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La fortaleza perdida PENTALOGÍA DEL CLÉRIGO, LIBRO 4 R. A. Salvatore TIMUN MAS
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Pentalogia del Clerigo 4 - La fortaleza - R.A. Salvatore.pdf

Sep 28, 2015

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  • La fortaleza perdida

    PENTALOGA DEL CLRIGO, LIBRO 4

    R. A. Salvatore

    TIMUN MAS

  • Diseo de cubierta: Valerio Viano Ilustracin de cubierta: Daren Bader

    Ttulo original: The Fallen Fortress. The Cleric Quintet, Book Four Traduccin: Miquel Alonso Huguet

    2002 Wizards of the Coast Inc. All rights reserved

    Derechos exclusivos de la edicin en lengua castellana: Grupo Editorial Ceac, S.A., 2003

    Paseo Manuel Girona, 71 bajos - 08034 Barcelona (Espaa) Tmun Mas es marca registrada por Grupo Editorial Ceac, S.A.

    www.editorialceac.com info@ceacedit.com

    ISBN: 84-480-3740-5 (Obra completa) ISBN: 84-480-3744-8 (Volumen 4)

    Depsito legal: B. 18.707-2003 Impreso en Espaa por A&M Grfic, S.L.

  • NDICE

    Prlogo ..................................................................................................... 61 Sin tiempo para la culpa ........................................................................ 92 Andar por la cuerda floja .................................................................... 153 Justificar los medios ............................................................................ 194 Un indicio de lo venidero .................................................................... 265 Lucha de voluntades ........................................................................... 346 En el camino ........................................................................................ 407 Pavor ................................................................................................... 438 El viejo Fyren ...................................................................................... 479 Energa residual ................................................................................... 5410 Ascendiendo ...................................................................................... 6011 Bombardeo ........................................................................................ 6612 Caos ................................................................................................... 7413 Creer .................................................................................................. 8014 La fortaleza ....................................................................................... 8715 La palabra sagrada ............................................................................ 9516 Una voz en el viento ....................................................................... 10417 Cautela enana .................................................................................. 10818 Diez ojos ......................................................................................... 11219 Amigos perdidos, amigos encontrados ........................................... 12120 Rayo por rayo, fuego por fuego ...................................................... 12821 Tregua? .......................................................................................... 13322 Baza ganadora ................................................................................. 14023 El fin de la guerra ............................................................................ 149Eplogo ................................................................................................. 154

  • A ta Terry, que nunca sabr lo mucho que su apoyo ha significado para m

  • Prlogo

    Aballister caminaba por la calle Lakeview de Carradoon. Llevaba la capa negra ceida a su figura huesuda para protegerse de los vientos invernales que soplaban desde el lago Impresk. Haba llegado a Carradoon despus del amanecer, pero ya conoca los brbaros acontecimientos acaecidos en la Bragueta del Dragn. Cadderly, su hijo abandonado y su enemigo, haba escapado a la banda de asesinos que haba enviado para matarlo.

    Aballister ri entre dientes ante la ocurrencia, y un sonido jadeante sali de sus labios agostados por los aos de articular desesperados conjuros, de canalizar demasiadas energas hormigueantes para propsitos destructivos.

    Cadderly ha escapado?, medit Aballister, como si la idea fuera absurda. Cadderly, sin embargo, haba hecho algo ms que escapar. Junto a sus amigos, el joven clrigo haba aniquilado el contingente de Mscaras de la Noche ms de veinte asesinos profesionales, y adems haba matado a Bogo Rath, el segundo subordinado de Aballister en la estricta jerarqua del Castillo de la Trada.

    Todo el populacho de Carradoon hablaba de las hazaas del joven clrigo de la Biblioteca Edificante. Empezaban a susurrar que Cadderly podra ser su esperanza en esos tiempos oscuros.

    Cadderly se haba convertido en algo ms que un problema menor para Aballister. El mago no senta un orgullo paternal por las gestas de su hijo. Aballister tena designios para la

    regin, intenciones de conquistarla brindadas por Talona. La primavera anterior, esas intenciones le haban parecido fciles de cumplir; las fuerzas del Castillo de la Trada sumaban ms de ocho mil miembros, entre guerreros, magos y clrigos de Talona. Pero entonces Cadderly haba detenido de improviso a Barjin, el poderoso clrigo que haba atacado el corazn de la fuerza de la regin, la Biblioteca Edificante. En la siguiente estacin, Cadderly haba conducido a los elfos del bosque de Shilmista a una sorprendente victoria sobre las fuerzas de goblinoides y gigantes, siguiendo a un considerable nmero de los aclitos del Castillo de la Trada hasta sus madrigueras en las montaas.

    Ni siquiera los Mscaras de la Noche, posiblemente la banda de asesinos ms temida en el corazn de los Reinos, haban sido capaces de detener a Cadderly. Entonces el invierno se acercaba veloz, las primeras nieves haban cado sobre la regin y la invasin de Carradoon por parte del Castillo de la Trada tendra que esperar.

    La luz de la tarde comenzaba a disminuir cuando Aballister gir hacia el sur por la avenida del Puente, pasando junto al lago, entre los edificios bajos de madera de la ciudad. Atraves las puertas abiertas del cementerio de Carradoon y lanz un conjuro sencillo para localizar la tumba de Bogo Rath. Esper a que la noche engullera por completo la zona, dibuj unas pocas runas de proteccin en la nieve y el barro que rodeaba la tumba, y se arrebuj an ms en la capa para protegerse del fro mortal.

    Cuando se apagaron las luces de la ciudad y aument la quietud en las calles, el mago empez el conjuro, la invocacin del otro mundo. Sigui durante varios minutos. Aballister armoniz su mente con la regin tenebrosa entre los planos; intentaba encontrarse con el espritu invocado a medio camino. Termin el conjuro con una simple llamada: Bogo Rath.

    Pareci que el viento se centraba alrededor del macilento hechicero y atesoraba las nieblas nocturnas en unas formas que se arremolinaban mientras cubran el suelo por encima de la tumba.

    La bruma se apart de pronto, y la aparicin surgi ante Aballister. Aun no siendo corprea, se materializ justo como Aballister recordaba al joven Bogo: los cabellos largos y lisos le caan hacia un lado, y los ojos se movan inquisitivos, desconfiados, en una y otra direccin. No obstante, haba una diferencia, algo que hizo que incluso el duro Aballister se estremeciera. Una llamativa herida parta en

  • dos el pecho de Bogo. A pesar de la penumbra, vea la columna ms all de las costillas y los pulmones de la aparicin.

    Un hacha explic la voz triste y etrea de Bogo, que puso una mano menos que tangible dentro de la herida y en su cara se form una sonrisa macabra. Te gustara tocarla?

    Aballister haba tratado con espritus invocados un centenar de veces y supo que no podra tocar la herida aunque se lo propusiera; supo que aquello slo era una aparicin, la ltima imagen del cuerpo desgarrado de Bogo. El espritu no poda daar al mago, ni poda tocarlo, y por el poder vinculante de la llamada mgica de Aballister, respondera con sinceridad a un cierto nmero de preguntas. No obstante, inconscientemente, se estremeci de nuevo y dio un precavido paso hacia atrs, repelido por la idea de poner su mano en aquella herida.

    Cadderly y sus amigos te mataron empez Aballister. S respondi Bogo, aunque las palabras de Aballister haban sido una afirmacin y no una

    pregunta. El mago se reprendi por ser tan necio. Slo se permitan un nmero determinado de preguntas

    antes de que la magia se disipara y el espritu se desvaneciera. Se record a s mismo que deba tener cuidado en expresar sus afirmaciones de manera que no fueran interpretadas como preguntas.

    S que Cadderly y sus amigos te mataron, y tambin que eliminaron a la banda de asesinos declar.

    La aparicin aparentemente sonri; no estaba seguro de si el avispado espritu lo tentaba a malgastar otra pregunta o no. El mago quiso continuar la conversacin que tena en mente, pero no pudo resistir ese cebo.

    Estn todos... empez lentamente, tratando de encontrar la manera ms rpida de descubrir la suerte del grupo de asesinos al completo; sin embargo, se call con sensatez, resolviendo ser tan especfico como fuera posible y finalizar esa parte de la discusin con eficiencia. Cul de los asesinos sigue vivo?

    Slo uno respondi Bogo, obediente. Un firbolg traidor llamado Vander. De nuevo, el ineludible cebo. Traidor? repiti Aballister. Se ha unido Vander a nuestros enemigos? S... y s. Maldicin reflexion Aballister. Complicaciones. Siempre parecan surgir complicaciones

    all donde se meta su hijo. Han vuelto a la biblioteca? pregunt. S. Vendrn al Castillo de la Trada? El espritu, que empezaba a desvanecerse, no respondi, y Aballister se dio cuenta de que se haba

    equivocado, ya que le haba planteado una pregunta a la aparicin que requera una hiptesis, una pregunta que en ese momento poda no tener respuesta.

    No he acabado! grit el mago, tratando de aferrar con desesperacin aquella cosa incorprea. Extendi las manos, y stas atravesaron la imagen de Bogo, que se desvaneca; intent agarrarlo,

    pero ya haba desaparecido. Aballister se qued solo en el cementerio. Comprendi que el espritu de Bogo volvera a l cuando

    encontrara una respuesta concluyente a la pregunta. Pero cundo ser eso? se pregunt Aballister. Y qu futura fechora causarn Cadderly y

    sus amigos antes de que encuentre la informacin que necesito para acabar con ese grupo problemtico? Eh, t! llam una voz desde la avenida del Puente, a la que sigui el ruido de unas botas sobre

    el empedrado. Quin est en el cementerio despus del anochecer? Quieto donde ests!

  • Aballister apenas percibi a los dos guardias de la ciudad que se precipitaron a travs de la puerta del cementerio y se apresuraron hacia l. El mago pensaba en Bogo; en el fallecido Barjin, que haba sido el clrigo ms poderoso del Castillo de la Trada, y en el tambin fallecido Ragnor, principal guerrero del castillo. Pero, sobre todo, el mago pensaba en Cadderly, el causante de todos sus problemas.

    Los guardias estaban casi sobre Aballister cuando empez el cntico. Levant los brazos hacia los lados mientras los otros se abalanzaban sobre l y trataban de alcanzarlo. La ltima palabra de activacin del conjuro lanz a los dos hombres hacia atrs, arrojados por el aire debido al poder liberado de la magia, mientras Aballister, en un instante, envi su cuerpo de vuelta a sus aposentos privados en el Castillo de la Trada.

    Los aturdidos guardias de la ciudad se levantaron del suelo hmedo, se miraron el uno al otro y salieron disparados por las puertas del cementerio, convencidos de que tendran menos problemas si llegaban a la conclusin de que no haba sucedido nada en aquel espeluznante lugar.

    Cadderly estaba sentado sobre el tejado de una seccin de dos pisos de altura de la Biblioteca Edificante mientras observaba cmo los dedos brillantes del sol se extendan a travs de las llanuras al este de las montaas. Otros dedos se expandieron desde los altos picos que rodeaban la posicin de Cadderly para unirse a aquellos que culebreaban hacia arriba desde la hierba. Arroyos de montaa, plata reluciente, volvieron a la vida, y el follaje del otoo, pardo y amarillo, rojo y naranja brillante, pareci estallar en llamas.

