leense el modo de rezar el Rosario, sus excelen-cias y sus frutos, le favoreci con la gloriosa cali-dad de nuevo esposo y, como arras de sus castosamo res, le puso un anillo en el dedo y un collarhecho con su pelo al cuello, y le dio tambin unRosario. El Abad Tritemio, el docto Cartagena, yel sabio Martn Navarro y otros hablan de l conelogio. Despus de haber lle gado la cofrada delRosario a reunir ms de cien mil almas, muri enZunolle, Flandes, el 8 de septiembre del ao 1475.

    28. Envidioso el demonio de los grandes fru-tos que el Beato Toms de San Juan, clebre pre-dicador del Santo Rosario, consegua con estaprctica, le redujo por medio de duros tra tos aestado de una larga y penosa enfermedad, en laque fue desahuciado por los mdicos. Una nocheen que l se crea infaliblemente a punto de morir

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  • se le apareci el demonio en espantosa figura;pero, elevando l devotamen te los ojos y el cora-zn hacia una imagen de la Santsima Virgen quehaba cerca de su cama, grit con todas sus fuer-zas: Ayudadme, soco rredme, dulcsima Madrema! Apenas hubo acabado estas palabras, laimagen le tendi la mano y le apret el brazo,dicindole: No temas Toms, hijo mo, yo teauxilio; levntate y contina predicando la devo-cin de mi Rosario como habas empezado. Yo tedefen der contra todos tus enemigos. A estaspala bras de la Santsima Virgen, huy el demo-nio.

    29. La Santsima Virgen no favorece sola -mente a los predicadores del Rosario; tambinrecompensa gloriosamente a aquellos que, por suejemplo, atraen a otros a esta devocin.

    A Alfonso7, rey de Len y Galicia, que dese -aba que todos sus criados honrasen a laSantsima Virgen con el Santo Rosario, se le ocu-rri, para animarles con su ejemplo, llevar osten-siblemente un gran Rosario, aunque sin rezarlo,lo que bast a obligar a todos sus cor tesanos aque lo rezaran devotamente. El rey cay grave-mente enfermo y cuando le crean muerto fuetransportado en espritu al tribu nal de Jesucristo,vio all a los demonios, que le acusaban de todoslos crmenes que haba cometido, y cuando iba a

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    7. Alfonso IX, sin duda, aunque, que sepamos, no haymemoria de este caso en documentos espaoles.

  • ser condenado a las penas eternas, se present asu favor la Santsima Virgen delante de su divinoHijo; se trajo entonces una balanza, se colocarontodos los pecados del rey en un platillo, y laSantsima Virgen coloc en el otro el granRosario que l haba llevado en su honor, jun -tamente con los que, gracias a su ejemplo, habanrezado otras personas, y esto pesaba ms quetodos sus pecados. y despus, mirn dole con ojoscompasivos, le dijo: He obteni do de mi Hijo,como recompensa del pequeo servicio que mehiciste llevando el Rosario, la prolongacin de tuvida por algunos aos. Emplalos bien y hazpenitencia. El rey, vuel to en s de este xtasis,exclam: Oh bendito Rosario de la SantsimaVirgen, por el que fui librado de la condenacineterna! Despus que recobr la salud pas elresto de su vida con gran devocin al SantoRosario y lo rez todos los das.

    Que los devotos de la Santsima Virgen pro -curen ganar cuantos fieles puedan para la cofra-da del Santo Rosario, a ejemplo de estos santosy de este rey; conseguirn en la tierra la protec-cin de Nuestra Seora y luego la vida eterna.Los que me den a conocer ten drn la vida eter-na.8

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    8. Eclo 24, 31.

  • Novena Rosa

    LOS ENEMIGOS DEL ROSARIO

    30. Pero veamos ahora qu injusticia esimpedir los progresos de la cofrada del SantoRosario y cules son los castigos de Dios para losdesgraciados que la han despreciado y qui sierondestruirla.

    Como la devocin del Santo Rosario ha sidoautorizada por el cielo con varios prodigios yaprobada por la Iglesia en varias bulas de losPapas, slo los libertinos, impos y espritus fuer-tes de estos tiempos se atreven a difamar la cofra-da del Santo Rosario o alejar de ella a los fieles.En verdad que sus lenguas estn infectadas con elveneno del infierno y que son movidas por el esp-ritu maligno; porque nadie puede desaprobar ladevocin del Santo Rosario sin condenar lo mspiadoso que hay en la Religin Cristiana, a saber:la oracin dominical, la salutacin anglica y losmiste rios de la vida, muerte y gloria de Jesucristoy de su Santsima Madre.

    Estos espritus fuertes, que no pueden sufrirque se rece el Rosario, caen con frecuencia en elcriterio, reprobado, de los herejes, que tie nenhorror al Rosario.

    Aborrecer las cofradas es alejarse de Dios y

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  • de la piedad, puesto que Jesucristo nos aseguraque se encuentra en medio de los que se renenen su nombre. No es ser buen catlico despreciartantas y tan grandes indulgencias como la Iglesiaconcede a las cofradas. Disuadir a los fieles deque pertenezcan a la del Santo Rosario es ser ene-migo de la salva cin de las almas, que por estemedio dejan el partido del pecado para abrazar lapiedad. S, San Buenaventura dijo con razn ensu salte rio que morir en pecado y se condenarquien haya despreciado a la Santsima Virgen:Qu castigos aguardan a los que apartan a otrosde las devociones a Nuestra Seora!

