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Septimus (1) Septimus - Angie Sage

Jun 15, 2015

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geiserjbs

un libro que te lleva a un mundo de fantacia lleno de magia, se los recomiendo

SEPTIMUS

ARGUMENTO:

Todo ocurri la noche ms larga y fra del ao. Una nia es rescatada de una muerte segura. Un beb, destinado a tener poderes sobrenaturales, muere a las pocas horas de nacer. Marcia, la Maga Extraordinaria, abandona precipitadamente el palacio Han pasado nueve aos y la calma parece haber vuelto a todos los hogares; sin embargo, en casa de los Heap estn a punto de recibir una visita que har que tengan que enfrentarse a la peor de sus pesadillas y a la ms trepidante aventura.

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SEPTIMUS

SERIE INFINITA

ANGIE SAGE

SEPTIMUSTraduccin de Teresa Camprodn

Ttulo original: Septimus Heap Book One: Magyk Primera edicin: marzo 2005

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SEPTIMUS

Para Lois, que estaba ah Al principio, y para Laurie, que Me provee de Magogs

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SEPTIMUS

ALGO EN LA NIEVE

1 Silas Heap se envolvi apretadamente en la capa para protegerse de la nieve. Haba dado una larga caminata por el Bosque y estaba helado hasta los huesos. A pesar del fro, en los bolsillos tena las plantas que Galen, la mdico, le haba dado para su ltimo hijo, Septimus, que acababa de nacer ese mismo da. Al aproximarse al Castillo, Silas alcanzaba a divisar las luces parpadeantes a travs de los rboles a medida que se iban colocando velas en las ventanas de las altas y exiguas casas que se apiaban alrededor de las murallas exteriores. Era la noche mas larga del ao, y las velas seguiran ardiendo hasta el alba para ayudar a mantener a raya la oscuridad. A Silas siempre le haba gustado ese paseo hasta el Castillo, no tema el Bosque durante el da y disfrutaba de un apacible recorrido por la angosta senda que se abra paso, metro a metro, a travs de la espesura. Ahora se encontraba cerca del lindero del Bosque, los altos rboles empezaban a escasear y, al internarse la senda en el lecho del valle, Silas poda ver el Castillo entero alzarse ante el. Las viejas murallas abrazaban el anchuroso y serpenteante ro y zigzagueaban alrededor de los desordenados grupos de casas. Todas ellas estaban pintadas de vivos colores y aquellas que daban al oeste parecan en llamas cuando sus ventanas captaban los ltimos rayos del sol invernal. El Castillo haba nacido como una pequea aldea. Al estar tan cerca del Bosque, los

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SEPTIMUS aldeanos haban levantado algunas piedras altas como proteccin contra los zorros, las brujas y los hechiceros, que solo pensaban en robarles sus ovejas, sus gallinas y en ocasiones sus nios. Cuantas ms casas se construan, mas se extendan las murallas para que todos pudieran sentirse a salvo. Pronto el Castillo atrajo a hbiles artesanos de otros pueblos. Creci y prosper tanto, que a sus habitantes empez a faltarles espacio, hasta que decidieron construir los Ddalos. Los Ddalos, que era donde Silas, Sarah y los nios vivan, era una gran edificacin de piedra que se levantaba a la orilla del ro. Se extenda casi cinco kilmetros a lo largo de la ribera y volva al Castillo. Era un lugar ruidoso y bullicioso ocupado por una maraa de pasadizos y cmaras, pequeos talleres, escuelas y tiendas mezcladas con residencias, minsculas terrazas ajardinadas e incluso un teatro. No haba mucho espacio en los Ddalos, pero a la gente no le importaba; siempre haba buena compaa y los nios siempre encontraban compaeros de juegos. Mientras el sol de invierno se hunda bajo los muros del Castillo, Silas aceler el paso. Necesitaba llegar a la puerta norte antes de que la cerraran al anochecer e izaran el puente levadizo. Fue entonces cuando Silas not que algo andaba cerca. Algo vivo, pero apenas nada ms. Era consciente de que en algn lugar, cerca de l, lata un pequeo corazn humano. Silas se detuvo. Como mago ordinario era capaz de notar cosas, pero no era un mago ordinario especialmente bueno, tena que hacer un gran esfuerzo de concentracin. Se qued quieto mientras la nieve caa deprisa a su alrededor y cubra sus pisadas. Y entonces oy algo... un sollozo, un gimoteo, una leve respiracin? No estaba seguro, pero fue suficiente. Debajo de un matorral, junto al camino, haba un fardo. Silas levanto el fardo y, para su sorpresa, se encontr mirando fijamente a los ojos adustos de un pequesimo beb. Silas cogi al beb en brazos y se pregunt cmo habra acabado aquella nia all, tirada en la nieve en el da ms fro del ao. Alguien la haba envuelto, bien arropada, en una gruesa manta de lana, pero ya se estaba quedando helada: tena los labios amoratados y nieve en las pestaas. Mientras los ojos violeta oscuro le miraban intensamente, Silas tuvo la incmoda sensacin de que la nia haba visto en su corta vida ms de lo que ningn beb debera ver. Tras pensar en su Sarah, que estaba en casa, caliente y a salvo con Septimus y los chicos, Silas decidi que tendran que hacer espacio para un pequeo ms. Cuidadosamente envolvi al beb en su capa verde de mago y lo apret contra l mientras corra hacia la puerta