    Percival, la ardilla blanca, salt a lo largo del canaln del tejado cuando avist al joven clrigo, y Cadderly casi solt una carcajada al comprobar el ansia de la ardilla por unirse a l (saba que era un deseo que emanaba de las tripas siempre ruidosas de Percival). Hundi la mano en una bolsa de su cinturn, sac algunas nueces con cscara y las esparci a los pies del animal.

    Todo le pareca muy normal al joven clrigo, como haba sido en el pasado. Percival brinc contento entre su comida favorita, y el sol continu subiendo, venciendo el fro del tardo otoo, incluso a aquella altitud en las Copo de Nieve.

    Aunque Cadderly vea ms all de las apariencias. Las cosas, desde luego, no eran normales; no para el joven clrigo y para la Biblioteca Edificante. Haba estado de viaje; con los elfos del bosque de Shilmista y en la ciudad de Carradoon. Haba luchado en diferentes combates y haba conocido de primera mano la realidad de un mundo duro; pero tambin haba comprendido que los clrigos de la biblioteca, hombres y mujeres que haban elevado sus miradas durante su vida entera, no eran tan sabios y poderosos como una vez haba credo.

    La nica idea que acaparaba los pensamientos del joven Cadderly cuando se haba sentado all, en el soleado tejado, era que algo haba ido bastante mal dentro de la orden de Deneir y entre los clrigos de Oghma, los compaeros huspedes de la biblioteca. Le pareca a Cadderly que la metodologa se haba vuelto ms importante que la necesidad; que los clrigos de la biblioteca haban quedado enterrados bajo montones de pergaminos intiles cuando lo que se necesitaba era una accin decisiva.

    Y saba que esas races putrescentes se haban hundido a ms profundidad. Pens en Innominado, el conmovedor leproso que se haba encontrado en la carretera de Carradoon. Innominado haba venido a la biblioteca para pedir ayuda y se haba encontrado con que los clrigos de Deneir y Oghma estaban, la mayor parte, ms preocupados por su propia incapacidad de curarlo que por las consecuencias de su grave afliccin.

    S decidi Cadderly, algo anda muy mal en mi apreciada biblioteca. Se tendi de espaldas en el tejado gris poco inclinado y lanz con despreocupacin otra nuez a la ardilla, que roa sonoramente.

  • 1 Sin tiempo para la culpa

    El espritu oy la llamada desde la distancia, flotando a lo largo del vaco gris de su plano olvidado y hediondo. Las notas lastimosas no dijeron ni una palabra discernible, y con todo, para el alma, parecieron decir su nombre.

    Espectro, lo llamaron claramente, arrancndolo del estircol y el fango de su averno. Espectro, dijo la meloda otra vez. El miserable mir a las sombras agazapadas que lo rodeaban, almas perversas, los restos de gente infame. l tambin era una sombra, una cosa atormentada, que penaba castigos por toda una vida de villanas.

    Pero entonces lo llamaban, lo sacaban de su tormento con las notas de una familiar meloda. Familiar? La hebra delgada que quedaba de la conciencia viva de Espectro se tens para recordar mejor, para

    rememorar su vida antes de esa infecta y vaca existencia. Espectro pens en la luz del sol, en sombras, en asesinar...

    El Ghearufu!, comprendi el malfico Espectro. El Ghearufu, el objeto mgico que haba llevado en vida durante tantas dcadas, lo llamaba, lo conduca de vuelta desde los mismsimos fuegos del infierno!

    Cadderly! Cadderly! solloz Vicero Belago, el alquimista residente de la Biblioteca Edificante, cuando vio al joven clrigo ante su puerta en el tercer piso de la enorme biblioteca. Hijo mo!, es tan bonito que hayas vuelto a nosotros!

    El hombre enjuto a punto estuvo de dar saltos de alegra por su laboratorio, entre mesas cubiertas de vasos de precipitados y viales, espirales que goteaban y montones de gruesos libros. Abraz a Cadderly cuando ste entr en la habitacin, y le dio unas fuertes palmadas en la espalda.

    Cadderly mir por encima del hombro de Belago a Danica y se encogi de hombros con impotencia, a lo que ella contest con el guio de uno de sus exticos ojos y una sonrisa blanca y nacarada.

    Omos que unos asesinos fueron a por ti, hijo explic Belago mientras estiraba los brazos para apartar a Cadderly y estudiarlo como si esperara encontrar la daga de un asesino sobresaliendo del pecho del joven. Temamos no volver a verte.

    El alquimista le apret los brazos, aparentemente sorprendido de lo slido y fuerte que se haba vuelto el joven clrigo en el corto tiempo que haba estado fuera de la biblioteca. Como una abuela preocupada, Belago pas la mano por el pelo largo y castao de Cadderly, apartando los siempre despeinados mechones de la cara del joven.

    Estoy bien respondi Cadderly con calma. sta es la Casa de Deneir, y yo soy un discpulo de Deneir. Por qu no iba a volver?

    Su modesto juicio y la mirada serena de los ojos grises tuvieron un efecto calmante en el alborotado alquimista. Belago empez a barbotear una respuesta, pero se detuvo en mitad de un tartamudeo y, finalmente, asinti.

    Ah!, y lady Danica continu el alquimista, que alarg la mano y acarici con delicadeza el espeso enredo de cabellos cobrizos, esbozando una sincera sonrisa.

    Pero la sonrisa de Belago desapareci casi de inmediato, y baj los brazos y la mirada.

  • Omos lo del maestre Avery dijo en voz baja, subiendo y bajando la cabeza, con la expresin de la cara llena de resignacin.

    La mencin del corpulento Avery Schell, el padre adoptivo de Cadderly, golpe al joven clrigo con fuerza. Quiso explicar al pobre Belago que el espritu de Avery permaneca con su dios. Pero cmo empezar? Belago no lo entendera; nadie que no hubiera estado en el mundo espiritual y hubiera sido testigo de la divina y gloriosa sensacin podra entenderlo. En contra de esa ignorancia, cualquier cosa que Cadderly dijera sonara como una frase manida y ridcula; las tpicas palabras de consuelo que se decan normalmente y que sonaban poco convincentes.

    Me han dicho que quieres hablar conmigo dijo, en cambio, Cadderly, que elev su tono para hacer de la afirmacin una pregunta, y as dio paso a un nuevo tema.

    S dijo Belago en voz baja. Al fin, dej de asentir, y sus ojos mostraron sorpresa cuando cruz su mirada con la del joven clrigo. Oh, s! grit como si acabara de recordar ese hecho. Claro... Por supuesto!

    Obviamente avergonzado, el enjuto alquimista dio saltitos hacia el otro lado de la habitacin para llegar a una pequea alacena. Manose un enorme manojo de llaves, murmurando para s durante todo el rato.

    Te has convertido en un hroe remarc Danica, advirtiendo los movimientos del hombre. Cadderly no pudo disentir de la observacin de Danica. Nunca antes Vicero Belago se haba

    alborozado al ver al joven clrigo. Cadderly siempre haba sido un cliente exigente, y a menudo haba llevado los talentos de Belago ms all de sus lmites. Debido al arriesgado proyecto que Cadderly le haba encargado, el laboratorio de Belago haba explotado una vez.

    Sin embargo, de eso haca mucho tiempo; haba sido antes de la batalla del bosque de Shilmista, antes de las hazaas de Cadderly en Carradoon, la ciudad situada en la orilla este del lago Impresk.

    Antes de que Cadderly se convirtiera en un hroe. Hroe. Qu ridculo ttulo, pens el joven clrigo. No haba hecho ms que Danica o cualquiera de los

    hermanos Rebolludo, Ivn y Pikel, en Carradoon. Y l, a diferencia de sus robustos amigos, haba huido de la batalla en el bosque de Shilmista; haba huido debido a que no poda soportar los horrores.

    De nuevo, baj la mirada hacia Danica. Sus ojos castaos lo confortaron como slo ellos podan hacerlo. Qu bella es!, advirti Cadderly. El perfil de la mujer era tan delicado como el de un cervatillo recin nacido, y los cabellos desordenados le caan libremente sobre los hombros. Bella e indomable, determin, pues una fuerza interior brillaba con claridad a travs de aquellos ojos exticos y almendrados.

    Entonces, Belago volvi, al parecer, nervioso y con las manos tras la espalda. Te dejaste esto cuando regresaste del bosque de los elfos explic mostrando la mano izquierda. Sostena un cinturn de cuero con una ancha y poco profunda cartuchera lateral, que luca una

    ballesta de mano. No tena ni idea de que la necesitara en la tranquila Carradoon replic Cadderly con sencillez

    al coger el cinturn y atrselo. Danica observ al joven clrigo con inters. La ballesta se haba convertido en un smbolo para

    Cadderly, un smbolo de lo mucho que odiaba la violencia, como saban aquellos que lo conocan mejor. Ver cmo la aceptaba con tanta facilidad, con una actitud casi caballerosa, parti el corazn de Danica.

    Cadderly not la mirada de la mujer y su confusin. Sin embargo, pens que acaso hara pedazos muchas ideas preconcebidas en los das venideros, ya que l haba llegado a ver los peligros a los que se enfrentaba la Biblioteca Edificante de un modo que no estaba al alcance de otros.

    Descubr que casi te habas quedado sin dardos tartamude Belago. Quiero decir... que no hay que pagar nada por este lote. Sac la otra mano y mostr una bandolera llena de virotes

  • especialmente forjados para la diminuta ballesta. Pens que te lo deba... Todos te lo debemos, Cadderly.

    Cadderly estuvo a punto de soltar una carcajada ante la absurda proclama, pero respetuosamente mantuvo el control y acept el muy valioso regalo del alquimista con un solemne asentimiento. Desde luego, los dardos eran especiales: ahuecados en el centro, en el que se alojaba un vial que Belago haba llenado con el voltil aceite de impacto.

    Mi agradecimiento por el regalo dijo el joven clrigo. Ten por seguro que has ayudado en la continua lucha de la biblioteca contra el mal que representa el Castillo de la Trada.

    Belago pareci complacido por el comentario. Acept el apretn de manos de Cadderly mientras balanceaba la cabeza una vez ms. Se qued all plantado, sonriendo de oreja a oreja, mientras Cadderly y Danica salan al vestbulo.

    Cadderly an poda sentir la persistente incomodidad de Danica y ver la desilusin grabada en su rostro. La mirada ceuda del joven clrigo se contrapuso a ese desengao.

    He apartado el sentimiento de culpa porque no tiene cabida en m ofreci como justificacin. Ahora no, con todo lo que queda por hacer. Pero no he olvidado a Barjin, o ese da funesto en las catacumbas.

    Danica apart la mirada hacia el vestbulo, pero entrelaz su brazo con el de Cadderly, mostrndole que confiaba en l.

    Otra forma, curvilnea y evidentemente femenina, entr en el corredor mientras la pareja se diriga a la habitacin de Danica, en el extremo sur del edificio. Danica afirm su agarre en el brazo de Cadderly ante la fragancia de un perfume extico y avasallador.

    Mis saludos, bello Cadderly ronrone la contorneada clriga ataviada con la tnica escarlata. No puedes imaginarte lo complacida que estoy de que hayas vuelto.