    Dcima Rosa

    MILAGROS OBTENIDOS POR EL ROSARIO

    31. En ocasin en que Santo Domingo pre -dicaba esta devocin en Carcasona, un hereje sededic a poner en ridculo los milagros y los quin-ce misterios del Santo Rosario, lo que impeda laconversin de los herejes. Dios permiti, paracastigar a este impo, que 15.000 demonios entra-sen en su cuerpo; sus parientes le llevaron al bien-aventurado Padre (Santo Domingo) para librarlede los espritus malignos. Aqul se puso en ora-cin y exhort a todos los presentes a rezar con lel Rosario en alta voz, y he aqu que a cada ave-

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  • mara la Santsima Virgen haca salir cien demo-nios del cuerpo de este hereje en forma de carbo-nes encendidos. Despus que fue curado, abjurde todos sus errores, se convirti y se inscribi enla cofrada del Rosario, con otros muchos compa-eros arrepentidos con este castigo y con la vir-tud del Rosario.

    32. El docto Cartagena, de la Orden de SanFrancisco, y otros varios autores refieren que elao 1482, cuando el venerable Padre DiegoSprenger y sus religiosos trabajaban con grancelo para restablecer la devocin y la cofrada delSanto Rosario en la ciudad de Colonia, dos famo-sos predicadores, envidiosos de los gran des frutosque los primeros obtenan con esta prctica, tra-taron de desacreditarla en sus ser mones, y comotenan talento y predicamento grandes, disuadie-ron a muchas personas de inscribirse. Uno deestos predicadores, para mejor conseguir su per-nicioso intento, prepa r expresamente un ser-mn en domingo. Lleg la hora y el predicadorno apareca; se le esper, se le busc y al fin se leencontr muer to, sin haber sido auxiliado pornadie. Per suadido el otro predicador de que esteacci dente era natural, resolvi suplirle para abo-lir la cofrada del Rosario. El da y hora del ser -mn llegaron, y Dios castig al predicador conuna parlisis que le quit el movimiento y la pala-bra. Entonces reconoci su falta y la de su com-paero, recurri con el corazn a la SantsimaVirgen, prometindole predicar por todas partes

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  • el Rosario con tanto bro como lo haba combati-do y rogndole que le devolviese para esto lasalud y la palabra, lo alcanz de la SantsimaVirgen, y, encontrndose sbita mente curado, selevant como otro Saulo, cambiado de persegui-dor en defensor del Santo Rosario. Hizo pblicareparacin de su falta y predic con mucho celoy elocuencia las excelencias del Santo Rosario.

    33. No dudo de que los espritus fuertes y cr-ticos de nuestros das, cuando lean las his toriasde este librito, las pondrn en duda, como hanhecho siempre, aunque yo no he hecho sinotranscribirlas de muy buenos auto res contempo-rneos, y en parte de un libro compuesto recien-temente por el R. P. Anto nino Thomas, de laOrden de Predicadores, titulado El rosal mstico.Todo el mundo sabe que hay tres clases de fe paralas diferentes historias. A las historias de laSagrada Escri tura, les debemos una fe divina; alas historias profanas que no repugnan a la razny estn escritas por buenos autores, una fe huma-na; a las historias piadosas referidas por buenosautores y en modo alguno contrarias a la razn, ala fe y a las buenas costumbres, aun que a vecessean extraordinarias, una fe pia dosa. Reconozcoque no hay que ser ni muy crdulo ni muy crti-co, y que debemos quedar nos siempre en elmedio para encontrar el punto de verdad y de vir-tud; pero tambin s que as como la caridad creefcilmente todo aquello que no es contrario a lafe ni a las bue nas costumbres, La caridad todo lo

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  • cree, del mismo modo el orgullo conduce anegar casi todas las historias bien justificadas conel pre texto de que no estn en la SagradaEscritura.

    Es el lazo de Satans, en que han cado losherejes que niegan la tradicin y donde los cr -ticos de hoy caen insensiblemente, no creyen doporque no comprenden o cuando no les agrada,sin otra razn que el orgullo y su pro pia suficien-cia.

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  • SEGUNDA DECENA

    Excelencia del Santo Rosario por lasoraciones de que est compuesto

    Undcima Rosa

    EXCELENCIA DEL CREDO

    34. El Credo o Smbolo de los Apstoles quese reza sobre la cruz del Rosario por ser unsanto resumen y compendio de las verda des cris-tianas, es una oracin de gran mrito, porque lafe es la base, el fundamento y el principio detodas las virtudes cristianas, de todas las virtudeseternas y de todas las ora ciones agradables aDios. Quien se acerca a Dios ha de empezar porcreer1, y cuanto mayor sea su fe, tanta ms fuer-za y mrito en s misma tendr la oracin y tantams gloria dar a Dios.

    No me detendr a explicar las palabras delSmbolo de los Apstoles; pero no puedo menos

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    1. Hb. 11.6. Credere enim opportet accedentem ad Deumquia est.

  • de aclarar estas tres primeras palabras: Creo enDios, que encierran los actos de las tres virtu-des teologales: la fe, la esperanza y la caridad.Tienen maravillosa efi cacia para santificar elalma y abatir a los demo nios. Con estas palabrashan vencido muchos santos las tentaciones,principalmente las que iban contra la fe, la espe-ranza y la caridad durante su vida o en la horade la muerte. stas fueron las ltimas palabrasque San Pedro mr tir escribi con el dedo sobrela arena lo mejor que pudo, cuando rota la cabe-za por un sablazo de un hereje estaba a punto deexpirar.

    35. Como la fe es la nica llave para entraren todos los misterios de Jess y Mara ence -rrados en el Santo Rosario, conviene empezar lorezando el Credo con muy devota atencin, ycuanto mayor y ms viva sea nuestra fe, tantoms meritorio ser el Rosario. Es preci so que lafe sea viva y animada por la caridad: es decir, quepara rezar bien el Rosario es necesario estar engracia de Dios o en busca de esta gracia; es nece-sario que la fe sea fuerte y constante; es decir, queno hay que buscar en la prctica del SantoRosario solamente el gusto sensible y el consueloespiritual, o lo que es lo mismo que no hay quedejarlo por que se tenga una enormidad de dis-tracciones involuntarias en el espritu, un inexpli-cable tedio en el alma, un pesado fastidio y unsopor casi continuo en el cuerpo. No son precisosgusto, ni consuelo, ni suspiros, fervor y lgrimas,

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  • ni aplicacin continua de la imaginacin, pararezar bien el Rosario. Bastan la fe pura y la buenaintencin.