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SEPTIMUS del Castillo. Lleg al puente levadizo justo cuando Gringe, el portero, estaba a punto de salir y gritarle al chico que empezara a izarlo. - Estas apurando mucho gru Gringe. Pero los magos sois raros. No se por que queris todos estar fuera en un da como este. . Oh? Silas quera dejar atrs a Gringe lo antes posible, pero antes tena que cruzarle la palma de la mano con plata. Silas rpidamente encontr un penique de plata en uno de sus bolsillos y se lo dio. Gracias, Gringe. Buenas noches. Gringe mir el penique como si se tratara de un asqueroso escarabajo. Marcia Overstrand me dio media corona hace un momento: pero ella tiene clase, ahora es una maga extraordinaria. Que? Silas casi se atraganta. Si. Clase, eso es lo que tiene. Gringe retrocedi para dejarle pasar, y Silas se col. Aunque Silas se mora de ganas de saber por que Marcia Overstrand era de repente la maga extraordinaria, notaba que el fardo empezaba a rebullir en la calidez de su capa y algo le dijo que seria mejor que Gringe no supiera nada de l. Mientras Silas desapareca en las sombras del tnel que llevaba hasta los Ddalos, una figura alta sali y le cerr el paso. - Marcia! Exclam Silas. Que demonios...? No le cuentes a nadie que la has encontrado. Es tu hija. Lo entiendes? Impresionado, Silas asinti con la cabeza y, antes de que le diera tiempo a decir nada, Marcia desapareci en un resplandor de niebla prpura. Silas pas el resto del largo y sinuoso viaje por los Ddalos con la mente hecha un lo. Quien era esa recin nacida? Que tenia Marcia que ver con ella? Y por que ahora era Marcia la maga extraordinaria? Y mientras Silas se acercaba a la gran puerta roja que conduca a la abarrotada casa de la familia Heap, se plante otra pregunta an ms acuciante: que dira Sarah al tener que cuidar a otro bebe ms? Silas no tuvo que pensar mucho rato la ltima cuestin. Cuando se dispona a abrir la puerta, esta se abri y sali disparada una mujer gruesa y de cara roja, vestida con la tnica azul oscuro de comadrona, que a punto estuvo de darse de bruces con l. Ella tambin llevaba un fardo, pero el fardo estaba vendado de la cabeza a los pies y lo llevaba bajo el brazo como

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SEPTIMUS si fuera un paquete y llegase tarde a correos. - Muerto! -grit la comadrona. Apart a Silas de un fuerte empelln y corri por el pasillo. Dentro de la habitacin, Sarah Heap chillaba. Silas entro con el corazn encogido. Vio a Sarah rodeada de seis niitos de caras blancas, demasiado asustados para llorar. Se lo ha llevado se lament Sarah con impotencia. Septimus ha muerto y ella se lo ha llevado. En ese momento un lquido caliente empez a empapar el fardo que Silas aun ocultaba bajo su capa. Silas no tenia palabras para lo que quera decir, de modo que se limit a sacar el fardo de debajo de su capa y colocarlo en los brazos de Sarah. Sarah Heap rompio a llorar.

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SEPTIMUS

2SARAH Y SILAS

El fardo se cri en el hogar de los Heap y se llamo Jenna, como la madre de Silas. El ms pequeo de los chicos, Nicko, solo tenia dos aos cuando Jenna llego y pronto se olvid de su hermano Septimus. Los chicos mayores poco a poco tambin lo olvidaron; queran a su hermanita y llevaban a casa todo tipo de tesoros para ella de las clases de Magia que reciban en el colegio. Por supuesto, Sarah y Silas no podan olvidar a Septimus. Silas se maldijo a si mismo por dejar a Sarah sola y salir a buscar hierbas para el beb por consejo de la mdico. Sarah se culpaba a si misma por lo ocurrido. Aunque apenas poda recordar lo sucedido aquel terrible da, Sarah saba que haba intentado devolverle la vida al beb y haba fracasado. Recordaba ver a la comadrona vendar a su pequeo Septimus de la cabeza a los pies y luego correr hacia la puerta, mientras gritaba por encima del hombro: Muerto!. Sarah recordaba bien todo aquello. Pero Sarah pronto empez a querer a su niita tanto como haba querido a Septimus. Durante un tiempo temi que viniera alguien a llevarse a Jenna tambin, pero, a medida que pasaban los meses y Jenna se converta en un beb regordete y gorjeante que gritaba Mam mas fuerte que ninguno de los chicos, Sarah se relaj y casi dej de preocuparse. Hasta el da que su mejor amiga, Sally Mullin, lleg sin resuello a la puerta de su casa. Sally Mullin era una de esas personas que estaban al corriente de todo lo que suceda en el Castillo. Era una mujer menuda y revoltosa cuyo ralo cabello pelirrojo sobresala siempre de algo parecido a un mugriento gorro de cocinero. Tena una agradable cara redonda, un poco -8-

SEPTIMUS rechoncha de comer tantos pasteles, y sus ropas solan estar salpicadas de harina. Sally diriga un pequeo caf situado abajo, en el pontn junto al ro. El cartel de la puerta anunciaba: Saln de te y cervecera Sally Mullin Habitaciones limpias Gentuza no No haba secretos en el caf de Sally Mullin; todo aquello o todo aquel que llegase al Castillo por agua era advertido y se converta en objeto de comentarios, y la mayora de la gente que se diriga al Castillo prefera llegar por barco. A nadie le gustaban las o