    La fuerza con la que lo asa Danica casi cort el flujo de la sangre del brazo de Cadderly; sinti cmo los dedos le hormigueaban. Supo que su cara mostraba un tono rojo profundo, tan rojo como la reveladora tnica de Histra. Se dio cuenta de que era, quizs, el vestido ms modesto que haba visto nunca llevar a la lujuriosa sacerdotisa de Sune, la diosa del amor, pero eso no lo haca modesto para los patrones de nadie ms. La parte frontal estaba cortada en una V tan baja que Cadderly sinti que podra vislumbrar el ombligo de Histra si se pona de puntillas, y aunque la tnica era larga, el corte frontal resultaba increblemente alto, mostrando la suntuosa pierna de Histra cuando pona un pie ante el otro en su tpica postura cautivante.

    Histra no pareci contrariada por la evidente incomodidad de Cadderly ni por el creciente enfurruamiento de Danica. Dobl una pierna, y el muslo se asom por completo entre los exiguos pliegues de la tnica.

    Cadderly se oy tragar saliva y no se dio cuenta de que miraba como un majadero la descarada exhibicin hasta que las pequeas uas de Danica dibujaron profundas lneas en su brazo.

    Ven a visitarme, querido Cadderly ronrone Histra, que mir con desdn a la mujer agarrada al brazo de Cadderly. Cuando no ests tan ocupado, por supuesto.

    Lentamente, Histra se dirigi a su habitacin. El suave chirrido de la puerta mientras la cerraba se perdi bajo el reiterado sonido que Cadderly haca al tragar.

    Yo... tartamude. Al final, mir a Danica a los ojos. La mujer solt una carcajada y lo condujo por el pasillo. No temas dijo con un tono demasiado condescendiente. Comprendo tu relacin con la

    clriga de Sune. En realidad, me da lstima. Cadderly, perplejo, baj la mirada hacia Danica. Si Danica deca la verdad, entonces por qu tena

    hinchadas las venas de su musculoso brazo? Desde luego, no estoy celosa de Histra continu Danica. Confo en ti con todo mi corazn.

  • Se detuvo ante su puerta y se volvi hacia Cadderly. Una mano roz el contorno de su cara; la otra estaba situada sobre la cadera.

    Confo en ti repiti Danica. Adems aadi la fogosa joven luchadora en tono diferente y ms fuerte mientras se volva hacia su habitacin, si alguna vez ocurriera algo romntico entre t y esa masa de carne trmula testaruda y pintarrajeada, te pondra la nariz mirando a Aguas Profundas.

    De improviso, Danica entr en su habitacin para recoger el libro de notas que ella y Cadderly haban preparado para la reunin con el decano Thobicus. El joven clrigo permaneci en el corredor, pensando en el verdadero alcance de la amenaza y rindose por dentro. Danica era treinta centmetros ms baja que l y, con un poco de suerte, pesaba cuarenta y cinco kilos menos. Andaba con la soltura de una bailarina y luchaba con la tenacidad de un oso picado por una abeja.

    Aunque el joven clrigo no estaba nada preocupado. Histra se haba pasado la vida practicando para ser seductora, y sus propsitos en relacin con Cadderly no eran un secreto. Pero no tena posibilidades; ni una sola mujer en el mundo tena probabilidad alguna de romper el lazo entre Cadderly y su Danica.

    Una mano ennegrecida y calcinada surgi de la tierra acabada de remover, y se extendi, desesperada, hacia el aire. Un segundo brazo, quemado de modo similar y roto en un ngulo grotesco entre la mueca y el codo, la sigui, y agarrndose al fango, tir de la prisin natural que sujetaba al lamentable cuerpo. Al final, la criatura encontr suficiente agarre como para sacar su cabeza sin pelo de la tumba poco profunda y regresar al mundo de los vivos.

    Examinando la escena, la negruzca cabeza daba vueltas sobre un cuello que no era ms que piel marchita pegada a los huesos. En un instante fugaz, el desgraciado se pregunt qu haba sucedido. Cmo haba sido enterrado?

    A una corta distancia, colina abajo, la criatura vio el brillo de las luces del atardecer de una pequea granja. Junto a ella haba otra estructura, un establo.

    Un establo! El pequeo trozo de conciencia que una vez perteneci a un hombre llamado Espectro recordaba

    ese establo. Espectro ya haba visto ese cuerpo, su cuerpo, carbonizado por el maldito Cadderly en ese mismo establo! La forma malvada cogi algo de aire (una accin que no podra llamarse respirar en lo que concerna a esa cosa no-muerta) y arrastr su ennegrecido y marchito cuerpo fuera del hoyo. Las notas lejanas, aunque extraamente familiares, de una meloda continuaron tamborileando en el fondo de su leve conciencia.

    Precariamente, Espectro camin a grandes zancadas hacia la estructura. Los recuerdos de ese horrible y aciago da retornaron con ms fuerza a cada paso.

    Espectro haba usado el Ghearufu, un poderoso artefacto con energas mgicas pertenecientes al mundo espiritual, para robar el cuerpo del firbolg Vander, un socio involuntario. Disfrazado como ste, con la fuerza de un gigante, Espectro aplast su propio cuerpo y lo lanz al otro lado del establo.

    Y entonces, Cadderly lo quem. El monstruo maligno baj la mirada hacia los huesudos brazos, las prominentes costillas y el hueco

    armazn que de alguna manera viva. Cadderly haba quemado su cuerpo, ese cuerpo! Un odio resuelto consumi a la miserable criatura. Espectro quera matar a Cadderly, a cualquier ser

    querido del joven clrigo, a todo el mundo. Espectro estaba en el establo en ese momento. Los pensamientos sobre Cadderly haban

    desaparecido rpidamente en la nada y haban sido reemplazados por una rabia dispersa. La puerta estaba al otro lado, pero la criatura comprendi que no necesitara la puerta, que se haba convertido en algo ms para que un material tan simple como un entablado de madera bloqueara su camino. La forma marchita fluctu, se volvi insustancial y atraves la pared.

    Oy cmo el caballo relinchaba antes de que volviera del todo al mundo material; vio a la pobre bestia con los ojos temerosos y cubierta de sudor. La visin complaci a la cosa no-muerta; oleadas de

  • una nueva sensacin de gozo atravesaron a Espectro mientras ola el terror del animal. El monstruo no-muerto deambul hasta situarse ante el caballo y dej que la lengua saliera de su boca hambrienta. Con toda la piel de los lados de la lengua quemada, su aguda punta colg ms all de la ennegrecida barbilla. El caballo no hizo un solo sonido; estaba demasiado aterrorizado para moverse e, incluso, respirar.

    Con un jadeo de maligna anticipacin, Espectro puso sus fras y mortales manos contra los lados de la cabeza del animal.

    El caballo se desplom, muerto. Espectro sise con deleite, sin embargo, aunque not el estmulo de la muerte, no se sinti saciado.

    Su apetito exiga ms; no era suficiente la muerte de un simple animal. Se dirigi al otro lado del establo y, de nuevo, atraves la pared; sali ante las ventanas iluminadas de la granja. Una forma oscura, humana, se movi por una de las habitaciones.

    Espectro estaba en la puerta principal, incapaz de decidir si atravesar la madera, hacer trizas la puerta o, simplemente, llamar y dejar que la oveja fuera hacia el lobo. Aunque la criatura no tom la decisin conscientemente, mir a un lado de la puerta, a un pequeo cristal, y vio, por primera vez, su propio reflejo.

    Un fulgor rojizo emanaba de las vacas cuencas de sus ojos. La nariz ya no exista; haba sido reemplazada por un agujero oscuro rodeado de jirones irregulares de piel carbonizada.

    Esa pequea parte de la conciencia de Espectro que recordaba la vida anterior perdi todo el control ante la visin de aquel reflejo abominable. El ultraterreno alarido del monstruo hizo que los animales de la granja enloquecieran y rompi de tal modo la tranquilidad de la noche de otoo que ni una tempestad habra conseguido lo mismo. Se oy ruido de pies en el interior, justo detrs de la puerta, pero el enloquecido monstruo ni se dio cuenta. Con una fuerza ms all de todo lo humano, llev sus huesudas manos al centro de la puerta y empuj hacia los lados, astillando y rompiendo la madera como si no fuera ms que una delgada hoja de pergamino.

    All haba un hombre con el uniforme de la guardia de la ciudad de Carradoon y una expresin de puro horror. Tena la boca abierta en un aullido silencioso y los ojos tan salidos de las rbitas que pareca que se le iban a caer de la cara.

    Espectro se abalanz a travs de la puerta rota y cay sobre l. La piel del hombre se transform, envejeci, bajo el espectral contacto de la criatura; su pelo pas del negro azabache al blanco y cay en grandes mechones. Finalmente, la voz del guardia volvi, y chill y aull, agitando los brazos con impotencia. Espectro lo descuartiz; desgarr su garganta hasta que aquel grito se torn un gorgoteo de pulmones llenos de sangre.

    La criatura oy ruido de pasos. Apart la mirada del muerto y vio a un segundo hombre ms all del vestbulo, en el dintel de una puerta, al otro lado de la pequea cocina de la casa.

    Por los dioses susurr ese hombre, que se lanz hacia la habitacin trasera y cerr la puerta. Con una mano, Espectro levant al muerto y lo arroj lejos de la puerta, a medio camino del

    establo. La criatura flot sobre el suelo, saboreando el asesinato, an con hambre de ms. Su forma fluctu de nuevo, y atraves la habitacin y otra puerta cerrada.

    El segundo hombre, tambin guardia de la ciudad, estaba ante la maldita cosa, dando mandobles frenticamente hacia el horrible monstruo. Pero el arma nunca toc a Espectro; se desliz a travs de la niebla insustancial y etrea en la que se transform. El hombre intent alejarse, pero Espectro mantuvo la distancia, rebas el mobiliario con el que haba tropezado el guardia y atraves las paredes para encontrarse al aterrorizado soldado al otro lado de una puerta.

    El tormento continu por un largo y agonizante rato. El hombre, indefenso, finalmente sali a la noche; aunque perdi su espada mientras trastabillaba en los escalones del porche. Se puso en pie y corri hacia la negra noche; corri a toda velocidad en direccin a Carradoon, aullando durante todo el camino.

    Espectro poda volver a materializarse en cualquier momento y despedazar al guardia, pero de algn modo la criatura sinti que disfrutaba de esa sensacin, ese aroma del terror, incluso ms que del

  • asesinato. Se sinti ms fuerte por ello, como si de alguna manera se hubiera nutrido de los gritos as como de las emociones del horrorizado hombre.

    Pero eso haba acabado. Aquel hombre se haba ido, y el otro ya haca rato que haba muerto y no ofreca ms diversiones.

    Espectro aull de nuevo cuando la delgada hebra de conciencia que persista descubri en lo que se haba convertido, lo que el miserable Cadderly haba creado. Recordaba poco de su vida pasada, slo que estaba entre los asesinos mejor pagados del mundo de los vivos, un asesino profesional, un artista del homicidio.

    Entonces la criatura era un no-muerto, un fantasma, una carcasa hueca y animada por energas del mal.