    Duodcima Rosa

    EXCELENCIA DEL PADRENUESTRO

    36. El padrenuestro u oracin dominicaltiene la primera excelencia en su autor, que noes hombre ni ngel, sino el Rey de los ngeles yde los hombres, Jesucristo. Convena dice SanCipriano que aquel que vena a darnos la vidade la gracia como Salvador nos ensease elmodo de orar como celestial Maestro. La sabi -dura de este divino Maestro se manifiesta bienen el orden, la dulzura, la fuerza y la claridad deesta oracin divina; es corta, pero rica en ense -anzas, inteligible para la gente sencilla y llenade misterios para los sabios. El padrenuestroencierra todos los deberes que tenemos para conDios, los actos de todas las virtudes y la splicade todos nuestros bienes espirituales y corpora-les. Contiene, dice Tertuliano, el com pendio delEvangelio. Aventaja, dice Toms de Kempis, atodos los deseos de los santos, con tiene en com-pendio todas las dulces sentencias de los salmosy de los cnticos; pide cuanto necesitamos,alaba a Dios de un modo excelen te, eleva el alma

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  • de la tierra al cielo y la une estrechamente conDios.

    37. San Crisstomo dice que quien no oracomo el divino Maestro ha orado y enseado aorar no es su discpulo, y Dios Padre no escu chacon tanto agrado las oraciones que com puso elespritu humano, sino las de su hijo, que l nosha enseado.

    Debemos rezar la oracin dominical con lacerteza de que el Eterno Padre la oir favora -blemente, puesto que es la oracin de su Hijo, alque siempre atiende, y nosotros miembros deCristo. Cmo ha de negarse tan buen Padre auna splica tan bien fundada, apoya da como esten los mritos e intercesin de tan digno Hijo?San Agustn asegura que el padrenuestro bienrezado quita los pecados veniales. El justo caesiete veces cada da. La oracin dominical contie-ne siete peticio nes por las cuales podemos reme-diar estas cadas y fortificarnos contra los enemi-gos. Es oracin corta y fcil para que, comosomos frgiles y estamos sujetos a muchas mise-rias, recibamos rpido auxilio, rezndola fre-cuente y devotamente.

    38. Salid de vuestro error, almas devotas quedespreciis la oracin que el mismo Hijo de Diosha compuesto y ordenado para todos los fieles;vosotros, que slo estimis las ora ciones com-puestas por los hombres, como si el hombre, aunel ms esclarecido, supiese mejor que Jesucristocmo debemos orar. Buscis en los libros de los

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  • hombres el modo de alabar y orar a Dios, como sios avergonzaseis del que su Hijo nos ha prescrito.Os persuads de que las oraciones que estn enlos libros son para los sabios y para los ricos y elRosario es slo para las mujeres, para los nios,para el pue blo, como si las alabanzas y oracionesque leis fueran ms hermosas y agradables aDios que las contenidas en la oracin dominical.Es peligrosa tentacin sentir hasto de la oracinque Jesucristo nos ha recomendado para afi -cionarse a las oraciones compuestas por los hom-bres. No desaprobamos las compuestas por lossantos para excitar a los fieles a alabar a Dios,pero no podemos sufrir que las prefie ran a la ora-cin que sali de la boca de la SabiduraEncarnada y que dejen el manantial para corrertras los arroyos y que desdeen el agua clara parabeber la turbia. Porque al fin el Rosario, com-puesto de la oracin dominical y de la salutacinanglica, es esa agua clara y perpetua que brotadel manantial de la gracia, mientras que las otrasoraciones que buscas y rebuscas en los libros noson sino pequeos arroyos que se derivan de ella.

    39. Podemos llamar dichoso a quien, rezan -do la oracin del Seor, pese atentamente cadapalabra; ah encuentra cuanto necesita y cuan topueda desear.

    Cuando rezamos esta admirable oracin,cautivamos desde el primer momento el cora znde Dios, al invocarle con el dulce nombre dePadre: Padre nuestro, el ms tierno de todos los

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  • padres, todopoderoso en la creacin, admi -rabilsimo en la conservacin del universo, ama-bilsimo en su Providencia, bonsimo e infinita-mente bueno en la Redencin. Dios es nuestroPadre, nosotros somos hermanos, el cielo esnuestra patria y nuestra herencia. No nos inspi-rar esto, al mismo tiempo, el amor a Dios, elamor al prjimo y el desprendimiento de todo loterreno? Amemos, pues, a un Padre como se, ydigmosle mil y mil veces: Padre nuestro, queests en el cielo: Vos que llenis el cielo y la tierrapor la inmensidad de vuestra esencia, que estispresente en todas partes; Vos que estis en lossantos por vuestra gloria, en los condenados porvuestra justicia, en los justos por vuestra gracia yen los pecadores por vuestra paciencia que lossufre, haced que recordemos siempre nuestro ori-gen celestial, que vivamos como verdaderos hijosvuestros, que tendamos siempre hacia Vos sola-mente con todo el ardor de nuestros deseos.

    Santificado sea tu nombre. El nombre delSeor es santo y temible, dice el profeta-rey, y enel cielo, segn Isaas, resuenan las alaban zas conque los serafines aclaman sin cesar la santidaddel Seor Dios de los ejrcitos. Deseamos quetoda la tierra conozca y adore los atributos deeste Dios tan grande y tan santo: que sea conoci-do, amado y adorado de los paganos, de los tur-cos, de los judos, de los brbaros y de todos losinfieles; que todos los hombres le sirvan y glorifi-quen con fe viva, firme esperanza y ardiente cari-

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  • dad, renunciando a todos los errores; en unapala bra, que todos los hombres sean santos por -que l lo es.

