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EL CAMINO CUARESMAL - Rufino Mª Grández

Mar 09, 2016

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Reflexiones en torno a la cuaresma.

SEQ CHAPTER \h \r 1Rufino GrndezEl camino cuaresmalColeccin Emas 10Centro de Pastoral LitrgicaPresentacinOferta y acogida

Este folleto cae en manos de un cristiano que de alguna manera quiere vivir la Cuaresma. El tiempo con ojos de vidente cristiano es una realidad ungida por una presencia. Es una de las formas con que Cristo queda sacramentalizado en nuestra existencia terrena. Nosotros vivimos y lo que se va a ir desplegando delante no es ni una incgnita ni un calendario amorfo y neutral. El Seor va a ir actuando como compaero de un camino, a cuya meta l ya ha llegado. Este sentido de tiempo sacro es una nota de nuestra fe cristiana, y supone que nosotros creemos en el Dios de la Creacin y de la Historia y en un acontecimiento que ha introducido un giro definitivo en el universo.

Fue un da en la lnea de los siglos, cuando el Hijo de Dios se hizo individuo concreto de la Historia, vecino del acontecer humano. Muri, s, pero el Padre con la fuerza del Espritu lo resucit, lo sac del reino oscuro de la muerte, y lo resitu en el mundo como vida perenne, como cauce de todo lo que ha de ir sucediendo, como regazo de todo amor, de todo pensamiento. Esta visin mstica de los siglos hace que nosotros demos una hermosura divina a cualquier acontecimiento trivial de la existencia. La pobrecilla historia humana, entretejida de pasin y de zozobra, siempre ser la historia de una esperanza que no cae en el vaco.

Estas semanas que nos proponemos vivir -seis semanas cuaresmales, siete pascuales-, este trayecto rutinario que nos disponemos a recorrer est penetrado de un aura de vida, que viene del Espritu, y de una fuerza potente, que es la presencia del Seor en la peregrinacin de su Iglesia. Tal es la oferta que Dios nos brinda y tal la acogida que la comunidad santa de los cristianos tributa a su Seor.

Pero hay una distorsin de existencia, que es preciso tener en cuenta desde el principio, para tomar las oportunas medidas. Desde hace unos aos la Cuaresma no existe. Y esto ha ocurrido, ms o menos, desde que la Cuaresma ha recobrado nuevas riquezas, extradas de las viejas arcas y sobre todo desde ese venero de reflexin que ha brotado en la Iglesia con los aires del Concilio. Suceda que antes haba una Cuaresma de signos civiles. En Cuaresma quedaba anulado todo lo que pudiera tener un carcter frvolo o profano. Cmo permitir espectculos ligeros, cuando la sociedad haba entrado en la seriedad de la Cuaresma? Reinaba una cierta simbologa colectiva, privndose a la fuerza de cosas placenteras, y por otro lado los predicadores Cuaresmales ejercan su spera funcin proftica en nuestras iglesias.

Hoy todo esto ha pasado y en la sociedad laica ha sido abolido todo signo cuaresmal. Para remate la Semana Santa es estimulada como semana de vacaciones. Las iglesias tampoco oyen resonar la voz tonante de los misioneros, ni en las casas religiosas ni en las familias rigen los severos ayunos de antao. Acaso en la comunidad eclesial, donde se ha operado una fuerte barrida de signos penitenciales, haya que repensar las cosas con el paso de los aos y optar equilibradamente por cierta fisonoma cuaresmal de la que hoy carecemos.

La teologa, sin embargo, y la liturgia han ganado unos tesoros preciosos, porque hoy podemos hablar del Sacramento de Pascua ("Sacramentum Paschae", decan los Padres), con un frescor que nos sabe a vida nueva. Hemos perdido ambiente, pero hemos ganado realidad. La operacin ha sido rentable.

Ah est, pues, la Cuaresma como un desafo personal y comunitario. En cierto modo la Cuaresma nos la tenemos que crear nosotros para gustarla y vivirla; somos nosotros los responsables de nuestro propio camino. La oferta est ah, y este folleto quiere estimular al lector pensante a que no deje pasar vaco este tiempo fecundo. Mirad ahora el momento favorable -dice Pablo-; mirad ahora el da de salvacin (1Co 6,2).Apertura de Cuaresma:

Mircoles de ceniza, convocatoria de conversin

Tocad la trompeta en Sin, proclamad el ayuno, convocad la reunin... Este pregn de los tiempos de Joel -siglo IV antes de Cristo-, es para nosotros el bocinazo de Cuaresma, y de hecho as empieza la liturgia de la Palabra el Mircoles de Ceniza. Ese da la comunidad cristiana se rene para presentarse ante el Seor como pueblo pecador y penitente y para iniciar un trayecto de sinceridad y verdad, una camino de purificacin e iluminacin que le va a llevar hasta la santa montaa de la Pascua.

Si en nuestras parroquias logrramos que este da se suspendiera el rutinario orden de misas y se lograra una gran asamblea, tendramos un signo muy expresivo de que somos un pueblo de Dios unido en un mismo propsito y un pueblo que solemnemente comienza su xodo liberador hacia la Pascua. Hoy es un da caracterstico de asamblea. Da de ceniza que tendramos que recibir -repito-, si posible fuera, en una sola celebracin, como pueblo penitente. Al menos, hgase un esfuerzo por disminuir las otras misas, y si no se pudiese otra cosa, que no todas las misas sean iguales.