    Despus de ms de un siglo en posesin del Ghearufu, Espectro haba llegado a considerar la vida de una manera muy diferente a los dems. Haba utilizado dos veces los poderes del artefacto mgico para cambiar de cuerpo, matando su forma previa y tomando el nuevo como propio. Y entonces, de algn modo, el alma de Espectro, al menos una parte de ella, haba vuelto a su plano. Por algn extrao truco del destino, Espectro se haba levantado de entre los muertos.

    Pero cmo? Espectro no poda recordar del todo su vida en el ms all, pero sinti que de ningn modo haba sido placentera.

    Imgenes de sombras aullantes lo rodeaban; sus garras negras rasgaban el aire ante su ojo interior. Qu lo haba trado desde la tumba? Qu haba impelido a su espritu a caminar una vez ms por Faerun? La criatura examin sus dedos, los pies, para descubrir algn signo del anillo regenerativo que una vez llev. Pero record con claridad que Cadderly se lo haba robado.

    Espectro sinti una llamada en el viento, silenciosa pero apremiante. Y familiar. Volvi sus ojos brillantes hacia las distantes montaas y oy de nuevo la llamada.

    El Ghearufu. El espritu maligno comprendi; record haber escuchado el sonido de esa meloda en el lugar de

    castigo eterno. El Ghearufu lo haba llamado para que regresara. Por el poder del Ghearufu, Espectro caminaba por Faerun una vez ms. En ese confuso y abrumador momento, la criatura no pudo decidir si era algo bueno o malo. Mir de nuevo sus brazos y su torso, marchitos y atroces, y se pregunt si podra resistir la luz del da. Qu futuro aguardaba a Espectro en semejante estado? Qu esperanzas poda albergar?

    La silenciosa llamada volvi otra vez. El Ghearufu! Quera que Espectro regresara, y con su poder, el espritu de la criatura seguramente podra robar un

    nuevo cuerpo, una forma viva. En Carradoon, no demasiado lejos de la granja, el horrorizado guardia tropez ante la puerta

    cerrada; gritando que haba fantasmas, lloraba por su compaero cruelmente asesinado. Si la dotacin de soldados de la puerta tuvo alguna duda sobre la sinceridad del hombre, slo necesitaron mirar su cara, una cara que aparentaba mucha ms edad que los treinta aos que haba vivido el guardia.

    Un gran contingente de hombres, incluido un clrigo del templo de Ilmater, sali a caballo de la puerta de Carradoon menos de una hora ms tarde. A toda velocidad, se dirigieron hacia la granja, preparados para presentar batalla al espritu maligno. Espectro ya estaba lejos entonces; algunas veces andaba, otras flotaba mientras atravesaba los campos, segua la llamada del Ghearufu, su nica oportunidad de salvacin.

    Slo los gritos de los animales nocturnos, los aterrorizados balidos de las ovejas, el atemorizado ulular de la lechuza, sealaban el paso del fantasma.

  • 2 Andar por la cuerda floja

    Haca tiempo que haba amanecido, pero la habitacin en la que entr Cadderly segua a oscuras; las sombras se apretaban con fuerza a las ventanas. El joven clrigo se movi hacia la cama sin hacer ruido, sin la intencin de perturbar el sueo de la maestre Pertelope.

    Si el maestre Avery haba sido el padre adoptivo de Cadderly, entonces la sabia Pertelope haba sido su madre. Y en ese momento, con la descubierta comprensin de la armoniosa cancin de Deneir, Cadderly sinti que necesitaba a Pertelope ms que nunca, ya que ella tambin oa las misteriosas notas de esa cancin sin fin; ella tambin trascenda los confines normales de la orden clerical. Si Pertelope hubiera estado junto a Cadderly en la discusin con Thobicus, entonces su argumentacin habra sido reforzada, y el envejecido decano se hubiera visto forzado a aceptar la verdad de las revelaciones de Cadderly.

    Pero Pertelope no poda estar con l. Descansaba en su cama, mortalmente enferma, alcanzada por los caprichos de un conjuro mgico que se haba descontrolado. Su cuerpo haba quedado atrapado en algn momento en medio de una transformacin entre la suave y blanda piel de un humano y los dentculos afilados de un tiburn, y entonces ni el aire ni el agua podan satisfacer las necesidades fsicas de la maestre.

    Cadderly le acarici el cabello, ms gris de lo que lo recordaba, como si Pertelope hubiera envejecido. De algn modo se sorprendi cuando ella abri los ojos, que seguan manteniendo su brillo inquisitivo, y se las ingeni para mostrarle una sonrisa.

    Cadderly se esforz en devolverle la mirada. Debis recuperar vuestras fuerzas le susurr. Os necesito. Pertelope sonri de nuevo, y sus ojos se cerraron lentamente. El suspiro de Cadderly fue de impotente resignacin. Empez a alejarse de la cama para evitar que

    las fuerzas de Pertelope disminuyeran, pero inesperadamente la maestre le habl. Cmo fue tu reunin con el decano Thobicus? Cadderly se volvi hacia ella, sorprendido por la fuerza de esa voz, y porque Pertelope supiera que

    se haba reunido con el decano Thobicus. No haba salido de su habitacin en muchos das, y en las pocas ocasiones que Cadderly haba ido a verla, no haba mencionado la prevista reunin.

    Aunque debera haberlo imaginado. Mientras reflexionaba sobre la pregunta, record que ella tambin oa la cancin de Deneir. Ella y Cadderly estaban ntimamente unidos por fuerzas ms all de lo que los otros clrigos de la biblioteca podran llegar a entender, unidos en un bao comn que era la cancin de su dios.

    No fue bien admiti Cadderly. El decano Thobicus no comprende razon Pertelope. Cadderly sospech que la maestre haba sufrido demasiados encuentros parecidos con Thobicus y

    otros clrigos que no podan entender su especial relacin con Deneir. Cuestion mi autoridad para estigmatizar a Kierkan Rufo explic Cadderly. Y orden que

    yo y el Ghearufu... Cadderly hizo una pausa, preguntndose cmo poda describir el peligroso artefacto, pero Pertelope le apret la mano, y sonri, y supo que le comprenda. El decano Thobicus me orden que se lo entregara al intendente de la biblioteca finaliz Cadderly.

    No apruebas ese procedimiento?

  • Lo temo admiti Cadderly. Hay una voluntad en ese artefacto, al menos una fuerza racional que puede doblegar a cualquiera que lo lleve. Yo mismo tuve que luchar contra las llamadas seductoras del Ghearufu desde que lo cog de las manos del cuerpo del asesino carbonizado.

    Esto suena a arrogancia, joven clrigo interrumpi Pertelope, que puso el nfasis en la palabra joven.

    Cadderly se detuvo a considerar la respuesta. Quiz sus sentimientos podan ser considerados arrogantes, pero aun as crea en ellos. Poda controlar la fuerza del Ghearufu; lo haba controlado hasta ese punto, al menos. Entonces Cadderly tena una agudeza especial, un talento de Deneir del que carecan otros de su orden, con la excepcin de Pertelope.

    Eso es bueno dijo la maestre, respondiendo a su propia acusacin. Cadderly la mir con inters, sin comprender adnde llevaba el razonamiento de ella. Deneir te ha llamado explic Pertelope. Debes creer en ello. Cuando descubriste por primera

    vez tus crecientes poderes, no los comprendiste y les tuviste miedo. En cambio, cuando llegaste a confiar en ellos, aprendiste sus usos y limitaciones. Y as debe ser con tus instintos y tus emociones, sensaciones aumentadas por la cancin que siempre suena en tu mente. Crees que sabes cul es la manera de proceder en lo que concierne al Ghearufu?

    La s replic Cadderly con firmeza y sin importarle que sus palabras destilaran arrogancia. Y en lo referente a la marca de Kierkan Rufo? Cadderly pas un momento pensando en la pregunta, ya que el caso de Rufo pareca abarcar

    muchos ms edictos sobre el procedimiento adecuado, un procedimiento que Cadderly evidentemente se haba saltado.

    Hice lo que la tica de Deneir me dictamin decidi. No obstante, el decano Thobicus duda de mi autoridad con argumentos lgicos.

    Desde su punto de vista replic Pertelope. La tuya era una autoridad moral, mientras que el poder del decano sobre semejantes situaciones proviene de una fuente diferente.

    De una jerarqua creada aadi Cadderly que permanece ciega a la verdad de Deneir. Ri entre dientes sin mostrar sarcasmo. Y esa jerarqua nos mantendr controlados hasta que el coste de la guerra con el Castillo de la Trada se multiplique por diez con creces.

    Lo har? Era una pregunta simple, hecha con sencillez por una clriga que careca de la fuerza necesaria para

    levantarse de la cama. No obstante, para Cadderly, las connotaciones de la pregunta se tornaron bastante complejas, implicndolo tanto a l y sus futuras acciones como a la nica respuesta posible. Saba en su corazn que Pertelope le instaba a prevenir lo que acababa de profetizar: le impela a usurpar la autoridad del clrigo de ms alto rango de su orden y terminar rpidamente con la influencia del Castillo de la Trada.

    Su recatada sonrisa le confirm sus sospechas. Alguna vez os habis atrevido a desautorizar al decano? pregunt Cadderly sin rodeos. Nunca he estado en semejante situacin desesperada replic la maestre. De repente, su voz sonaba dbil, como si sus esfuerzos por mantenerse despierta hubieran

    alcanzado su fin. Te lo dije cuando descubriste tu don por primera vez continu, detenindose a menudo para

    recuperar aliento: se requerirn muchas de esas cosas de ti; tu coraje ser puesto a prueba a menudo. Deneir exige inteligencia, pero adems valenta de espritu, de modo que se pueda actuar sobre esas decisiones.

    Cadderly? la llamada en voz baja provino de la puerta. Cadderly volvi la mirada hacia atrs para descubrir a Danica, que mostraba una expresin grave.

    Detrs de ella estaba la bella Shayleigh, la doncella elfa, una guerrera del bosque de Shilmista; su lustroso

  • cabello dorado y sus ojos violeta brillaban como el amanecer. No salud a Cadderly, aunque no lo haba visto en muchas semanas, por el respeto que le mereca la solemne situacin.

    El decano Thobicus te espera explic Danica en voz baja, cuyo tono son lleno de agitacin. No entregaste el Ghearufu...

    Su voz se perdi cuando Cadderly volvi la mirada hacia la cama, hacia Pertelope, que pareca muy vieja y cansada.

    Coraje susurr Pertelope, y entonces, mientras Cadderly la miraba con un entendimiento total, la maestre muri plcidamente.

    Cadderly no llam a la puerta ni esper el permiso para entrar en el despacho del decano Thobicus. El marchito hombre, recostado en su silla, miraba por la ventana. Cadderly supo que el hombre acababa de recibir noticias de la muerte de la maestre Pertelope.

    Has hecho lo que se te orden? solt Thobicus tan pronto como se dio cuenta de que haba entrado Cadderly, aunque en ese momento ya haba llegado hasta el escritorio del decano.

    Lo he hecho respondi Cadderly. Bien dijo Thobicus, cuyo enfado disminuy y fue reemplazado por un evidente pesar por el

    fallecimiento de Pertelope. He pedido a Danica y a Shayleigh que se renan con los Rebolludo y con Vander en la puerta

    principal, con provisiones para el viaje explic Cadderly, ponindose apresuradamente el sombrero azul de ala ancha.