    Venga a nosotros tu reino. Es decir, que rei nisen nuestras almas por vuestra gracia, durante lavida, a fin de que merezcamos des pus de nues-tra muerte reinar con Vos en vuestro reino, que esla soberana y eterna feli cidad que creemos, espe-ramos y deseamos, esa felicidad que nos est pro-metida por la bondad del Padre, que nos fueadquirida por los mritos del Hijo y que nos esrevelada por las luces del Espritu Santo.

    Hgase tu voluntad en la tierra como en elcielo. Sin duda, nada puede sustraerse a las dispo-siciones de la divina Providencia, que tiene todoprevisto y arreglado antes del suce so, ningn obs-tculo es capaz de impedirle el fin que se ha pro-puesto, y cuando pedimos a Dios que se haga suvoluntad, no es que tema mos, dice Tertuliano,que alguno se oponga eficazmente a la ejecucinde sus designios, sino que aceptamos humilde-mente cuanto le plugo ordenar respecto a nos-otros; que cum plimos siempre y en todas lascosas su santa voluntad, manifiesta en sus man-damientos, con tanta prontitud, amor y constan-cia como los ngeles y bienaventurados le obede-cen en el cielo.

    40. Danos hoy nuestro pan de cada da.Jesucristo nos ensea a pedir a Dios cuanto nece-sitamos para la vida del cuerpo y la del alma. Porestas palabras de la oracin domini cal confesa-

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  • mos humildemente nuestra miseria y rendimoshomenaje a la Providencia, decla rando que cree-mos y queremos obtener de su bondad todos losbienes temporales. Bajo el nombre de pan pedi-mos lo que es indispensa ble para la vida, exclu-yendo lo superfluo. Este pan lo pedimos hoy, esdecir, que limitamos al da nuestras solicitudes,confiando a la Providencia el maana. Pedimos elpan de cada da, confesando as nuestras necesi-dades siempre en aumento y mostrando la conti-nua dependencia en que estamos de la protecciny socorro de Dios.

    Perdona nuestras ofensas, como tambinnoso tros perdonamos a los que nos ofenden.Nuestros pecados dicen San Agustn yTertuliano son deudas que contraemos con Dios,y su justicia exige el pago hasta el ltimo cnti-mo. Por tanto tenemos todas esas tristes deudas.A pesar del nmero de nuestras iniquidades,acerqumonos a l confiadamente y digmoslecon verdadero arrepentimiento: Padre nuestro,que ests en el cielo, perdnanos los pecados denuestro cora zn y de nuestra boca, los pecadosde accin y de omisin que nos hacen infinita-mente culpa bles a los ojos de vuestra justicia;porque, como hijos de un padre clemente y mise-ricordioso, perdonamos por obediencia y porcaridad a nuestros ofensores. Y no permitas que,por infi delidad a vuestras gracias, sucumbamos alas tentaciones del mundo, del demonio y de lacarne. Y lbranos del mal, que es el pecado, del

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  • mal de la pena temporal y de la pena eterna quehemos merecido.

    Amn! Palabra de gran consuelo que es, diceSan Jernimo, como el sello que Dios pone al finde nuestras splicas para asegurarnos de que nosha escuchado, como si l mismo nos respondie-se: Amn! Sea como peds, cierta mente lohabis conseguido, pues tal es el sig nificado dela palabra Amn!

    Decimatercera Rosa

    EXCELENCIA DEL PADRENUESTRO

    (Continuacin)

    41. Honramos las perfecciones de Dios encada palabra que decimos de la oracin domi -nical. Honramos su fecundidad con el nombre dePadre. Padre que tenis desde la eternidad unHijo que es Dios como Vos mismo, eterno, con-substancial, que es una misma esencia, unamisma potencia, una misma bondad, una mismasabidura con Vos, Padre e Hijo que amndoosproducs al Espritu Santo, que es Dios, tres per-sonas adorables que son un solo Dios.

    Padre nuestro! Es decir, Padre de los hom -bres por la creacin, por la conservacin y por laredencin. Padre misericordioso de los pecado-res. Padre amigo de los justos, Padre magnfico

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  • de los bienaventurados. Que ests. Por esta palabra admiramos la in -

    mensidad, la grandeza y la plenitud de la esen ciade Dios, que se llama con verdad El que es: esdecir, que existe esencialmente, necesa riamente yeternamente, que es el Ser de los seres, la causade todos los seres; que encierra eminentementeen S mismo las perfecciones de todos los seres;que est en todos por su esencia, presencia ypotencia, sin estar ence rrado en ellos. Honramossu sublimidad, su gloria y majestad en estas pala-bras: que ests en el cielo, es decir, como sentadoen vuestro trono, ejerciendo vuestra justicia sobretodos los hombres.

    Adoramos su santidad deseando que su nom-bre sea santificado. Reconocemos su sobe rana yla justicia de sus leyes ansiando la lle gada de sureino y que le obedezcan los hom bres en la tierracomo lo hacen los ngeles en el cielo. Creemos ensu Providencia rogndole que nos d nuestro pande cada da. Invo camos su clemencia pidindoleel perdn de nuestros pecados. Reconocemos supoder al rogarle que no nos deje caer en la tenta-cin. Nos confiamos a su bondad esperando quenos librar del mal. El Hijo de Dios, que glorificsiempre a su Padre por sus obras, ha venido almundo para que le glorifiquen los hombres y lesense la manera de honrarle con esta ora cinque l mismo se dign dictarles. Debemos, pues,rezarla con frecuencia, con atencin y con elmismo espritu que l la compuso.

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  • Decimacuarta Rosa

    EXCELENCIA DEL PADRENUESTRO

    (Conclusin)

    42. Cuando rezamos atentamente esta divi -na oracin, hacemos tantos actos de las ms ele-vadas virtudes cristianas cuantas palabras pro-nunciamos. Diciendo: Padre nuestro, que ests enel cielo, hacemos actos de fe, adora cin y humil-dad; y deseando que su nombre sea santificado yglorificado, aparece en noso tros un celo ardientepor su gloria.