La finalidad de este da es iniciar el camino pascual guiados por Cristo a travs del desierto de la Cuaresma. Los cristianos ayunamos en este da. Convocados en la iglesia se nos leen las Sagradas Escrituras. Dios nos dice por medio de Joel: Convertos a m de todo corazn: con ayuno, con llanto, con luto (Jl 2,12-18). Resuena la voz apremiante que se insina en el corazn: Os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios (1Co 5,20-6,2). Y Cristo en el Evangelio nos traza el programa del cambio que l espera, una justicia nueva distinta de la de los fariseos, que se ha de manifestar en las tres expresiones caractersticas de la piedad tradicional de los judos: la caridad desinteresada, la oracin sincera ante Dios, el ayuno verdadero (Mt 6,1-6.16-18). Son consignas sobre las que reiteradamente se ha de volver en Cuaresma.

Da de conversin. El smbolo de la ceniza, tomado de las pginas de la Biblia, est aludiendo a esto. Al imponerla, el sacerdote puede recodar unas palabras que nos evocan al primer hombre en el paraso: Acurdate de que eres polvo y al polvo volvers (vase Gn 3,19). Pero es preferible que en el momento de humillar nuestras cabezas escuchemos la proclamacin que hizo Jess al inicio de su ministerio: Convertos y creed el Evangelio (Mc 1,15).

* * *

En la praxis cristiana este Mircoles de Ceniza debe ser para todos una da de reflexin para perfilar nuestro programa cuaresmal. Debemos preguntarnos con qu nimos, con qu temple espiritual entramos en la Cuaresma, con qu manos vamos a recibir la gracia que se nos brinda, y hasta qu punto estamos dispuestos a iniciar un combate espiritual. Ah, Jess lo tuvo en el desierto.

La celebracin sacramental de la penitencia, al inicio de este camino, est en plena consonancia con el Mircoles de Ceniza. Y en el programa cuaresmal, de acuerdo con el mensaje evanglico, hay tres puntos que hemos de afrontar con sinceridad para estar a tono con la gracia saludable que se nos brinda:

-la ascesis, el ayuno;

-la oracin, en la escucha de la Palabra de Dios;

-y la caridad, la limosna, la caridad como donacin solidaria de nuestras personas.

* * *

En este da primero de Cuaresma torna a mi mente el comienzo de un canto severo que en la Edad Media se cantaba con estremecimiento, y a veces con pnico: Media vita in morte sumus..., en medio de la vida nos coge la Muerte... Es cierto, por ms que no sea de nuestro gusto. En la mitad de la vida puede salirme la Parca en la carretera. Dante comenz as la Divina Comedia de la vida: Nel mezzo del camin di nostra vita...

Sin tremendismos, pero con un serio sentido de la realidad y un ansia de verdad y purificacin, vaya este himno, compuesto para iniciar la Cuaresma:

En medio del camino de la vida

la mano del Seor toc mi frente:

Mortal hijo de Adn, detente y entra,

conmigo al corazn sin miedo vente!

Baj hasta el alma, cueva y paraso,

tomado de su mano suavemente,

y vi la historia entera en m bullendo:

al Padre, al Hijo, al Fuego incandescente.

Oh alma buscadora, ve al desierto,

montaa del Seor, dintel celeste,

y ensancha las ventanas a la vida,

amante del amor y de la muerte.

Baado en la verdad y en dulce llanto,

concete a ti mismo al conocerle,

oh Hombre, y escucha en tu gemido

un son de paz que desde el cielo viene.

La paz y la justicia -Cristo muerto-

se abrazan en el alma estrechamente;

rebrota el mundo, firme y vigoroso,

y en m la Vida vence, oh T, perenne.

Oh Cristo soberano, Dios perdn,

en cruz ensangrentado, Dios clemente,

te damos gracias, luz que nos revelas

el ser en su verdad con lo que eres! Amn.

Las seis etapas del caminoAprendizaje del misterio

Vamos a contemplar la Cuaresma desde la proclamacin del Evangelio los domingos. Ya se sabe que para abrir con mayor abundancia la palabra de Dios a los fieles se ha compuesto un ciclo de tres aos de lecturas dominicales. No se repiten cada ao, sino que hay un ciclo trienal: A, B, C. Tomemos los Evangelios del ao A. Las escenas que vamos a contemplar tienen tal raigambre en la tradicin cristiana como catequesis mistrica de Cuaresma, que hay facultad para repetir los Evangelios del ciclo A en los dos sucesivos.1El panorama que tenemos a la vista es el siguiente

Domingo 1Jess tentado

Domingo 2Jess transfigurado

Domingo 3Jess da el agua viva: la Samaritana

Domingo 4Jess da la luz a un ciego de nacimiento

Domingo 5Jess resucita a Lzaro

Domingo 6Jess entra como Mesas en Jerusaln

Los Padres de la Iglesia en sus explicaciones al pueblo cristiano hablaban de mistagoga. Esta palabra griega significa literalmente: conduccin hacia el misterio. Entendemos que lo realizado en Jess es un misterio, es decir, u