    Al bosque de Shilmista? tante Thobicus, como si tuviera miedo de lo que Cadderly estaba a punto de decir.

    Una de las opciones que Thobicus le haba ofrecido a Cadderly era la de servir como emisario a los elfos y al prncipe Elbereth, pero no crey que fuera lo que el joven clrigo daba a entender en ese momento.

    No dijo en un tono de voz inexpresivo. Thobicus se enderez en la silla con una expresin de perplejidad en la cara chupada y curtida.

    Entonces se dio cuenta de que Cadderly llevaba la ballesta de mano y la bandolera de dardos explosivos. El buzak, aquella arma poco convencional de Cadderly, estaba atado al ancho cinturn del joven, cerca de un tubo que l mismo haba construido para emitir un rayo concentrado de luz.

    Thobicus pens en los indicios durante un largo rato. Has entregado el Ghearufu al supervisor de la biblioteca? pregunt sin tapujos. No. Thobicus se estremeci con creciente rabia. Hizo intentos de empezar una frase varias veces, pero

    en vez de ello termin mordindose los labios. Acabas de decir que has hecho lo que se te orden! rugi finalmente. Era el arranque ms furioso que Cadderly haba visto jams en aquel hombre normalmente

    calmado. He hecho lo que Deneir ha ordenado explic Cadderly. Arrogante..., sacrlego... tartamude Thobicus, que con la cara enrojecida se levant de la silla

    de su escritorio. No corrigi Cadderly en tono firme. He hecho lo que Deneir orden, y ahora vos, tambin,

    estis bajo las rdenes de Deneir. Bajaris conmigo al vestbulo y nos desearis a mis amigos y a m buena suerte en nuestra importante misin al Castillo de la Trada.

    El decano trat de interrumpirlo, pero algo que todava no comprenda, algo que se introduca en sus mismsimos pensamientos, lo compela a callarse.

  • Despus continuaris vuestros preparativos para un asalto en primavera explic Cadderly, un plan de reserva para el caso de que mis amigos y yo no podamos cumplir lo que nos proponemos hacer.

    Ests loco! gru Thobicus. No. Thobicus fue a responder, hasta que se dio cuenta de que Cadderly no haba pronunciado palabra.

    Los ojos del decano se entrecerraron y, de pronto, se abrieron como platos cuando descubri que algo lo tocaba; en su mente!

    Qu tratas de decir? exigi, desesperado. No necesitis hablar, le asegur Cadderly telepticamente. Esto es... empez a decir el decano. Ridculo, un insulto a mi posicin finaliz Cadderly, percibiendo y revelando al detalle las

    palabras antes de que las pronunciara Thobicus. El decano se dej caer en la silla. Te das cuenta de las consecuencias de tus acciones?, pregunt mentalmente el decano. Os dais cuenta de que puedo destruir vuestra mente? respondi Cadderly con toda confianza.

    Os dais cuenta, adems, de que mis poderes me los ha otorgado Deneir? El decano mostr una expresin confusa y desconfiada. A qu se refera ese joven advenedizo? Cadderly no senta placer por ese juego repugnante, pero tena poco tiempo para manejar las cosas

    del modo que exiga el correcto proceder de la Biblioteca Edificante. Le orden mentalmente al decano que se pusiera en pie, y luego que se subiera al escritorio.

    Antes de saber lo que haba sucedido, Thobicus se descubri mirando al joven desde arriba. Cadderly mir hacia la ventana, y Thobicus sinti telepticamente cmo el joven clrigo

    murmuraba para s que le resultara bastante sencillo persuadir al decano de que saltara por ella, y de pronto Thobicus crey que lo conseguira! Cadderly solt la mente del decano Thobicus sin avisar, y el decano se cay del escritorio de roble y se desliz de vuelta a su silla.

    No encuentro placer en dominaros de esta manera explic Cadderly con sinceridad, al comprender que los mejores resultados los ganara al restaurar el orgullo del abatido anciano. El dios que ambos reconocemos me concede el poder. sta es la manera como Deneir os explica que tengo razn en estos asuntos. Es una seal para los dos; nada ms. Todo lo que pido...

    Te har marcar! estall Thobicus. Ver cmo sales escoltado y cubierto de cadenas de la biblioteca, martirizado a cada paso del camino por el que te irs de esta regin!

    Sus palabras hirieron a Cadderly; mientras, Thobicus continu su invectiva, y prometi todos y cada uno de los castigos concebibles permitidos por la religin de Deneir. Cadderly se haba criado bajo las reglas del orden, bajo el precepto de que la palabra del decano era ley en la biblioteca, y resultaba verdaderamente terrible dejar a un lado las normas, incluso bajo la luz de una razn mayor, la que sonaba en las notas de la cancin de Deneir. En ese terrible momento centr sus pensamientos en Pertelope, recordando su llamamiento al coraje y a la conviccin.

    Oy cmo la armona de la cancin sonaba en su mente, entr en el atrayente sonido, y de nuevo descubri esos canales de energa que le permitiran entrar en el reino privado que era la mente del decano Thobicus.

    Cadderly y el decano salieron de la biblioteca unos minutos ms tarde, y se reunieron con Danica y Shayleigh; con Vander, el gigante que usaba las habilidades mgicas innatas para parecer un enorme humano de barba rojiza; y con los dos enanos, Ivn, robusto y de barba rubia, y Pikel, de hombros abultados y cuya barba teida de verde pasaba por encima de sus orejas y acababa trenzada con la melena a media espalda. El sonriente decano les dese a Cadderly y a sus cinco compaeros la mayor de las suertes en su misin ms importante, y los despidi con cario mientras se alejaban hacia las Copo de Nieve.

  • 3 Justificar los medios

    Aballister se inclin por encima del hombro de Dorigen, haciendo que la mujer se sintiera algo incmoda. Dorigen dej que su atencin derivara, alejndose de las imgenes de la bola de cristal, y sacudi la cabeza vigorosamente, permitiendo con toda la intencin que el pelo largo y canoso se agitara de manera que le tocara el rostro a Aballister.

    El viejo mago dio un paso hacia atrs y luego se apart un pelo de los labios mientras miraba con intensidad a Dorigen.

    No me di cuenta de que estuvieras tan cerca se disculp Dorigen sin conviccin. Por supuesto replic Aballister en un tono fingido similar. Dorigen reconoci la rabia claramente, pero comprendi que aceptara el insulto sin demasiadas

    quejas. Aballister haba roto su objeto de escrutinio, un espejo mgico, y la experiencia le haba prevenido

    contra la prctica de ms intentos de clarividencia. En ese momento, necesitaba a Dorigen, ya que era bastante ducha en la tcnica.

    Debera anunciarte mi presencia y esperar a que completaras la bsqueda dijo Aballister. Era lo ms cercano a una disculpa que haba odo pronunciar al hombre. se sera el proceder correcto acord Dorigen, cuyos ojos ambarinos brillaron con... Con qu? se pregunt Aballister. Vivo odio? Su relacin haba declinado inexorablemente

    desde que Dorigen haba vuelto de su humillante derrota en el bosque de Shilmista, una derrota que haba sufrido a manos del hijo de Aballister.

    El viejo mago alej sus problemas personales con un encogimiento de hombros. Los has encontrado? pregunt sin tapujos. Dorigen y l podran solucionar su problema despus de que la amenaza inmediata fuera eliminada,

    pero por el momento, los dos tenan preocupaciones mayores. El espritu de Bogo Rath haba vuelto hasta Aballister la noche anterior con la informacin de que Cadderly estaba en camino hacia el Castillo de la Trada.

    La informacin inspiraba agitacin y alborozo en el viejo mago. Aballister estaba obsesionado con la conquista de la regin, una meta que le haba dado el mismo avatar de Talona, y Cadderly, desde luego, pareca estar entre los primeros obstculos a esos designios. El mago no pudo negar el hormigueo por la expectacin que senta ante la idea de combatir a su formidable hijo. Todas las informaciones indicaban que Cadderly no conoca su relacin con Aballister, y el pensar en aplastar al joven advenedizo, en combate mgico y con la escondida verdad, haca crecer la sonrisa cruel que atravesaba las facciones angulosas de Aballister.

    Sin embargo, las noticias de la marcha de Cadderly slo inspiraban miedo en Dorigen. No tena ganas de entramparse de nuevo con el joven clrigo y sus brutales amigos, especialmente entonces, con las manos lastimadas por los golpes que Cadderly les haba dado. Muchos de sus conjuros necesitaban movimientos precisos de las manos, y con los dedos torcidos y las articulaciones hechas pedazos, desde su vuelta del bosque de los elfos ms de un conjuro haba fallado y haba tenido efectos perniciosos.

    No he visto signos de Cadderly respondi Dorigen despus de una larga pausa para estudiar de nuevo las confusas imgenes de la bola de cristal. Supongo que sus compaeros y l acaban de dejar la

  • biblioteca, si es que lo han hecho, y no me atrevo a enviar mi visin mgica tan cerca de la fortaleza de nuestro enemigo.

    Dos horas, y no has descubierto nada? Aballister no pareca complacido. Se pase junto a la pared de la pequea habitacin, mientras los

    marchitos dedos acariciaban de un lado a otro la cortina que separaba el rea del tocador de Dorigen. A pesar de la turbacin, se dibuj una sonrisa en la cara de Aballister cuando record los muchos juegos de los que l y Dorigen haban disfrutado tras la cortina.

    No he dicho eso respondi con aspereza Dorigen, que comprendi la sonrisa confabuladora y se volvi de nuevo hacia la bola de cristal.

    Aballister se precipit al otro lado de la habitacin para mirar con atencin por encima del hombro de su asociada. Al principio, slo una niebla gris se arremolinaba en los confines de la bola de cristal, pero gradualmente, bajo la imposicin de Dorigen, empez a cambiar y a tomar una forma definida.

    Los dos magos contemplaron las colinas de las Copo de Nieve, evidentemente la regin ms al sureste de las montaas, ya que la carretera a Carradoon se vea a simple vista. Algo se mova por esa carretera, algo horrendo.

    El asesino resoll Aballister. Dorigen observ al viejo mago con inters. El espritu de Bogo fue crptico en este punto explic Aballister. Eso que has descubierto era

    uno de los lderes de la banda de los Mscaras de la Noche entonces el nombre parecera apropiado, Espectro. Por lo que parece nuestro querido Cadderly le cogi a Espectro un objeto mgico, y ahora la miserable criatura ha vuelto a por l. Puedes sentir el poder del espritu a travs de la bola?

    Por supuesto que no respondi Dorigen, indignada. Entonces, ve a las montaas a vigilarlo gru Aballister. En l tenemos un potencial aliado,

    uno que puede eliminar nuestros problemas antes de que lleguen al Castillo de la Trada. No. Aballister se enderez como si lo hubieran abofeteado. An no me he recuperado explic Dorigen. Mis conjuros no son seguros. Eres capaz de

    pedirme que me acerque a un espectro maligno y a tu peligroso hijo sin estar recuperada del todo? La referencia a Cadderly como hijo de Aballister hizo que el mago se encogiera, por la evidente

    implicacin de que, de algn modo, todo era culpa de Aballister. Tienes a tu disposicin a alguien mucho ms capaz de medir la fuerza del muerto viviente

    continu Dorigen sin amilanarse; uno que puede comunicarse con la criatura si es necesario y que puede adivinar ms que yo sobre sus intenciones.