    Pidindole la posesin de su reino, practica -mos la esperanza. Deseando que se cumpla suvoluntad en la tierra como en el cielo, mostra mosespritu de perfecta obediencia. Al pedir le el pannuestro de cada da, practicamos la pobreza deespritu y el desasimiento de los bienes de la tierra.Rogndole que nos perdo ne nuestros pecados,hacemos un acto de arre pentimiento; y perdonan-do a los que nos ofen dieron, ejercitamos la miseri-cordia en su ms alta perfeccin. Pidindole soco-rro en las ten taciones, hacemos actos de humil-dad, de pru dencia y de fortaleza. Esperando quenos libre del mal, practicamos la paciencia. En fin,pidindole todas estas cosas no solamente paranosotros, sino tambin para el prjimo y para

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  • todos los fieles de la Iglesia, hacemos ofi cio de ver-daderos hijos de Dios, le imitamos en la caridad,que alcanza a todos los hombres, y cumplimos elmandamiento de amar al prjimo.

    43. Detestamos todos los pecados y obser -vamos todos los mandamientos de Dios cuan doal rezar esta oracin siente nuestro corazn deacuerdo con la lengua y no tenemos ningu naintencin contraria al sentido de estas divi naspalabras. Pues cuando reflexionamos que Diosest en el cielo es decir, infinitamente elevadosobre nosotros por la grandeza de su majestad,entramos en los sentimientos del ms profundorespeto en su presencia; y, sobrecogidos de temor,huimos del orgullo, abatindonos hasta el anona-damiento. Al pro nunciar el nombre del Padrerecordamos que debemos la existencia a Dios pormedio de nuestros padres, y del mismo modonuestra instruccin por medio de los maestros,que representan aqu, para nosotros, a Dios, dequien son vivas imgenes; y nos sentimos obli -gados a honrarles, o por mejor decir a hon rar aDios en sus personas, y nos guardamos muy biende despreciarlos y afligirlos.

    Cuando deseamos que el santo nombre deDios sea glorificado, estamos muy lejos de pro -fanarlo. Cuando miramos el reino de Dios comonuestra herencia, renunciamos en abso luto a losbienes de este mundo; cuando since ramenterogamos para nuestro prjimo los bie nes quedeseamos para nosotros mismos, renunciamos al

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  • odio, a la disensin y a la envi dia. Pidiendo a Diosnuestro pan de cada da, detestamos la gula y lavoluptuosidad que se nutren de la abundancia.Rogando a Dios ver daderamente que nos perdo-ne como nosotros perdonamos a nuestros deudo-res, reprimimos nuestra clera y nuestra vengan-za, devolvemos bien por mal y amamos a nues-tros enemigos. Pidiendo a Dios que no nos dejecaer en el peca do en el momento de la tentacin,demostra mos huir de la pereza y que buscamoslos medios de combatir los vicios y buscar nues-tra salvacin. Rogando a Dios que nos libre delmal, tememos su justicia y somos felices por queel temor de Dios es el principio de la sabi dura.Por el temor de Dios evita el hombre el pecado.

    Decimaquinta Rosa

    EXCELENCIA DEL AVEMARA

    44. La salutacin anglica es tan sublime,tan elevada, que el Beato Alano de la Roche hacredo que ninguna criatura puede compren derlay que slo Jesucristo, hijo de la Santsima Virgen,puede explicarla. Tiene ori gen su principal exce-lencia en la Santsima Virgen, a quien se dirigi,de su fin, que fue la Encarnacin del Verbo parala cual se trajo del cielo y del arcngel SanGabriel, que la pronunci el primero.

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  • La salutacin resume en la sntesis ms con -cisa toda la teologa cristiana sobre la SantsimaVirgen. Se encuentra en ella una alabanza y unainvocacin. Encierra la ala banza cuanto forma laverdadera grandeza de Mara; la invocacin com-prende todo lo que debemos pedirle y lo que de subondad pode mos alcanzar. La Santsima Trinidadha reve lado la primera parte; Santa Isabel, ilumi-nada por el Espritu Santo, aadi la segunda; yla Iglesia en el primer Concilio de feso en 4302,ha puesto la conclusin, despus de condenar elerror de Nestorio y de definir que la SantsimaVirgen es verdaderamente Madre de Dios. ElConcilio orden que se invocase a la SantsimaVirgen bajo esta gloriosa cualidad, expresada porestas palabras: Santa Mara, madre de Dios,ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la horade nuestra muerte.

    45. La Santsima Virgen Mara fue aque lla aquien se hizo esta divina salutacin para llevar a

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    2. Dando por cierta una conjetura de San Pedro Canisio,haba llegado a ser opinin corriente en tiem po del SantoMontfort y todava la sostienen no pocos que la segundaparte del avemara se aadi en el Concilio de feso. Mejorestudiada hoy la cuestin, puede decirse que sustancialmentela frmula Santa Mara, Madre de Dios, ruega por nosotroses todava ms antigua, como se ven en las liturgias siriaca,copta y etope y en las letanas de la romana; pero como adi -cin a la salutacin anglica no consta que se usaran estaspalabras hasta mucho despus, y slo desde el siglo XVI se hanaceptado constantemente. (V. Cartas Crtico-literarias sobre elavemara, por el M. I. Sr. Dr. Juan Ayneto, cannigo de Lrida,c. vr.)

  • cabo el asunto ms grande e impor tante delmundo, la Encarnacin del Verbo Eterno, la pazentre Dios y los hombres y la redencin del gne-ro humano. Embajador de tan dichosa nueva fueel arcngel Gabriel, uno de los primeros prncipesde la corte celestial. La salutacin anglica con-tiene la fe y la espe ranza de los patriarcas, de losprofetas y de los apstoles; es la constancia y lafuerza de los mrtires, la ciencia de los doctores,la perse verancia de los confesores y la vida de losreli giosos. (Beato Alano) Es el cntico nuevo dela ley de gracia, la alegra de los ngeles y de loshombres, el terror y la confusin de los demo-nios.