    La ira de Aballister desapareci cuando lleg a comprender el razonamiento de Dorigen. Druzil respondi al recordar a su familiar, un malicioso imp de los planos inferiores. Druzil repiti Dorigen en tono burln. Aballister se llev la retorcida mano a su afilada barbilla y mascull. No obstante, pareca

    escptico. Por otra parte ronrone Dorigen, si contino en el castillo, quiz t y yo... Dej que la idea quedara en el aire. Su mirada dirigi la de Aballister hacia la cortina que divida la

    pequea habitacin. Los ojos del viejo mago mostraron sorpresa y la mano le cay a un costado. Contina la bsqueda de mi..., de Cadderly le dijo Aballister. Alrtame al instante si

    descubres su paradero. Despus de todo, hay maneras de detener al muchacho antes de que llegue a las proximidades del Castillo de la Trada.

    El mago se fue de inmediato, pareciendo aturrullado, pero con un evidente andar esperanzado, y Dorigen se volvi de nuevo a su bola de cristal, aunque no retom al punto su observacin. En cambio, consider el derrotero que haba tomado para evitar que Aballister la alejara de all. Ya no senta amor

  • por el hombre, ni respeto, pese a que seguramente era uno de los magos ms poderosos que haba conocido. Aunque haba tomado una decisin; una decisin forzada por las ganas de conducir su vida a buen puerto. Se conoca lo bastante bien para admitir que Cadderly realmente le haba crispado los nervios en el bosque de los elfos.

    Sus ideas la llevaron a meditar sobre las intenciones de Aballister para con su hijo. El mago tena aliados, monstruos mgicos presos en jaulas en su mansin extradimensional. Para Dorigen, todo lo que necesitaba Aballister era sealar el camino.

    Baj la mirada a sus manos an lastimadas y record el desastre de Shilmista, y tambin, que Cadderly podra haberla matado si as lo hubiera querido.

    Hicieron la primera acampada en un puerto de montaa en las laderas de las Copo de Nieve, a cubierto del invernal y mordiente viento, en un saliente de una elevacin rocosa. Con la gigantesca masa de Vander atajando las brisas racheadas (el fro no pareca molestar al firbolg por lo menos), Ivn y Pikel no tardaron en conseguir un fuego. A pesar de eso, el viento encontr su camino hacia los compaeros, e incluso los enanos pronto estuvieron tiritando y fregndose vigorosamente las manos cerca de las llamas. El tpico lamento de Pikel, oooh!, se hizo ms entrecortado debido al castaeteo de los dientes.

    Cadderly, en profunda meditacin, estaba abstrado de todo, incluso del hecho de que sus dedos estaban tomando un color azulado. Con la cabeza gacha y los ojos medio cerrados, fue el que se sent ms lejos del fuego, a excepcin de Vander, que se mova por el borde de la gruta natural para sentir la fuerza del refrescante viento contra sus rubicundas mejillas.

    Necesitamos dormir tartamude Ivn, dirigiendo su comentario hacia el distrado clrigo. O... o, oi acord Pikel. Ser... difcil dormir con el fro dijo Danica en un tono ms bien elevado, prcticamente a la

    oreja de Cadderly. Los cuatro compaeros cruzaron miradas de incredulidad y se quedaron observando a Cadderly.

    Danica se encogi de hombros y se acerc a las llamas mientras se frotaba las manos, pero Ivn, siempre un poco ms contundente en sus tcticas, cogi el arco largo de Shayleigh, lo extendi por encima del fuego y golpe varias veces a Cadderly en la cabeza.

    Qu? dijo Cadderly, levantando la mirada hacia el enano. Estbamos comentando que hace un poquito de fro para dormir le dijo Ivn con un gruido. Sus demandas fueron acentuadas por las vaharadas de aliento que acompaaban cada palabra

    entrecortada. Cadderly mir uno a uno a todos sus compaeros, y por primera vez pareci darse cuenta de que sus extremidades estaban heladas.

    Deneir nos proteger les asegur. Cadderly dej que su mente se zambullera en las pginas del Tomo de la Armona Universal, el

    libro ms sagrado de su dios. Oy de nuevo las notas bellas y fluidas de la infinita cancin, y sac de ellas un conjuro relativamente simple, repitindolo hasta que su encantamiento toc a todos sus amigos.

    Oo! exclam Pikel, y esa vez sus dientes no castaearon. El fro haba desaparecido; no haba mejor manera de explicar la sensacin que de pronto sintieron

    cada uno de ellos ante el sagrado contacto de Cadderly. Te cost bastante fue la ltima sentencia de Ivn antes de dejarse caer sobre la confortable roca

    (al menos, para un enano) de la montaa; cruz las manos por detrs de la cabeza y cerr los ojos. Los enanos estuvieron roncando en cuestin de minutos, y poco despus, Shayleigh, con la cabeza

    apoyada en los brazos que sostenan el arco, tambin dorma plcidamente. Cadderly haba vuelto a su postura meditativa, y Danica, presumiendo que algo terrible preocupaba a su amado, alej de ella la tentacin del sueo y mantuvo una vigilancia protectora sobre l.

  • Habra preferido que Cadderly se hubiera sincerado con ella por voluntad propia, iniciando la discusin que a buen seguro necesitaba. Danica conoca lo bastante al joven como para esperar eso; saba que Cadderly poda sentarse y reflexionar sobre algo durante horas, incluso das.

    Has hecho algo equivocado? pregunt a la vez que asegur. O es Avery? Cadderly levant la mirada, y su expresin de sorpresa lo delat, aunque Danica no elabor de

    inmediato sus sospechas. No he hecho nada malo dijo Cadderly al fin, un poco a la defensiva, y entonces la perceptiva

    luchadora comprendi cul de sus presunciones haba dado en el blanco. Parece sorprendente cmo el decano Thobicus cambi de idea por completo en relacin con

    nuestra misin dijo Danica con marrullera. Cadderly rebull, incmodo; ms evidencias para los perceptivos ojos de Danica. El decano es un clrigo de Deneir replic Cadderly como si eso lo explicara todo. Busca el

    conocimiento y la concordia, y si la verdad se le revela, no dejar que el orgullo le impida cambiar de idea.

    Danica asinti, aunque con la misma expresin de duda. Nuestro curso era el adecuado aadi Cadderly con firmeza. El decano no lo pensaba as. Aprendi la verdad respondi Cadderly de inmediato. Lo hizo? pregunt Danica. O fue la verdad lo que se abati sobre l? Cadderly desvi la mirada y vio a Vander al lmite de la luz que proporcionaba el fuego. Mientras

    haca la guardia y paseaba acompasado por el fuerte viento, olfateaba el aire de la montaa continuamente, aunque sus ojos se volvan con ms frecuencia hacia el cielo cristalino y lleno de estrellas que hacia el escarpado paisaje montaoso.

    Qu le hiciste? pregunt Danica sin ambages. La mirada de Cadderly se pos sobre la mujer en un instante, pero ella no se amilan, confiando en

    su amado, en que el joven clrigo no le mentira. Lo convenc. Cadderly escupi cada una de las palabras. Con magia? Qu bien me conoce!, pens el clrigo, realmente sorprendido. Tena que hacerlo dijo en voz baja. Danica se puso de rodillas, sacudiendo la cabeza, y abri los ojos en forma de almendra. Iba yo a dejar que Thobicus nos condujera al desastre? le pregunt Cadderly. l habra... Thobicus? Cadderly frunci el ceo, confundido, sin comprender el significado de la interrupcin de Danica. Ahora quin ha dejado que el orgullo temple su juicio? pregunt Danica en tono acusador.

    Cadderly todava no comprenda. Thobicus? reiter la joven. Te ests refiriendo al decano Thobicus?

    El nfasis que Danica haba puesto en el ttulo le mostr la verdad. Incluso los maestres de ms alto rango de la biblioteca raramente se referiran al clrigo de ms alto rango sin el ttulo apropiado.

    Cadderly se pas un rato pensando en su desliz. Antes, siempre haba tenido el cuidado de referirse al decano de la manera correcta; el nombre siempre le haba venido a la cabeza con el ttulo aadido inconscientemente, y le sonaba raro si l o cualquier otro no identificaba al hombre como decano. En ese momento, en cambio, por alguna razn, la simple referencia a Thobicus pareca ms armoniosa.

    Has usado la magia contra el lder de tu orden declar Danica. Hice lo que tena que hacer decidi Cadderly. No temas por Thobicus dijo, aunque

    honestamente habra querido decir decano Thobicus, ni recuerda el incidente. Era una cosa simple para

  • modificar su memoria, y en realidad cree que nos ha enviado a una misin de exploracin. Espera que pronto volvamos para informar de las actividades de nuestro enemigo, de modo que sus insensatos planes de asalto frontal se pondrn en prctica.

    No poda haber dudas en relacin con el horror que haba infundido Cadderly en Danica por lo que acababa de admitir. Se alej del joven clrigo, sacudiendo la cabeza y con la boca abierta.

    Cuntos miles perecern en semejante guerra? pregunt gritando el joven clrigo. El alto tono de voz capt la atencin de Vander, y provoc tambin que Shayleigh abriera un ojo

    adormecido. Como era de prever, el ronquido de los enanos continu sin interrupciones. No poda dejar que Thobicus lo hiciera replic Cadderly al silencio acusador de Danica. No

    poda dejar que la cobarda de uno causara las muertes de quizs un millar de inocentes mientras hubiera una manera mejor de acabar con la amenaza...

    Actas bajo presunciones replic Danica con incredulidad. Bajo la verdad! restall, enfadado, Cadderly, cuyo tono demostr que crea en ello con todo

    su corazn. El decano es tu superior le record Danica de un modo algo ms suave. Es mi superior a ojos de un jerarqua falsa aadi Cadderly, entonces de forma igualmente

    suave. Mir a su alrededor, a Shayleigh y a Vander, ambos muy interesados en lo que antes haba sido una conversacin privada. La maestre Pertelope era verdaderamente el clrigo de ms alto rango de los clrigos de Deneir asegur Cadderly.

    La afirmacin dej a Danica descolocada; principalmente, porque le haba tenido a Pertelope un gran cario y no dudaba que estaba entre los sacerdotes ms sabios de la Biblioteca Edificante.

    Fue Pertelope la que me encamin por este rumbo continu Cadderly. De pronto pareca vulnerable, pequeo e inseguro; una sombra de duda encontraba el camino a

    travs de su testaruda decisin. Te necesito a mi lado le dijo a Danica en voz baja, de manera que Shayleigh y Vander no

    pudieran orlo, aunque la dama elfa sonri y cerr respetuosamente los ojos, y Cadderly supo que su agudo odo haba captado cada una de las slabas.

    Danica se qued mirando el cielo estrellado durante un rato, y luego se acerc a Cadderly y le agarr con delicadeza un brazo. Mir el fuego y cerr los ojos. No necesitaban decir nada ms.