    Por la salutacin anglica, Dios se hizo hom-bre, y la Virgen Madre de Dios; las almas de losjustos salieron del limbo, las ruinas del cielo serepararon y los tronos vacos se ocu paron denuevo, se perdon el pecado, se nos dio la gracia,curronse las enfermedades, resucitaron losmuertos, se llam a los deste rrados, se aplac laSantsima Trinidad y obtu vieron los hombres lavida eterna. En fin, la salutacin anglica es elarco iris, el emblema de la clemencia y de la gra-cia dadas al mundo por Dios. (Beato Alano)

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  • Decimasexta Rosa

    BELLEZAS DE LA SALUTACIN ANGLICA

    46. Aun cuando no hay nada tan grandecomo la Majestad Divina, ni nada tan abyectocomo el hombre considerado como pecador,sin embargo, esta Majestad Suprema no des deanuestros homenajes; se complace cuando canta-mos sus alabanzas. Y la salutacin del ngel esuno de los cnticos ms hermosos que podemosdirigir a la gloria del Altsimo. Entonar un cn-tico nuevo.3 Este cntico nuevo que David predi-jo se cantara a la venida del Mesas es la saluta-cin del Arcngel. Hay un cntico antiguo y uncntico nuevo. El antiguo es el que cantaron losisraelitas en reconocimiento de la creacin, laconservacin, la libertad de su esclavitud, el pasodel Mar Rojo, el man y todos los dems favoresdel cielo. El cntico nuevo es el que cantan loscristianos en accin de gracias por laEncarnacin y por la Redencin. Como estos pro-digios se realizaron por la salutacin del ngel,repetimos esta salutacin para agradecer a laSantsima Trinidad estos beneficios inestimables.Alaba mos a Dios Padre, porque tanto am al

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    3. Sal 144 (143), 9.

  • mundo que lleg a darle su nico Hijo para sal-varle. Bendecimos al Hijo porque descendi delcielo a la tierra, porque se hizo hombre y porquenos ha redimido. Glorificamos al Espritu Santoporque ha formado el cuerpo pursimo de Jess,que fue la vctima de nuestros pecados. Con esteespritu de agradecimiento debemos rezar lasalutacin anglica, acompandola de actos defe, esperanza, amor y accin de gracias por elbeneficio de nuestra salvacin.

    47. Aunque este cntico nuevo se dirigedirectamente a la Madre de Dios y encierra suselogios, es, no obstante, muy glorioso para laSantsima Trinidad, porque todo el honor querendimos a la Santsima Virgen vuelve a Dios,causa de todas sus perfecciones y virtudes. DiosPadre es glorificado porque honramos a la msperfecta de sus criaturas. El Hijo es glo rificadoporque alabamos a su pursima Ma dre. ElEspritu Santo es glorificado porque admiramoslas gracias de que fue colmada su Esposa.

    Del mismo modo que la Santsima Virgen,con su hermoso Magnificat, dedica a Dios las ala-banzas y bendiciones que le tributa Santa Isabelpor su eminente dignidad de Madre del Seor,enva tambin inmediatamente a Dios los elogiosy bendiciones que le hacemos por la salutacinanglica.

    48. Si la salutacin anglica da gloria a laSantsima Trinidad, es tambin la ms perfec taalabanza que podemos dirigir a Mara.

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  • Santa Matilde, deseando saber por qu mediopodra testimoniar mejor la ternura de su devo-cin a la Madre de Dios, fue arrebata da en espri-tu, y se le apareci la Santsima Virgen llevandosobre el pecho la salutacin anglica escrita enletras de oro, y le dijo: Sabe, hija ma, que nadiepuede honrarme con una salutacin ms agrada-ble que la que me ofreci la Beatsima Trinidad,por la cual me elev a la dignidad de Madre deDios. Por la palabra ave, que es el nombre deEva, supe que Dios, con su omnipotencia, mehaba pre servado de todo pecado y de las mise-rias a que estuvo sujeta la primera mujer. El nom-bre de Mara, que significa Seora de luz, indi-ca que Dios me llen de sabidura y de luz, comoastro brillante, para iluminar el cielo y la tie rra.Las palabras llena de gracia expresan que elEspritu Santo me colm de tantas gra cias, quepuedo comunicarlas con abundancia a quieneslas piden por mediacin ma. Diciendo el Seores contigo, se me recuerda el gozo inefable quesent en la Encarnacin del Verbo divino. Cuandose me dice bendita t eres entre todas las muje-res, alabo a la divina misericordia, que me eleva tan alto grado de felicidad. A las palabras: ben-dito es el fruto de tu vientre, Jess, todo el cielo seregocija de ver a Jess, Hijo mo, adorado y glori-ficado por haber salvado a los hombres.

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  • Decimasptima Rosa

    FRUTOS MARAVILLOSOS DEL AVEMARA

    49. Entre las cosas admirables que la Sant -sima Virgen revel al Beato Alano de la Roche ysabemos que este gran devoto de Mara confirmcon juramento sus revelaciones, hay tres msnotables: la primera, que es seal probable einmediata de eterna reprobacin tener negligen-cia, tedio y aversin a la saluta cin anglica, queha reparado el mundo; la segunda, que los quesienten devocin a esta salutacin divina tienengrandes probabilida des de predestinacin; la ter-cera, que los que han recibido del cielo el favor deamar a la Santsima Virgen y servirla por afectodeben cuidar con el mayor esmero de continuaramndola y sirvindola hasta que Ella los coloqueen el cielo, por medio de su Hijo, en el grado degloria conveniente a sus mritos (Beato Alano).

    50. Todos los herejes, que son hijos del dia -blo, y que llevan las seales evidentes de la repro-bacin, tienen horror al avemara; apren den elpadrenuestro, pero no el avemara y preferiranllevar sobre s una serpiente antes que unRosario.

    Entre los catlicos, los que llevan el signo dela reprobacin no se cuidan apenas del Rosario,

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  • son negligentes en rezarlo o lo rezan con fasti dioy precipitadamente.

    Aunque yo no aceptara con fe piadosa lo reve-lado al Beato Alano de la Roche, mi expe rienciame basta para estar persuadido de esta terrible ydulce verdad. Yo no s, ni veo con claridad cmoes que una devocin aparente mente tan pequeapuede ser seal infalible de eterna salvacin, y sudefecto, signo de repro bacin; y no obstante,nada ms cierto. Nosotros mismos vemos quequienes en nues tros das profesan las doctrinasnuevas conde nadas por la Iglesia4, a pesar de supiedad apa rente, descuidan la devocin delRosario y con frecuencia lo separan del coraznde quienes les rodean, con los pretextos ms her-mosos del mundo. Se guardan muy bien de con-denar abiertamente el Rosario y el escapulario,como hicieron los calvinistas; pero su manera deconducirse es tanto ms perniciosa cuanto mssutil. Hablaremos de ello a continuacin.

    51. Mi avemara, mi Rosario o mi corona, sonmi oracin preferida y mi muy segura pie dra detoque para distinguir a los que van diri gidos porel espritu de Dios de los que estn bajo la ilusindel espritu maligno. He conoci do almas queparecan volar, como las guilas, hasta las nubes,por su sublime contemplacin, y que, no obstan-te, eran desdichadamente engaadas por eldemonio, y slo pude descu brir sus ilusiones al

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    4. Los jansenistas.

  • verlas rechazar el avemara como algo que resul-taba poco para ellas.

    El avemara es un roco celeste y divino que,al caer en el alma de un predestinado, le comuni-ca admirable poder para producir toda clase devirtudes; y cuanto ms regada est el alma poresta oracin, ms se ilumina su esp ritu, ms seabrasa su corazn y fortifica con tra sus enemigos.

    El avemara es un dardo penetrante e infla -mado, que, unido por un predicador a la palabrade Dios que anuncia, le da fuerza para atravesary convertir los corazones ms duros, aun cuan dono tenga el orador extraordinario talento naturalpara la predicacin. sta fue la secreta arma que,como dejo dicho, ense la Santsima Virgen aSanto Domingo y al Beato Alano para convertir alos herejes y a los pecadores.

    ste es el origen de la prctica de los pre -dicadores de rezar un avemara al principio desus predicaciones, segn asegura San An tonino.

    Decimaoctava Rosa

    BENDICIONES DEL AVEMARA

    52. Esta divina salutacin atrae sobre noso -tros la bendicin abundante de Jess y Mara,porque es principio infalible que Jess y Mararecompensan magnnimamente a quienes les

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  • glorifican: devuelven centuplicadas las bendi -ciones que reciben: Amo a los que me aman...enriquezco a aquellos que me aman y colmo susbodegas. (Prov 8, 17 ... 21). Es lo que clamanclara mente Jess y Mara: Amamos a quienesnos aman, los enriquecemos y colmamos susbodegas. (2 Cor 9, 6).

    Los que siembran bendiciones, recogernbendiciones. Ahora bien, rezar debidamente lasalutacin anglica no es amar, bendecir y glori-ficar a Jess y Mara? En cada avemara decimosuna bendicin doble, una a Jess y otra a Mara:Bendita t eres entre todas las mujeres y bendi-to es el fruto de tu vientre, Jess. Por cada ave-mara rendimos a Mara el mismo honor queDios le rindi, saludndola con el arcngelGabriel. Quin podr creer que Jess y Maraque tantas veces hacen bien a quienes les maldi-cen lancen maldicin contra quienes les honrany bendicen con el avemara?

    La Reina de los cielos, dicen San Bernardo ySan Buenaventura, no es menos agradecida ycorts que las personas de ms alta condicin delmundo; las aventaja en tal virtud como en todaslas dems perfecciones y no dejar que la honre-mos respetuosamente sin damos el ciento poruno. Mara dice San Buenaven tura nos saludacon la gracia si la saludamos con el avemara.

    Quin podr comprender las gracias y ben -diciones que operan en nosotros el saludo y lasmiradas benignas de la Santsima Virgen?

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  • Desde el momento en que oy Santa Isabel elsaludo que le haca la Madre de Dios, fue llena delEspritu Santo, y su nio saltaba de gozo. Si noshacemos dignos del saludo y la bendicin rec-procos de la Santsima Virgen, seremos sin dudallenos de gracia, y un torrente de consue los espi-rituales inundar nuestras almas.

    Decimanona Rosa

    FELIZ PERMUTA

    53. Est escrito: Dad y se os dar.Tomemos la comparacin del Beato Alano: Si yoos diese cada da ciento cincuenta diaman tes, nome perdonarais aunque fuerais mi enemigo?No me otorgarais como a amigo todas las gra-cias posibles? Queris enriquece ros con bienesde gracia y de gloria? Saludad a la SantsimaVirgen, honrad a vuestra bonda dosa Madre.

    El que honra a su Madre, la SantsimaVirgen, es como el que atesora. (Si 3, 5)

    Presentadle, al menos, cincuenta avemarasdiariamente, cada una de las cuales contienequince piedras preciosas, que le son ms agra -dables que todas las riquezas de la tierra. Qu nopodris esperar de su liberalidad? Ella es nuestraMadre y nuestra amiga. Es la Empe ratriz delUniverso, que nos ama ms que todas las madres

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  • y reinas reunidas amaron a hombre alguno, por-que, como dice San Agustn, la caridad de laVirgen Mara excede a todo el amor natural detodos los hombres y de todos los ngeles.

    54. Nuestro Seor se apareci un da a SantaGertrudis contando monedas de oro; ella tuvocuriosidad de preguntarle qu conta ba. Cuentorespondi Jesucristo tus avema ras: son lamoneda con que se compra mi paraso.