    Cadderly, no obstante, saba que Danica tena algunas reservas, y l tambin. Haba corrido un gran riesgo al atacar telepticamente a Thobicus, y desde luego haba hecho aicos las doctrinas de la hermandad y la jerarqua admitida de la biblioteca. Entonces caminaba en una direccin en la que crea con todo su corazn, pero el fin justificaba los medios?

    Con tantas vidas pendientes de una decisin, Cadderly tena que creer eso, y en ese caso, lo haca.

    En un campamento mucho ms abajo del puerto de montaa en el que se encontraban Cadderly y sus compaeros, cuatro arriesgados viajeros dorman profundamente. No se dieron cuenta de que la fogata tomaba, momentneamente, un tono azulado, y tampoco notaron la cara de perro de Druzil observndolos desde las llamas.

    Druzil murmur unas maldiciones con su voz rasposa y us el crepitar de las llamas para cubrir su innegable rabia. El imp detestaba el cometido de explorar; se imagin que pasara muchas horas de absoluto aburrimiento mientras oa los ronquidos de humanos insignificantes. Era el familiar de Aballister, aunque al servicio (aunque no siempre gustoso) del mago, y cuando ste abri un portal en el Castillo de la Trada y le orden que lo atravesara, Druzil se vio forzado a obedecer.

    El ardiente tnel lo haba conducido hasta all, distorsionndose a travs de las dimensiones hacia el campamento que Dorigen haba descubierto en las colinas orientales de las Copo de Nieve. Usando una bolsa de polvo azul mgico, Druzil haba transformado la corriente fogata en un portal similar al del

  • Castillo de la Trada. Entonces el imp agarraba un saquillo de polvo rojo, que cerrara el portal a sus espaldas.

    Druzil aguant la ceniza roja durante unos momentos, preguntndose lo divertido que sera permitir que el portal entre los planos siguiera abierto. Qu conmocin causara una hueste de habitantes de los planos inferiores?

    El imp lo reconsider de inmediato y verti el polvo rojo sobre las llamas. Si dejaba abierta la puerta y las criaturas equivocadas la cruzaban, entonces los planes de conquista de la regin por parte del Castillo de la Trada se perderan en un remolino de caos y destruccin.

    Se sent en las llamas durante ms de una hora, observando a los insignificantes humanos. Aballister bene tellemara murmur muchas veces, una frase en el lenguaje de los planos

    inferiores que bsicamente atribua la inteligencia de una babosa al amo de Druzil. Un movimiento en un lado, ms all del campamento, capt la atencin de Druzil, y por un

    momento pens (y esper) que algo excitante podra suceder. Sin embargo, se trataba de otro humano, andando por el permetro de la guardia, en apariencia tan aburrido como el imp. El hombre desapareci de la vista en unos momentos, de vuelta hacia la oscuridad.

    Otra larga hora pas, y el fuego mengu la intensidad, lo que oblig a Druzil a acuclillarse para seguir escondido entre las llamas. El imp sacudi su perruna cabeza mientras las orejas cadas golpeaban los costados de su faz canina.

    Aballister bene tellemara sise, desafiante, una y otra vez; era una letana contra el aburrimiento.

    El mago lo haba enviado con la promesa de que disfrutara de la misin, pero Druzil, habituado a las actividades mundanas ms a menudo asociadas a los familiares, como estar de guardia o recoger componentes de conjuros, haba odo con anterioridad esa mentira. Incluso la referencia crptica de Dorigen a alguien que el imp encontrara adecuado a su forma de hacer le dio a Druzil pocas esperanzas. Cadderly estaba en camino hacia el Castillo de la Trada, y se era el lugar donde quera estar Druzil, observando las explosiones mgicas mientras Aballister destrua de una vez por todas a su problemtico hijo.

    El imp volvi a or un sonido desde el permetro, un rumor jadeante seguido de un arrastrar de pies. Druzil levant la cabeza canina por encima de las llamas para tener una mejor perspectiva, y vio al guardia andando hacia atrs, revolvindose, con la espada desenvainada y la boca abierta en una mueca imposible, como si fuera la caricatura de un grito.

    Fue la criatura que persegua con tenacidad al que haca la guardia la que hizo que unos escalofros de placer recorrieran su columna. Druzil presumi que una vez haba sido humano, pero entonces era un cuerpo calcinado y ennegrecido, abominable y encorvado, y pareca que todos los fluidos de su organismo se hubieran evaporado. De hecho, Druzil poda oler el penetrante olor del mal que haba devuelto a esa cosa maldita a su estado de no-muerte.

    Delicioso dijo el imp con voz spera mientras la cola se agitaba entre las ascuas. El guerrero, que continu retirndose, sigui con su ftil intento de gritar. La criatura apart de un

    manotazo la espada del horrorizado humano y lo agarr por la mueca, y Druzil chill de placer cuando la piel de la cara del desahuciado tom una apariencia arrugada y coricea, y el cabello perdi su lustre juvenil y el color, y empez a caer a mechones.

    La mano del espectro alcanz de nuevo al hombre en la cara, y sus ojos se hincharon, de modo que pareci que se le iban a salir de las rbitas. De la boca abierta salieron sonidos asfixiados y gorgoteos, y de los pulmones, de pronto demasiado viejos y endurecidos para coger aliento, un siseo.

    El humano agonizante tropez hacia atrs con un tronco y se qued muy quieto, con los ojos y la boca todava abiertos de forma imposible.

    Un grito en un lado del campamento demostr que la conmocin haba despertado a uno de los otros. Un hombre robusto, un guerrero, a juzgar por sus brazos y pecho bien musculados, carg desde el

  • otro lado del fuego y se enfrent con audacia al espectro. La gran espada del guerrero traz un arco lateral para despus hundirse en el hombro de la criatura.

    Pareci impactar, un poco, pero entonces pas a travs de la cosa no-muerta como si la criatura no fuera ms que una aparicin incorprea. El espectro continu, extendi el brazo til y busc otra vctima para saciar su apetito inagotable.

    Druzil dio incontables palmadas de alegra con sus manos demasiado grandes, disfrutando por completo del espectculo. Los dems despertaron de su letargo. Uno sali huyendo hacia los rboles dando gritos, pero los otros dos fueron en ayuda de su arrojado compaero.

    La criatura cogi a uno por los pelos, e ignorando el hacha del desesperado hombre, le gir a un lado la cabeza y le mordi el cuello. Con una fuerza inhumana, el monstruo lanz el sanguinolento cuerpo a un lado, que se estrell contra los rboles que haba a seis metros del borde del campamento.

    Los dos hombres que quedaban ya haban visto mucho, demasiado. Se volvieron y salieron corriendo; uno lanz el arma a un lado, en medio de un total e incomprensible terror.

    Espectro se abalanz hacia ellos una vez, pero fall, y luego se detuvo y observ su huida durante un momento ms antes de empezar a arrastrar los pies para alejarse del arruinado campamento y ponerse en camino, en direccin a las Copo de Nieve, como si toda la carnicera no hubiera sido ms que un encuentro accidental. Druzil comprendi, no obstante, que la criatura estaba saboreando los gritos de los que huan, deleitndose en su terror.

    A Druzil le gustaba esa criatura. El imp sali de las llamas y baj la mirada hacia el hombre agonizante y envejecido que mostraba

    dolor a cada movimiento. Vio cmo el brazo del hombre se parta mientras lo extenda para coger aire; oy un gruido mezclado con jadeos ftiles.

    El imp solt una carcajada y apart la mirada. Haba conseguido or algo de la conversacin de Aballister con el espritu de Bogo Rath, y aunque sta haba sido crptica, entonces el imp sospechaba que esa horrible criatura poda guardar un rencor excepcional a Cadderly. Sin duda, el monstruo pareca moverse con un propsito; no se haba tomado la molestia de perseguir a los fugados.

    Druzil se hizo invisible y movi sus alas coriceas de murcilago para elevarse en persecucin del espectro, pensando que quiz se haba equivocado al dudar de la promesas de Aballister sobre la agradable misin.

  • 4 Un indicio de lo venidero

    Aballister atraves una gran habitacin llena de cajas, admirando su coleccin privada de fieras enjauladas.

    Dorigen ha localizado al joven clrigo y a sus amigos dijo el mago en voz baja. Aballister se detuvo entre dos de las jaulas ms grandes, ocupadas por bestias de forma extraa que

    parecan la mezcla de dos o ms animales. Ests hambrienta? le pregunt Aballister a una monstruosidad alada, cuya cola estaba llena de

    una multitud de pas duras como el hierro. La criatura solt un rugido como respuesta y apret el poderoso torso contra las barras de la caja. Entonces, vuela dijo el mago con un arrullo, abriendo la puerta de la jaula y acariciando con

    sus delgadas manos la espesa crin de la criatura mientras pasaba ante l. Dorigen te conducir hacia mi perverso hijo. Dale una leccin.

    El mago se ri con regocijo. Se haba pasado muchas horas en privado en esa regin extradimensional. De hecho, haba creado ese lugar mientras estudiaba en la Biblioteca Edificante. Las preocupaciones ms grandes de Aballister en aquel momento eran los revoloteantes clrigos, que siempre miraban por encima de su hombro para asegurarse de que su trabajo estaba dentro de los lmites de las estrictas reglas. Poco saban ellos que Aballister haba evitado sus vigilantes miradas y haba creado ese espacio dimensional, de modo que pudiera continuar sus ms preciados, si no peligrosos, experimentos.

    Eso haba sucedido veinte aos antes, cuando Cadderly era un beb, y entonces, medit el mago mientras abra otra jaula, el leonino monstruo y la bestia de tres cabezas eran tambin bebs.

    Enviaba a dos de sus hijos a matar al tercero. Aballister solt una carcajada ante la idea. Las dos poderosas criaturas siguieron a Aballister fuera de la habitacin y fuera de la mansin

    extradimensional por una puerta que conduca a una estribacin rocosa por encima del Castillo de la Trada, donde Dorigen, bola de cristal en mano, esperaba.

    Hemos subido demasiado protest Vander. Sus compaeros caminaban pesadamente por una senda de montaa, a ms de medio camino de un

    pico de ms de tres mil seiscientos metros. Unas ramas sucias, sin hojas, salpicaban la vereda, pero principalmente el lugar era de roca azotada por el viento, surcada por muchos puntos, pulida y suave en otros. A ese lugar, el invierno haba llegado por completo. La nieve era profunda, y la dentellada del viento, a pesar de los conjuros de proteccin de Cadderly, obligaba a los amigos a frotarse las manos continuamente para evitar que los dedos se les entumecieran. Al menos en el estrecho sendero la nieve no haba cuajado; siempre azotado por el viento, pocos copos haban encontrado algo a lo que agarrarse.

    Debemos mantenernos alejados de los caminos bajos respondi Cadderly, gritando para que se le oyera por encima del aullido del viento. Hay muchos goblins y gigantes por los alrededores. Huyen de Shilmista en busca de sus guaridas en las montaas.

    Mejor enfrentarnos a ellos que encontrarnos alguna sorpresa aqu arriba arguy Vander. La retumbante voz del gigante de tres metros de altura, con la espesa barba roja llena de hielo, no

    tena problemas para hacerse or a travs del viento. No conoces las criaturas de las tierras en las que la nieve no se funde, joven clrigo.