    El devoto y docto Surez, de la Compaa deJess, estimaba de tal modo la salutacin ang -lica, que deca que con gusto dara toda su cien -cia por el precio de un avemara bien dicha.

    55. El Beato Alano de la Roche se dirige asa la Santsima Virgen: Que quien te ama, ohexcelsa Mara, escuche esto y se llene de gozo:

    El cielo exulta de dicha, y de admiracin latierra, cuando digo Ave, Mara.

    Satn huye temeroso y el infierno tembloro-so, cuando digo Ave, Mara.

    Mientras aborrezco al mundo, en amor deDios me inundo cuando digo Ave, Mara.

    Mis temores se disipan, mis pasiones se apa-ciguan, cuando digo Ave, Mara.

    Se aumenta mi devocin y alcanzo la con -tricin cuando digo Ave, Mara.

    Se confirma mi esperanza, mi consuelo seagiganta, cuando digo Ave, Mara.

    Mi alma de gozo palpita, mi tristeza se disi -pa, cuando digo Ave, Mara, porque la dulzura deesta suavsima salutacin es tan grande que no

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  • hay trmino apropiado para explicarla debida-mente, y despus que hubiera uno dicho de ellamaravillas, resultara an tan escondida y pro-funda que no podramos des cubrirla. Es corta enpalabras, pero grande en misterios; es ms dulceque la miel y ms pre ciosa que el oro. Es precisotenerla frecuente mente en el corazn para medi-tarla y en la boca para decirla y repetirla devota-mente.

    Refiere el mismo Beato Alano, en el captu loLXIX de su Salterio, que una religiosa muy devo-ta del Rosario se apareci despus de su muerte auna de sus hermanas y le dijo: Si pudiera volvera mi cuerpo para decir sola mente un avemara,aun cuando fuera sin mucho fervor, por tener elmrito de esa ora cin, sufrira con gusto cuantosdolores padec antes de morir. Hay que advertirque haba sufrido durante varios aos cruelesdolores.

    56. Miguel de Lisle, Obispo de Salubre, dis -cpulo y colega del Beato Alano de la Roche en elrestablecimiento del Santo Rosario, dice que lasalutacin anglica es el remedio de todos losmales que nos afligen, con tal que la recemosdevotamente en honor de la San tsima Virgen.

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  • Vigsima Rosa

    BREVE EXPLICACIN DEL AVEMARA

    57. Estis en la miseria del pecado? Invocada la divina Mara; decirle: Ave, que quiere decir:Os saludo con profundo respeto, oh Seora, quesois sin pecado, sin desgracia. Ella os librar delmal de vuestros pecados.

    Estis en las tinieblas de la ignorancia o delerror? Venid a Mara; decidle: Ave, Mara, esdecir: Iluminada con los rayos del sol de jus -ticia. Ella os comunicar sus luces.

    Estis separados del camino del cielo?Invocad a Mara, que quiere decir: Estrella delmar y Estrella polar que gua nuestra navega cinen este mundo. Ella os conducir al puer to deeterna salvacin.

    Estis afligidos? Recurrid a Mara, que quie-re decir: mar amargo, que fue llena de amargu-ras en este mundo, al presente cambiada en marde pursimas dulzuras en el cielo. Ella convertirvuestra tristeza en alegra y vuestras afliccionesen consuelos.

    Habis perdido la gracia? Honrad la abun -dancia de gracias de que Dios llen a la SantsimaVirgen; decidle: Llena de Gracia y de todos losdones del Espritu Santo. Ella os dar sus gracias.

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  • Os sents solos y abandonados de Dios?Dirigos a Mara y decidle: El Seor es conti goms noble e ntimamente que en los justos y lossantos, porque eres con l una misma cosa; pues,siendo tu Hijo, su carne es tu carne, y, dado queeres su Madre, ests con el Seor por perfectasemejanza y mutua cari dad. Decidle, en fin:Toda la Trinidad Santsima est contigo, puesT eres su Templo precioso. Ella os colocarbajo la pro teccin y salvaguardia de Dios.

    Habis llegado a ser objeto de la maldicinde Dios? Decid: Eres bendita entre todas lasmujeres y de todas las naciones por tu pureza ygran poder; T cambiaste la maldicin divi na enbendicin. Ella os bendecir.

    Estis hambrientos del pan de la gracia y delpan de la vida? Acercaos a la que ha lleva do elpan vivo que descendi del cielo; decidle:Bendito es el fruto de tu vientre, que conce bistesin detrimento de tu virginidad, que lle vaste sintrabajo y que diste a la vida sin dolor. Sea bendi-to Jess, que rescat del cautiverio al mundo, quecur al mundo enfermo, resucit al hombremuerto, hizo volver al desterrado, justific alhombre criminal, salv al hombre condenado.Sin duda tu alma ser saciada del pan de la gra-cia en esta vida y de la gloria eter na en la otra.Amn.

    58. Concluid vuestra oracin con la Iglesia, ydecid: Santa Mara, santa en cuerpo y alma,santa por tu abnegacin singular y eterna en el

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  • servicio de Dios, santa en calidad de Madre deDios, que te ha dotado de una santidad emi nente,como convena a tan infinita dignidad. Madre deDios y tambin Madre nuestra, nues tra Abogaday Mediadora, Tesorera y Dispen sadora de las gra-cias de Dios, procranos prontamente el perdnde nuestros pecados y nuestra reconciliacin conla Majestad divina. Ruega por nosotros, pecado-res, pues tienes tanta compasin con los misera-bles, que no desprecias ni rechazas a los pecado-res, sin los cuales no seras la Madre del Salvador.Ruega por nosotros ahora, durante el tiempo deesta corta vida frgil y miserable; ahora, porqueslo nos pertenece el momento presente; ahora,que estamos acometidos y rodeados noche y dade poderosos y crueles enemigos, y en la hora denuestra muerte, tan terrible y peligrosa, en quenuestros espritus y nuestros cuerpos estarnabatidos por el dolor y el terror; en la hora denuestra muerte, en que S