  • Pareca que el robusto firbolg hablaba por experiencia, y los enanos, Shayleigh y Danica miraron a Cadderly con la esperanza de que la advertencia de Vander pudiera tener alguna influencia.

    S, como ese gran pjaro que divis; planeaba con el viento un kilmetro atrs aadi Ivn. Era un guila insisti Cadderly, aunque en realidad slo Ivn haba visto la criatura, que volaba

    muy alto. Algunas de las guilas de las Copo de Nieve son bastante grandes, y dudo... Un kilmetro atrs? dijo Vander dando un respingo. Dudo que fuera un kilmetro finaliz Cadderly. Ivn slo sacudi la cabeza, se ajust el casco, que luca un par de astas de ciervo, y le lanz una

    mirada de pocos amigos a Cadderly. En ese momento, cuando Cadderly ya haba encontrado una persona con la que discutir, Danica se acerc a l y le puso una mano en el hombro. Mir su expresin ceuda y reconoci de inmediato que estaba de acuerdo con los dems.

    No temo a los monstruos explic a la defensiva, ya que slo ella comprenda los sufrimientos por los que Cadderly haba pasado para poner en marcha la empresa. Pero la tierra aqu es traicionera, y el viento, en el mejor de los casos, incmodo. Un desliz en el hielo puede hacer que uno de nosotros caiga ladera abajo. Danica levant la mirada hacia la derecha y continu en tono ominoso: Y la nieve se acumula por encima de nosotros.

    Cadderly no tuvo que seguir su mirada para comprender que se estaba refiriendo a una avalancha. Haban pasado por los restos de una docena de esos desastres, aunque muchos haban sucedido haca tiempo, probablemente durante el deshielo de primavera del ao anterior.

    Cadderly suspir y se record la verdadera razn de estar tan arriba, y sigui inflexible. Aqu las nieves no son perpetuas respondi dirigindose a Vander, que estaba delante,

    excepto en las cumbres de las montaas, adonde no iremos. Vander empez a protestar. Cadderly esper que el firbolg argumentara que esas espantosas

    criaturas de las nieves podan bajar con facilidad de las cimas cuando la nieve era tan profunda. Apenas haba pronunciado la primera slaba de protesta cuando Cadderly le interrumpi con un mensaje teleptico, una splica mgica que el firbolg acat sin ms comentarios: esas discusiones y paradas slo atrasaban el momento de volver a bajar a climas ms acogedores.

    Vander solt un gruido y se dio media vuelta, ajustndose la capa de piel de oso blanco por encima del hombro para mostrar a los dems que su enorme mano reposaba, inquieta, sobre la empuadura esculpida de su monumental espada.

    Y por el viento y el hielo le dijo Cadderly a Danica. Debemos mirar dnde ponemos los pies y aferrarnos bien a nuestra determinacin.

    A menos que un pjaro nos arranque de un tirn replic Ivn. Era slo un guila insisti Cadderly, volvindose hacia el enano con un enfado creciente. Ivn se encogi de hombros y se alej. Pikel, al parecer sin inters por la discusin y bastante

    deseoso de ir a donde los otros le llevaran, se balance contento junto a su hermano. Has visto alguna vez un guila con cuatro garras? solt Ivn por encima del hombro cuando

    l y Pikel se alejaron. Pikel consider el asunto durante un rato antes de pararse en seco; mientras la sonrisa se le

    desvaneca, solt un profundo: Oooo. Entonces, el enano de barba verde dio unos rpidos saltos para situarse a la altura de Ivn, que

    andaba dando pisotones. Juntos llegaron justo detrs del firbolg y se pusieron a los lados de Vander cuando el sendero era lo bastante ancho como para darles cabida. El firbolg y los enanos se haban hecho amigos rpidamente durante los ltimos das e intercambiaban historias de sus respectivos hogares sin parar, lugares un tanto similares en cuanto al terreno accidentado y los monstruos malvados.

    Cadderly iba el ltimo de la comitiva, perdido en sus pensamientos. Todava trataba de asimilar el ataque mgico a Thobicus y pensaba en las pruebas que pronto afrontaran, en el Castillo de la Trada y lo

  • que vendra despus. Danica permiti que Cadderly cogiera distancia antes de reanudar la marcha; sus ojos revelaban una mezcla de desprecio y dolor por la manera como Cadderly la acababa de rechazar.

    Est asustado dijo Shayleigh a Danica al acercarse a su lado. Y es testarudo aadi Danica. La sincera sonrisa de la elfa fue demasiado contagiosa como para que siguiera con sus

    pensamientos sombros. Danica estaba contenta de que Shayleigh se encontrara a su lado una vez ms, pues senta un casi fraternal lazo con la vivaz elfa. Dado el nuevo humor de Cadderly y sus recientes acciones, se sinti como si necesitara con urgencia una hermana.

    Para Shayleigh, el viaje era una deuda y un acto de sincera amistad. Cadderly, Danica y los hermanos Rebolludo haban ido en ayuda de los elfos de Shilmista, y durante el tiempo que haban permanecido juntos, Shayleigh haba llegado a encariarse con todos ellos. Ms de un engredo elfo de Shilmista haba hecho bromas a expensas de Shayleigh ante la idea de que un elfo pudiera ser tan amigo de un enano, pero Shayleigh no le haba dado importancia.

    Menos de media hora despus, en una parte desprotegida del sendero en el que a la derecha la ladera de la montaa se inclinaba con suavidad, aunque la cada a la izquierda era pronunciada, Vander se par en seco y levant un poco las enormes manos para detener a los enanos. Volva a nevar y el viento azotaba los copos de modo que los compaeros tenan que arrebujarse las caras con las capas. Con esa poca visibilidad, Vander no estaba seguro de la forma atpica que haba descubierto en una parte ms ancha del sendero montaa arriba.

    El gigante dio un paso vacilante, y sac la espada hasta la mitad de su vaina. Ivn y Pikel se inclinaron hacia atrs y se miraron el uno al otro desde la espalda del firbolg. Con un gesto de la cabeza, al unsono, agarraron las armas, aunque no tenan ni idea de lo que haba puesto a Vander en guardia.

    Entonces, el firbolg se relaj visiblemente, y los enanos se encogieron de hombros y metieron de nuevo las manos bajo las espesas capas.

    Dos pasos ms all, la forma que Vander haba identificado como una capa de nieve se enroll como si de una gran serpiente se tratara y azot al gigante barriendo sus dedos extendidos.

    Vander lanz un grito y salt hacia atrs, agarrndose la mano que de pronto sangraba. La maldita nieve le muerde! aull Ivn, y se abalanz hacia la forma con su hacha de doble

    hoja. El arma atraves el inslito monstruo, golpeando la roca desnuda que haba debajo con un sonido

    metlico, y cort limpiamente un cuarto de la masa de la criatura. Pero ese trozo segua vivo y era tan maligno como la masa principal, por lo que entonces haba dos

    monstruos contra los que luchar. Vander se adelant y descarg la espada con la mano buena. De pronto, all haba tres monstruos. Ivn sinti un dolor lacerante a lo largo del brazo, pero cegado por el viento y el furor del combate,

    el enano no se dio cuenta de los resultados de sus acciones. El hacha arremeti a lo loco y, sin pretenderlo, se multiplicaron las filas de monstruos.

    Cadderly acababa de percibir los movimientos frenticos cuando el grito de Shayleigh hizo que se diera media vuelta. Los ojos del joven clrigo se abrieron como platos cuando vio la verdadera guila de Ivn, una bestia leonina ms alta que Cadderly y con una envergadura de unos seis metros. Sin embargo, la criatura, que bajaba en picado, no se acerc a Danica y Shayleigh; por el contrario, detuvo en un instante la inercia de su cada, gir en el aire y azot la cola por encima de las alas.

    Una descarga de pas de hierro sali disparada hacia ellas. Danica empuj a Shayleigh a un lado, y luego, de algn modo, contorsion el cuerpo. Aun evitando de milagro impactos crticos, una lnea de sangre, de un rojo puro con relacin al paisaje blanco, apareci de inmediato a un lado de su brazo.

    Shayleigh prepar el arco a toda prisa, pero la criatura leonina descendi en picado. El disparo result demasiado largo y se perdi en el viento.

  • Ms arriba, Vander recibi otro impacto y chill como si no se tratara de un gigante orgulloso. El joven clrigo avanz a trompicones para descubrir la causa de la refriega. Entorn los ojos y sacudi la cabeza, ya que no poda imaginar que sus amigos estuvieran totalmente rodeados por alguna clase de nieve viva!

    Sus repetidos golpes no causaban otro efecto que la creacin de ms monstruos. Cadderly se hundi en la cancin de Deneir, la lgica que diriga la armona del universo. Vio las

    esferas, pero no slo las esferas celestiales, sino las esferas elementales y los poderes basados en la energa. Las verdades simples y evidentes llevaron a Cadderly a la rpida conclusin de que era mejor combatir la nieve con fuego, y sin apenas pensar en el movimiento, el joven clrigo dirigi el puo hacia la parte ms grande del monstruo que haba entre l y sus amigos, y pronunci la palabra lfica que significaba fuego.

    Un haz de llamas sali disparado del anillo de oro y nice, y envolvi a varios monstruos de nieve con una siseante llamarada. La nieve animada se convirti en vapores y gases inconsistentes, que se dispersaron con el viento.

    Entonces, algo golpe con fuerza la espalda de Cadderly y lo lanz al suelo. El instinto le dijo que el monstruo leonino haba vuelto as que rod con el puo cerrado frente a l.

    Vio que Danica le haca las veces de escudo y se dio cuenta de que era ella la que lo acababa de golpear. En ese momento, se encaraba a la bestia que entraba en liza; el monstruo, por lo que pareca, intentaba arremeter contra ellos.

    Quimera constat Cadderly cuando el monstruo alado de tres cabezas se abalanz sobre Danica.

    La cabeza central y el torso eran, como en el caso de la otra bestia, los de un len, pero sta adems tena un cuello escamoso anaranjado, una cabeza pequea de dragn en un costado y, detrs, una cabeza de cabra negra.

    La criatura recul en el aire; la cabeza de dragn lanz una llamarada. Danica salt a un lado para alejarse de Cadderly, y luego brinc para agarrarse al saliente que haba

    sobre su cabeza, dobl las piernas y, de algn modo, escap a la rfaga abrasadora. Volvi a la repisa cuando las llamas se extinguieron, pero no encontr una base slida, ya que el fuego haba fundido la nieve y haba debilitado la integridad de esa zona del saliente. El hielo se form casi de inmediato debido a la glida temperatura, y la joven luchadora resbal y cay de espaldas, y luego, aturdida, se desliz por la pendiente.

    Para Cadderly el mundo se detuvo. Camino abajo, Shayleigh puso el arco a trabajar y dispar flecha tras flecha al monstruo leonino. A

    pesar de los fuertes vientos, muchos de sus proyectiles dieron en el blanco, pero la bestia era resistente, y cuando la cola que lanzaba aguijones solt otro latigazo, Shayleigh no tuvo con qu protegerse.

    Hizo una mueca de dolor en el instante en que el sonido apagado de los proyectiles al clavarse en su carne la dej medio sentada en la cuesta. Not cmo la repentina calidez que era su sangre escapaba de varias heridas. Con testarudez,